Tribuna

Mateo: un mensaje vigente

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El evangelio de Mateo, que leeremos de manera continuada a lo largo de este ciclo litúrgico, fue escrito hace casi dos mil años en un contexto histórico, social, religioso y político muy diferente al nuestro. De los cuatro evangelios, ha sido el mejor conservado y el más citado y comentado por los escritores eclesiásticos en la historia de la Iglesia. Su organización, su carácter catequético y la gran cantidad de dichos y palabras de Jesús que conserva han hecho de él un texto de enorme influencia en el cristianismo. Sin embargo, la distancia cronológica y cultural que nos separa de él hace que nos preguntemos si podemos seguir considerándolo no solo un relato del pasado, sino una propuesta de vida que continúa interpelando a creyentes y no creyentes en pleno siglo XXI.



Desde mi perspectiva, sigue siendo un texto de notable actualidad. Esta radica en la profundidad ética, social y espiritual de su mensaje, que se despliega en tres ejes que lo atraviesan: el anuncio del Reino, presente ya en el aquí y el ahora; la exigencia de mantener la coherencia entre la fe y la vida; y la certeza de la presencia activa del Resucitado en medio de su comunidad, sustentándola, dirigiéndola, acompañándola y enviándola en medio del mundo.

El Reino, aquí y ahora

Este evangelio, lejos de entender el Reino como una realidad meramente futura o exclusivamente espiritual, lo presenta como algo que comienza aquí y ahora, transformando las relaciones humanas. El Sermón de la montaña (Mt 5–7), quizás el pasaje más conocido del mismo, propone una lógica distinta a la del éxito, el poder o la riqueza, cuestionando los valores dominantes de nuestras sociedades competitivas y recordando que la verdadera felicidad no se encuentra en el consumo ni en el prestigio social, sino en la solidaridad, la humildad y la justicia.

Mateo también pone un fuerte acento en la coherencia entre fe y vida. Jesús critica duramente la hipocresía religiosa y subraya que no basta con cumplir normas externas, sino que es necesario un cambio interior que transforme las actitudes y las acciones. Esta llamada sigue siendo muy relevante en la actualidad, cuando existe el riesgo de reducir la religión a una simple identidad cultural, sin consecuencias reales en la vida cotidiana. Desde esta perspectiva, cabe recordar el capítulo 25, en  el que el criterio decisivo para pertenecer o no a Jesús no es la adscripción religiosa ni el cumplimiento de ritos, sino el amor concreto al prójimo: dar de comer al hambriento, acoger al extranjero, vestir al desnudo y visitar al enfermo y al que está en la cárcel. En un contexto global marcado por las migraciones, la pobreza y la exclusión social, este texto plantea preguntas sobre la responsabilidad personal y colectiva frente al sufrimiento ajeno.

Ilustración círculo con mano y libros volando

Finalmente, ofrece una visión esperanzadora en tiempos de incertidumbre. Jesús no promete una vida sin dificultades, pero sí asegura su presencia constante: “Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20); “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Jesús camina con su Iglesia y, a su vez, la comunidad trata siempre de hacerse contemporánea al acontecimiento histórico de la vida de Jesús, situándose entre la novedad y el conflicto que supone la radicalidad del discipulado.

Así pues, el evangelio de Mateo, leído hoy, sigue siendo una invitación a transformar la realidad desde lo cotidiano. Su fuerza reside en proponer un estilo de vida centrado en los valores del Reino, en la experiencia comunitaria y en la escucha de una misión impulsada y sostenida desde la experiencia de encuentro con el Resucitado.

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