Después de triunfar este otoño en Málaga, el musical ‘Godspell’ llega a Madrid revisitado por Antonio Banderas. El actor español más universal afronta como director un espectáculo que recupera un clásico de Broadway de los años 70 para hacerlo suyo. La obra se acerca a la figura de Jesús de Nazaret, a través de sus parábolas, a la vez que rescata alguna de las escenas de su pasión, muerte y resurrección.
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Lejos de presentarse como un mero revival, tanto el guion como la música tiene el sabor del contexto actual, el de un mundo envuelto en un ambiente bélico. Un paso al frente que no supone traicionar el espíritu original del montaje, pero que tampoco edulcora ni manipula el mensaje del Evangelio. Más bien, todo lo contrario.
Esfuerzo pedagógico
Si el éxito inicial de Godspell venía dado por la capacidad creativa de sus autores para aterrizar los relatos que compartía Jesucristo con sus discípulos, Banderas lleva a cabo su ‘adaptación curricular’ al espectador de 2026. O lo que es lo mismo, aplica el mismo esfuerzo pedagógico que el propio Jesús realizaba para su contemporáneos a la hora de explicarles el sentido de la justicia, la ayuda desinteresada al vulnerable, la misericordia infinita de su Padre o qué era el Reino de Dios.
Al igual que ha sucedido con el disco ‘Lux‘ de Rosalía o la película ‘Los Domingos‘, de Alauda Ruiz de Azúa, la mera puesta en escena de ‘Godspell’ y su gran acogida entre el público hablan de que el hecho religioso no está aparcado de la vida pública. Lo trascendente no ha quedado totalmente opacado por una sociedad que propone la hiperactividad, y la acumulación de experiencias, sensaciones y bienes materiales que parecen saciar cualquier pregunta sobre el sentido de la vida. Hay quien se pregunta y hay creadores que se abren a esas interrogantes, sin ofrecer respuestas cerradas ni apologéticas.
Compartir sin convertir
Porque Antonio Banderas, lejos de presentar a un Jesús todopoderoso, a unos discípulos militantes y a un Judas estereotipado como villano, presenta a un Dios encarnado y a un grupo humano que se interpela, que siente, que duda y que ama. Y desde ahí es desde donde el católico Banderas no pretende convertir a nadie, sino compartir con todos. Como él mismo asegura, “la gente, cuando se enfrenta a la obra, escucha hablar del amor al prójimo, del perdón, la humildad, no hacer de tu fe un espectáculo, la autenticidad… Son propuestas que nacen del cristianismo, pero que son patrimonio de todos”. Una reflexión que habla de la vigencia de ‘Gaudium et spes’, más de medio siglo después, para reconectar con “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”. Un compromiso evangelizador que, a veces, da la sensación de hacer mutis por el foro.