José Beltrán, director de Vida Nueva
Director de Vida Nueva

‘Influencers’ de lo cotidiano


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SÁBADO

Una universitaria me alerta sobre un grupo que acecha los campus, haciéndose ver como comunidad eclesial cuando en realidad son el brazo ejecutor de unas siglas. Un estudiante, un voto.



DOMINGO

Misa de la Infancia Misionera. Antonio arranca su homilía con lo básico: la ‘missio’, el envío. Ser enviado. Mi ‘flashback’ me lleva a los primeros ‘recaos’ que me encargaba mi madre. A esa barra de pan. El cuidado con el que uno llevaba las monedas para no perderlas, el mimo de la bolsa, el interés por expresarte bien ante la tendera haciéndote el mayor para que te tomara en serio, contar bien las vueltas y no perderlas por el camino. La responsabilidad de saberse enviado. Quien es fiel en lo pequeño… Ojalá.

LUNES

Seminario de Granada. Jornada de formación permanente del clero. Mano a mano, ‘Alfa y Omega’, ‘Ecclesia’ y ‘Vida Nueva’. Con Cristina y Fran. Una mañana cualquiera. Un café compartido. Desde la diversidad de cada casa y de cada uno. Pero con la conciencia –más que compartida, vivida– de que toca remar para comunicar desde la verdad, sin retorcer relatos, sin teatralizar discursos. Conscientes de que la moderación no descafeína. Que es ahí donde se descubren los matices que dan sabor a la comunicación. Y a la Iglesia.

Mensaje Movil

MARTES

Semana de Teología para Seglares que organiza el Instituto de Estudios Teológicos San Joaquín Royo de Teruel. Las redes sociales como punto de partida. Ninguno de los presentes nos sabemos llamados a ser ‘tiktokers’ ni contamos con una riada de seguidores capaces de inmolarse, tal y como pregona Noemí Argüelles. Pero sí caemos en la cuenta de cómo toca ser ‘influencers’ de lo cotidiano. Del poder que tiene reenviar un WhatsApp ‘salvamizado’ que solo busca humillar a un obispo, siendo cómplices de quienes se presentan como voces de denuncia y, en realidad, solo buscan acumular clics y militantes. Ahí es donde se juega la comunión.

MIÉRCOLES

El crecimiento desmesurado y rápido nunca es bueno. Para los negocios, porque no se cuenta con los recursos económicos y humanos para afrontar un aparente triunfo. Es lo que se llama morir de éxito. En la vida consagrada, porque por el camino no se pierden bienes e inmuebles, sino el ‘sí’ de quienes entregaron voluntad y conciencia y ahora ven rehipotecada su vocación.

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