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Cardenal Bokalic: “En el consistorio hemos afianzado el camino para ser una Iglesia abierta”

Cardenal Bokalic: “En el consistorio hemos afianzado el camino para ser una Iglesia abierta”

El cardenal arzobispo de Santiago del Estero y primado de Argentina, Vicente Bokalic, responde a las preguntas de Vida Nueva tras asistir en Roma al primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado entre el 7 y 8 de enero.



PREGUNTA.- El Papa formuló una pregunta base al arrancar el consistorio: De frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar la acción del Santo Padre y de la Curia?

RESPUESTA.- La Iglesia está animada por el Espíritu Santo, que como alma de la Iglesia, nos va renovando permanentemente. Cuando parece que domina la quietud, el Señor va suscitando nuevas vidas. Quizás tenemos que esperar para descubrir esos brotes de vida nueva, manifestación concreta del Espíritu que obra en la Iglesia. Ciertamente que una de las actitudes donde podemos ver la acción del Espíritu, y que desencadenó el movimiento sinodal, es la actitud de escucha, tan señalada, tan promovida, en la que está implicado todo el pueblo de Dios. Esto es un llamado muy especial a la jerarquía, de poder escuchar a nuestro santo pueblo de Dios, a todos, no solamente los que están en nuestras comunidades, sino salir a la búsqueda de los demás. Quizás en un mundo tan fragmentado, tan herido, tan dolido, tan desesperanzado, esta actitud de escucha respetuosa de la otra persona es fundamental. Y esto es un brote hermoso del Espíritu. Este espíritu dialogante de escucha, humilde, respetuoso, nos hace ser sencillos buscadores de la verdad, de caminos nuevos, que evidentemente implican revisión, nuevos riegos, asumir dificultades. También hay que destacar y está muy unida la preocupación por las relaciones, los vínculos. Hoy nuestro mundo está necesitando renovar, sanar los vínculos ante tantas rupturas (familiares, sociales, comunitarias), ante tantas marginalidades. Este es un aprendizaje que se está haciendo, y hay que afianzar y profundizar este camino. Tanto la escucha, la actitud de escucha permanente y lo relacional, es un aprendizaje. Estos son algunos de esos brotes nuevos que estamos viendo y que se están instalando fuertemente en la Iglesia. Tenemos que instalarlos y promoverlos en todos los ámbitos, en la formación de los sacerdotes y del laicado, en la formación de las comunidades, por supuesto, en nuestra formación personal o como pastores, que necesitamos convertirnos. Ante tantas miserias surgen iniciativas, surgen compromisos, surgen realmente cosas nuevas para acercarnos, para atender, para promover.

P.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?

R.- Nació y surgió fuertemente la necesidad de confirmar el camino de la Iglesia (como nos había marcado el papa Francisco en Evangelii gaudium): una Iglesia que sale a comunicar la buena noticia a todos, una Iglesia con sentido netamente misionero, como es la esencia propia, aquello que ya lo decía hermosamente el Concilio Vaticano II, es una confirmación de esta necesidad de seguir el camino de la conversión misionera de la Iglesia. La voz del Colegio Cardenalicio fue rotunda: necesitamos seguir avanzando en esta conversión misionera de todas las personas, de las estructuras, de todos los proyectos, de todas las actividades. Necesitamos afianzar, profundizar este camino de una Iglesia en estado de misión, una Iglesia abierta, cercana, que se implica, que anuncia la belleza del Evangelio. Qué lindo es escuchar esto. Tenemos por comunicar la belleza, algo bello, como es el amor de Dios a todos. Esta es la primera misión. Es dejar a veces mirarnos a nosotros mismos para mirar un poco la realidad del mundo, porque el Señor nos habla en las situaciones del mundo, con todas sus dificultades, con sus situaciones de mucho sufrimiento, de marginación. Allí está la voz del Señor, la voz de los pobres. Y esos pobres de nuestro mundo necesitan la cercanía, la actitud samaritana, misericordiosa, por parte de la Iglesia, por parte de cada uno de nosotros. Hay que avanzar en este espíritu que debe cundir, que debe profundizarse en todos los agentes pastorales y en todas las actividades de la Iglesia. Poder vivir profundamente esta vocación de bautizados, discípulos misioneros de Jesucristo, como decía ya el documento de Aparecida. Avanzar en esta conciencia, formar a nuestros hermanos en la fe. Por eso, es una de las prioridades que va a asumir el Papa, fruto de esta escucha, esa actitud humilde y sencilla que tuvo, la de venir a escuchar. Y después nos ha dicho algo muy lindo: nosotros no somos expertos, somos una comunidad de fe. No nos hemos reunido unos maestros, doctores, sabios, para hablar. Nos hemos reunido hombres de fe, que venimos de las comunidades, desde distintas realidades del mundo, que pudimos compartir experiencias de fe, de gozos, de alegrías y de grandes quebrantos. Y salió fuertemente este llamado a profundizar el camino de la Iglesia en el sentido misionero, pero con un espíritu sinodal. Aquí van los dos aspectos de lo que nos hablaba ya Francisco. La opción para los próximos años es afianzar el camino de esta Iglesia misionera, de renovación misionera, con actitudes y con proyectos concretos, con un espíritu sinodal, donde todos estemos implicados, donde estemos buscando la participación y la inclusión de todos los hermanos.

Papa Leon Con Bokalic Enero 2026

“La polarización es una tormenta que debemos afrontar”

P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que cree urge afrontar?

R.- Con respecto a las tormentas y tempestades que debe afrontar la Barca de la Iglesia, podemos señalar una que es muy propia del mundo actual, que es el espíritu de la polarización, de las confrontaciones, de las enemistades, de las brechas profundas en todos los ámbitos de la vida, en lo político, en lo económico, en lo social. En todos los lugares percibimos esto, grandes polarizaciones de enfrentamientos que imposibilitan el encuentro y la búsqueda de soluciones profundas. De ello podemos contagiarnos en la Iglesia y hay señales de esto. Por eso el gran llamado es hacernos hombres de comunión, crear puentes de escucha, de diálogo, de encuentro, de buscar juntos la verdad, de no creernos dueños absolutos y con actitudes soberbias que impiden el encuentro con los demás. Esto es una tempestad que está adentro de la Iglesia, uno de los peligros que afrontamos. Por eso tanta insistencia del Papa con respecto al tema de la comunión, comunión que no quiere decir unidad, comunión que es la unidad, no es buscar uniformidad, es saber respetar la diversidad de las opiniones, de personas, de posturas, de tradiciones, pero buscar encuentros. Este desafío por trabajar probablemente haya sido de siempre, pero hoy es muy notable este espíritu a veces de confrontación. Le agregaría alguna de las tempestades: la sensación del miedo de poder abrirnos a estos desafíos nuevos. Encerrarnos y desoír todo lo que pasa alrededor. Debemos superar los miedos, no atrincherarnos en nuestras posturas, no tener una actitud de condena frente al mundo, sino actitud de diálogo, de respeto, de acercarnos.

P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones? ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?

R.- La liturgia es una dimensión fundamental en la vida de la Iglesia y de la fe, en la vida del pueblo de Dios. Es la renovación de los misterios de fe, a través de los que el Señor nos brinda su gracia, revitaliza nuestra fe, nos hace sentir y experimentar su misericordia, nos da fuerzas para asumir los compromisos cotidianos y lanzarnos a la misión. El Concilio Vaticano II inició una renovación hermosa en la Iglesia, y uno de los rasgos más importantes que buscaba esa renovación era la participación del pueblo fiel en las celebraciones. La lengua, y a veces algún estilo de celebración, impedía una cierta participación más activa del pueblo sencillo, del pueblo fiel. La catequesis, las propuestas que se fueron haciendo en la renovación, ayudaron muchísimo a que nuestro pueblo de Dios participe más activamente, vivencialmente en las celebraciones. Este es el gran desafío, seguir en este camino, respetando por supuesto los ritos, aquellos que hemos recibido como herencia, aquellos que son misterios de nuestra fe, tratando de incorporar ciertos elementos, quizás los propios de las culturas, que puedan ayudar a nuestra gente en su inserción en la comunidad, en su experiencia de fe, en su vida cristiana. Y en ese sentido tenemos que estar abiertos.

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