Los orígenes de los vínculos entre Groenlandia y Dinamarca hay que ir a buscarlos en el misionero luterano Hans Egede en el siglo XVIII. Hoy una gran estatua le recuerda en la ciudad de Nuk, capital de la isla fundada por él. Desde entonces forma parte también de la Iglesia nacional danesa –y cuenta actualmente con una parroquia católica–. Al frente de esta comunidad mayoritaria está la obispa luterana de Groenlandia, Paneeraq Siegstad Munk, de 48 años y desde 2020 al frente de esta diócesis, que ha criticado las ambiciones del presidente estadounidense Donald Trump.
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No se vende
“Somos personas, no propiedades”, ha reclamado la obispa –que lo es del 95 % de los aproximadamente 57 000 habitantes de Groenlandia– que se ha sumado a las críticas internacionales al propósito del Gobierno estadounidense para incorporar a la isla, rica en materias primas, a sus territorios. Para la obispa “Groenlandia no está en venta” y las ambiciones de Trump van contra los derechos humanos, dignidad y respeto de las leyes internacionales, según una declaración difundida por el Consejo Mundial de Iglesias.
Mientras Trump asegura que quiere incorporar el territorio autónomo de Dinamarca a los Estados Unidos, ya sea mediante una compra o “por las malas”; la obispa destaca la preocupación de muchos groenlandeses ante esta ofensiva y defiende que en ningún caso se deben imponer reivindicaciones territoriales contra la voluntad de la población que reza en cada celebración “por el Reino de Dinamarca y el Gobierno autónomo de Groenlandia”.