El papa León XIV en el día de la Fiesta del Bautismo del Señor ha bautizado algunos niños de empleados del Vaticano, pero no ha faltado a mediodía a su cita con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro para el ángelus. El pontífice quiso recordar especialmente a Irán y Siria, “donde las tensiones persistentes están provocando la muerte de muchas personas”. “Espero y rezo para que se continúe con paciencia, el diálogo y la paz, persiguiendo el bien común de toda la sociedad”. También mencionó la situación de Ucrania y condenó los “nuevos ataques especialmente graves” producidos “mientras el frío se hace más intenso” y que afectan a la población civil. A esto añadió su bendición a todos los niños que han recibido el bautismo y aquellos nacidos en condiciones más difíciles, tanto por su salud como por los peligros externos.
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La familia de Dios
En su reflexión, el Papa destacó que en este día “confirmamos y renovamos nuestro bautismo, es decir, el sacramento que nos hace cristianos, liberándonos del pecado y transformándonos en hijos de Dios, por el poder de su Espíritu de vida”. A partir del evangelio, apuntó que en el bautismo de Jesús “toda la Trinidad se hace presente en la historia: así como el Hijo desciende en las aguas del Jordán, así el Espíritu Santo desciende sobre Él y se nos da como fuerza de salvación por medio suyo”.
Y es que para León XIV, “Dios no mira el mundo desde lejos, al margen de nuestra vida, de nuestras aflicciones y de nuestras esperanzas. Él viene entre nosotros con la sabiduría de su Verbo hecho carne, haciéndonos parte de un sorprendente proyecto de amor para toda la humanidad”. Jesús, prosiguió, “en su santidad el Señor se hace bautizar como todos los pecadores, para revelar la infinita misericordia de Dios. El Hijo unigénito, en quien somos hermanos y hermanas, viene, en efecto, para servir y no para dominar, para salvar y no para condenar”.
Así, el pontífice destacó que el “bautismo realiza este acontecimiento en todo tiempo y lugar, introduciéndonos a cada uno de nosotros en la Iglesia, que es el pueblo de Dios, formado por hombres y mujeres de toda nación y cultura, regenerados por su Espíritu”. Por ello invitó a “hacer memoria del gran don recibido, comprometiéndonos a testimoniarlo con alegría y coherencia”. “Qué hermoso es celebrar como una única familia el amor de Dios, que nos llama por nuestro nombre y nos libera del mal”, destacó ya que “en las horas oscuras, el Bautismo es luz; en los conflictos de la vida, el Bautismo es reconciliación; en la hora de la muerte, el Bautismo es la puerta del cielo”.