No ha sido una sorpresa y el papa León XIV, como es habitual, se ha pronunciado tras el rezo del ángelus este domingo, 4 de enero, de la intervención estadounidense en Venezuela y la captura del dictador Nicolás Maduro y su esposa, que desde este lunes empezarán a ser juzgados por narcotráfico –y otros cargos– en un tribunal de Nueva York. Fiel al estilo de la diplomacia vaticana la declaración pontificia no incluye nombres ni referencias directas o concretas, ya sea a Maduro o al presidente estadounidense, Donald Trump.
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Ante todo, la coincidencia ha querido que Prevost, un papa de los Estados Unidos y con pasaporte peruano, haya tenido que manifestar la opinión vaticana sobre esta operación militar contando para ello, como sería lógico, con un Secretario de Estado, Pietro Parolin, que ha servido en Venezuela y un arzobispo bien situado en el organigrama como es Edgar Peña Parra, en su día el primer venezolano que fue nuncio y actualmente Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado.
Así está la situación
Tras recordar la tragedia de Nochevieja en una fiesta en Suiza (sic), el Papa entre en materia y señaló: “Sigo con gran preocupación la evolución de la situación en Venezuela”. La “situación” es un término que realmente sirve como paraguas para un hecho que probablemente es multicausal ya que tiene fuertes componentes militares, sociales, económicos, políticos o democráticos. ¿Por qué cuál es la situación? ¿la cuestión del narcotráfico, la crisis social venezolana, la dictadura, el ataque al derecho internacional, los planes de Trump…? ¿Todo o nada?
“El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración”. Este ha sido el principal principio, el del bien común, invocado por el papa como clave de lectura. Es una defensa inmediata y básica de la Doctrina Social de la Iglesia y de la Escritura. Pocos minutos antes, desplegando las consecuencia de la encarnación, el misterio de la Navidad, había defendido que la dignidad humana implica que la persona es como ”un destello” de la luz de Dios, lo que “nos llama a reconocer en cada persona su dignidad inviolable y a ejercitarnos en el amor mutuo unos hacia otros”, también de Maduro, podríamos decir. Y añadía el pontífice en su comentario al evangelio que “la encarnación nos pide también un compromiso concreto por la promoción de la fraternidad y de la comunión, para que la solidaridad sea el criterio de las relaciones humanas; por la justicia y por la paz; por el cuidado de los más frágiles y la defensa de los débiles. También a Maduro, podríamos decir.
Una Venezuela soberana
Por eso, pensando más en la población que en los políticos –ya sea de los Estados Unidos o del régimen chavista–, León XIV en su intervención sobre Venezuela explicó que el bien del pueblo pasa por “superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno”. Mensaje a Venezuela y a Trump que no ha hecho una argumentación compatible hasta ahora con la garantía a la soberanía, algo sobre lo que la ONU o los demás países e instituciones internacionales ya están haciendo presión. El hecho de que el Papa haya mencionado expresamente la soberanía no es solo una crítica (velada) a la actuación de Trump, es una clave de futuro sobre el incierto camino que se abre en Venezuela ahora. Por su parte, la Conferencia Episcopal venezolana en su primer comunicado, casi de urgencia, no quiso ir tan allá.
Ya el pasado 2 de diciembre, volviendo del Líbano, León XIV fue preguntado expresamente por Venezuela y la presión de los Estados Unidos, y ya se temía que fuera realista “alguna operación incluso invadiendo territorio de Venezuela” ante lo que Prevost fue contrario: “creo que es mejor buscar maneras de diálogo, quizás presión, incluso presión económica, pero buscando otra manera para cambiar, si es lo que decide hacer Estados Unidos”.
El camino que, finalmente, marca León XIV tras el ángelus del domingo, es “trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica”. El Papa no ha citado a los agentes de ese diálogo para no hacerlo reduccionista toda vez que Trump ha extendido una sombra sobre lo que queda de la oposición venezolana y se abren las especulaciones en la prensa estadounidense de que las negociaciones ya han empezado con algunos de los mejor situados en el régimen bolivariano.
Ante esto, el Papa reza “y los invito a rezar por estas intenciones, confiando nuestra oración a la intercesión de Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles”, santos a los que maduro rebajó sus celebraciones en Caracas. Es con esta última parte con la que el pontífice se acerca más al comunicado de los obispos venezolanos y su llamada a “vivir más intensamente la esperanza y la oración ferviente por la paz en nuestros corazones y en la sociedad, rechazamos cualquier tipo de violencia”. “Que nuestras manos se abran para el encuentro y la ayuda mutua, y que las decisiones que se tomen, se hagan siempre por el bien de nuestro pueblo”, desean los obispos que sí que han recordado a las posibles víctimas y heridos por la intervención estadounidense. Parece que como el asunto de las cifras es tan vago en este tema, el Papa no ha mostrado su cercanía a los familiares de la posibles bajas civiles o militares venezolanas…