Francisco Múnera, arzobispo de Cartagena y presidente del Episcopado de Colombia, en un videomensaje de Año Nuevo, aboga para que el país “encuentre en este año los caminos que conducen al perdón, la reconciliación y la paz”.
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El máximo jerarca de la Iglesia colombiana, iniciando 2026, ha pedido en nombre de todos sus colegas y hermanos que este “sueño de paz” lleve a cada uno a “valorar la fraternidad y la amistad social” como elementos para superar los conflictos.
“Que en nuestra patria la vida sea defendida y protegida por todos y cada uno de nosotros, y la dignidad de cada persona sea respetada y cuidada como un tesoro; por lo tanto, nunca pisoteada ni manipulada”, señaló.
Invitó a todos los colombianos a poner su mirada en los pobres y más vulnerables como un mandato evangélico impostergable porque como “lo ha dicho el Señor, los pobres y los indigentes buscan agua y no la encuentran. Yo, el Señor, los atenderé y no los abandonaré”.
Cerrar brechas polarizantes
Múnera ha insistido en cerrar la brecha de la polarización para que “en Colombia sepamos construir y soportar un proyecto común de nación en el que todos sepamos acogernos en medio de la pluralidad y la diversidad”.
“Que todas las instituciones trabajemos por consolidar y fortalecer la democracia, el cumplimiento de los deberes, el ejercicio de los derechos”, añadió.
Apelando a la historia misionera de Colombia, espera que las semillas de fe y el sentimiento religioso sembrados desde hace siglos “en nuestra nación generen mejores ciudadanos y gobernantes con responsabilidad ética y moral por el bien común del país”.
El prelado reconoce que la “coherencia de vida” fortalecerá los valores y del sentido de responsabilidad “superando el individualismo y la corrupción que solo genera injusticia, guerra y pobreza”.
Peticiones para 2026
El arzobispo pidió también profundizar en el diálogo intergeneracional que “nos permita acoger la memoria y las enseñanzas de los mayores para transmitirlas a los niños y a los jóvenes. Que todos trabajemos unidos en armonía por hacer realidad los sueños y anhelos de las nuevas generaciones”.
Toda Colombia sueña con un país “sin menores reclutados para la guerra, sin explotación de ningún tipo y con oportunidades de futuro digno y verdadero desarrollo integral”.
También invitó a todos a ser custodios de la casa común, que “el creador nos ha encomendado para que las nuevas generaciones la encuentren cada día más bella y habitable”.
No menos importante – prosiguió – es seguir ahondando en el camino sinodal “caminando en esperanza” por una Iglesia misionera y misericordiosa por “un pueblo que camina en la sencillez del evangelio en comunión y participación para hacer realidad la profecía” guiados por el Espíritu.