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Redactor de Vida Nueva Digital y de la revista Vida Nueva

¿Qué es la Navidad para los últimos papas?


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El papa León XIV se ha estrenado en las celebraciones litúrgicas navideñas como pontífice. La principal novedad ha estado en el mismo calendario. Y es que el 24 de diciembre la misa “del gallo” –la que litúrgicamente se denomina “de medianoche”– ha vuelto a un horario más tardío al programarse para las 22:00 h., tras los sucesivos cambios, por diferentes motivos, de horario que ha sufrido dicha celebración. A la de Nochebuena, ha seguido la misa de Navidad. No es lo único que se ha recuperado ya que en la bendición Urbi et Orbi volvieron las felicitaciones de Navidad en algunos idiomas, algo que no se repitió al final del ángelus del 1 de enero.



De León XIV tenemos dos homilías de Navidad, una por la noche, en la que denunció que “mientras una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía, Dios se hace semejante a nosotros, revelando la dignidad infinita de cada persona. Mientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al prójimo, Dios quiere convertirse en hombre para liberarnos de toda esclavitud”. Los pastores y la familia de Belén, reivindicó el Papa, “son huestes desarmadas y desarmantes, porque cantan la gloria de Dios, cuya manifestación en la tierra es la paz; en el corazón de Cristo, en efecto, palpita el vínculo que une en el amor el cielo y la tierra y el Creador con las criaturas”.

Ya por la mañana, insistió en el mensaje de paz del ángel al pastor. “El Verbo ha establecido su tienda frágil entre nosotros. ¿Y cómo no pensar en las tiendas de Gaza, expuestas desde hace semanas a las lluvias, al viento y al frío, y a las de tantos otros desplazados y refugiados en cada continente, o en los refugios improvisados de miles de personas sin hogar en nuestras ciudades?”, señaló el Papa.

Pero, ¿y los papas anteriores?

Francisco

La última Navidad de Francisco fue la del inicio del Jubileo y la apertura de la puerta santa en San Pedro desde su silla de ruedas en la misa de Nochebuena. Cada año destacó los elementos sencillos de la escena de Belén –el Papa argentino dedicó incluso una exhortación apostólica nacimiento–, un niño entre pañales, para tocar las raíces del misterio de la encarnación:

Aprendamos del ejemplo de los pastores, la esperanza que nace en esta noche no tolera la indolencia del sedentario ni la pereza de quien se acomoda en su propio bienestar —y muchos de nosotros, tenemos el peligro de acomodarnos en nuestro propio bienestar—; la esperanza no admite la falsa prudencia de quien no se arriesga por miedo a comprometerse, ni el cálculo de quien sólo piensa en sí mismo; es incompatible con la vida tranquila de quien no alza la voz contra el mal ni contra las injusticias que se cometen sobre la piel de los más pobres. Al contrario, la esperanza cristiana, mientras nos invita a la paciente espera del Reino que germina y crece, exige de nosotros la audacia de anticipar hoy esta promesa, a través de nuestra responsabilidad, y no sólo, también a través de y nuestra compasión. Y aquí tal vez nos hará bien interrogarnos sobre nuestra compasión: ¿tengo compasión?, ¿sé padecer-con? Pensémoslo.

Viendo cómo a menudo nos acomodamos a este mundo, adaptándonos a su mentalidad, un buen sacerdote escritor rezaba en la santa Navidad de esta manera: “Señor, te pido algún tormento, alguna inquietud, algún remordimiento. En Navidad quisiera encontrarme insatisfecho. Contento, pero también insatisfecho. Contento por lo que haces Tú, insatisfecho por mi falta de respuestas. Quítanos, por favor, nuestras falsas seguridades, y coloca dentro de nuestro ‘pesebre’, siempre demasiado lleno, un puñado de espinas. Pon en nuestra alma el deseo de algo más” (cf. A. Pronzato, ‘La novena de Navidad’). El deseo de algo más. No quedarnos quietos. No olvidemos que el agua estancada es la que primero se corrompe.

Nino Jesus Navidad Gallo

Benedicto XVI

Este adviento, Ediciones Encuentro ha publicado en español las homilías pronunciadas por el papa Benedicto XVI durante las celebraciones eucarísticas que presidió en privado, tanto en su pontificado (2005-2013) como de papa emérito (2013-2022). Propiamente del tiempo de Navidad solo se recoge una homilía del Bautismo del Señor, pero entre las del adviento hay una del 22 de diciembre de 2013 en la que el papa emérito comenta el papel del José en el relato del nacimiento del evangelista Mateo (1,18-24). Precisamente la lectura del 4º domingo de adviento del ciclo A pone su mirada en el padre de Jesús. De él comentaba esto el pontífice emérito en el monasterio ‘Mater Ecclesiae’:

La respuesta de san José a la palabra del ángel es, en primer lugar, fe, y después obediencia, hecho. Fe: ha comprendido, esta era realmente la voz de Dios, no era un sueño. La fe se convierte en un fundamento sobre el que actuar, sobre el que vivir: es reconocer que esta es la voz de Dios, es imperativo del amor, que me guía por el camino de la vida, y, a continuación, es hacer la voluntad de Dios.

San José no era un soñador, aunque el sueño había sido la puerta por la que Dios había entrado en su vida, era un hombre práctico y sobrio, un hombre de decisión, capaz de organizar. No era fácil, me parece, encontrar en Belén —porque no había sitio en las casas– un establo como lugar discreto y protegido y, a pesar de la pobreza, digno para el nacimiento del Salvador. Organizar la huida a Egipto, encontrar un lugar donde dormir cada día, y luego vivir durante mucho tiempo, requería un hombre práctico, con sentido de la acción, con capacidad para responder a los desafíos, para encontrar las posibilidades de sobrevivir. Y más tarde, a su regreso, la decisión de volver a Nazaret, de fijar allí la patria del Hijo de Dios: también esto demuestra que era un hombre práctico, que como carpintero vivió e hizo posible la vida de cada día.

Así, san José nos invita, por una parte, a emprender este camino interior en la Palabra de Dios para estar cada vez más cerca de la Persona, del Señor; pero, al mismo tiempo, nos invita a una vida sobria, al trabajo, al servicio práctico de cada día para cumplir con nuestro deber en el gran mosaico de la historia.

Juan Pablo II

En el año 2000, la Iglesia celebró un imponente año Jubilar al inicio del nuevo milenio. El papa Juan Pablo II abrió la Puerta Santa en la Nochebuena de 1999 y concluyó su homilía con una oración que inspirase a los cristianos en mitad de la noche:

¡Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo! En el umbral del tercer milenio, la Iglesia te saluda, Hijo de Dios, que viniste al mundo para vencer a la muerte. Viniste para iluminar la vida humana mediante el Evangelio. La Iglesia te saluda y junto contigo quiere entrar en el tercer milenio. Tú eres nuestra esperanza. Sólo Tú tienes palabras de vida eterna.

Tú, que viniste al mundo en la noche de Belén, ¡quédate con nosotros!

Tú, que eres el Camino, la Verdad y la Vida, ¡guíanos!

Tú, que viniste del Padre, llévanos hacia Él en el Espíritu Santo, por el camino que sólo Tú conoces y que nos revelaste para que tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia.

Tú, Cristo, Hijo del Dios vivo, ¡sé para nosotros la Puerta!

¡Sé para nosotros la verdadera Puerta, simbolizada por aquélla que en esta Noche hemos abierto solemnemente!

Sé para nosotros la Puerta que nos introduce en el misterio del Padre. ¡Haz que nadie quede excluido de su abrazo de misericordia y de paz!

Puerta Santa Jubileo 2000 Juan Pablo Ii

Juan Pablo II ante la Puerta Santa en la apertura del Jubileo del año 2000