España

Fernando Morales-de la Cruz: “El papa Francisco ha sido el mayor activista de la historia contra el trabajo infantil”

| 05/11/2026 - 13:47

  • Presente en la Cumbre Iberoamericana de Madrid, este activista guatemalteco denuncia que “en España puede haber unos 200.000 niños que trabajan en vez de ir a la escuela”
  • Pese a que la OIT y Unicef hablan de 138 millones de menores esclavizados, otros académicos en los que apoya sus estudios elevan la cifra a casi 400 millones
  • En una espiral de opresión global, lamenta que “hay grandes multinacionales del café que reciben ayuda para el desarrollo y que tienen a chicos en sus cadenas de producción”





Tras inaugurarse ayer, este jueves 5 de noviembre se clausura la 30ª Cumbre Iberoamericana. A ella han acudido numerosos jefes de Estado o de Gobierno, como la mandataria costarricense Laura Fernández, el boliviano Rodrigo Paz, el chileno José Antonio Kast, el guatemalteco Bernardo Arévalo, el paraguayo Santiago Peña, el dominicano Luis Abinader, el hondureño Nasry Asfura o el argentino Javier Milei. Sin olvidar al ucraniano Volódimir Zelenski, que ha aprovechado la estancia en nuestro país de tantos dirigentes mundiales para concienciar sobre la causa de la paz.



Durante esas dos jornadas en nuestro país, los líderes de América Latina, España y Portugal han analizado distintos retos para sus países. Pero, entre ellos, hay quien ha intentado que se hable de algo esencial y que, en cambio, solo suele ser abordado de pasada o respondido con promesas siempre incumplidas: el trabajo infantil.

Alejados de su derecho a la educación

Se trata de Fernando Morales-de la Cruz, periodista y activista de derechos humanos guatemalteco que lleva 12 años investigando y denunciando esta lacra contra millones de niños que, además de ser explotados en condiciones de esclavitud, se ven alejados de su derecho a la educación. En plena Cumbre Iberoamericana, mientras esperaba a reunirse con un grupo de empresarios, Vida Nueva ha podido entrevistar al fundador de las organizaciones Lewis Hine y Cartoons For Change.

PREGUNTA.- ¿Cuál es el primer paso para acabar con este horror?

RESPUESTA.- Ante todo, con los datos en la mano y desde la conciencia de que estamos ante un problema subestimado. Y es que, pese a que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Unicef hablan de 138 millones de niños que trabajan, otros académicos, a los que doy mucha credibilidad, elevan la cifra a casi 400 millones.

Es un drama inmenso que se da hasta en los países desarrollados de la Unión Europea o en Estados Unidos, donde vemos la peor cara de las cadenas de suministro que nutren a las grandes multinacionales.

En América Latina hay más de diez millones de menores que no van a la escuela y que trabajan. En mi contacto con dirigentes en cumbres como esta, mi petición es que la Secretaría General Iberoamericana priorice la eliminación de esta realidad y garantice la educación de todos niños del continente, así como que reciban tres comidas nutritivas al día. Esa es la base.

Para ello, no se puede mirar hacia otro lado e ignorar que hay niños explotados en las cadenas de suministro. Muchos, en las industrias del café y el chocolate… Pero es una realidad que se da desde la A de azúcar hasta la Z de Zara… Luego, todos consumimos el fruto de esa explotación.

Muchos menores lo padecen en el ámbito de la agricultura. En España puede haber unos 200.000 niños que trabajan en vez de ir a la escuela… Eso es algo que se ve en los campos de Almería, donde vemos a chicos esclavos cosechando, pero también en otros ámbitos menos visibles.

En Italia se estimaba que esto lo padecen unos 250.000 niños. Por decir esto, hemos sido muy criticados allí. Hasta que llegó la primera ministra, Giorgia Meloni, y dijo a las claras que ‘en mi país hay 336.000 chicos que no van a la escuela y yo quiero que todos aprendan a hablar italiano’.

Por eso tengo claro que, en España, con una economía y un sistema muy similar al de Italia, podemos estar ante 200.000 o más. Lo malo es que en este país, como en muchos otros, no hay un estudio sobre esta realidad. Y, cuando no se acepta ni se diagnostica algo, no puede haber una solución.

En ese sentido, hay cadenas de suministro especialmente graves, como la de quienes cosechan algodón para la ropa o los menores esclavizados en minas de cobalto, cobre u oro. Hay un juicio sobre esto en Reino Unido. Es horrible.

La defensa de la infancia es su obligación

P.- ¿Qué podemos decirles a los dirigentes de España, Portugal e Iberoamérica reunidos en la cumbre de Madrid?

R.- Que prioricen la defensa de la infancia, pues es su obligación. Tienen que hablar de esto y no ignorar que hay una explotación del Sur por el Norte. Por cada taza de café que nos tomamos todos, solo tres céntimos van a los productores que han iniciado el proceso en las montañas de Guatemala, Colombia o Brasil. Esa es la base de todo. Hay que cambiar el modelo negocio y que estas personas reciban diez céntimos por taza.

Lo malo es que ni siquiera las entidades de Comercio Justo exigen ese precio para tales productos, lo que no destierra ni la miseria ni la esclavitud. Todos se comprometen teóricamente a a apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero luego no lo llevan a la práctica.

P.- ¿Cómo genera incidencia social a través de sus organizaciones?

R.- Soy un periodista de 65 años y que acumula 40 de experiencia como columnista en muchos medios. Desde ahí puedo decir algo que he comprobado siempre: el más leído de un periódico es siempre el caricaturista.

Desde esa conciencia, se me ocurrió fundar Cartoons For Change. Por su impacto superior, empecé a buscar a compañeros que quisieran publicar caricaturas en sus medios para denunciar la realidad del trabajo infantil. Yo les facilito datos y ellos crean libremente lo que quieren.

Comencé con gente que conocía de Guatemala y luego, poco a poco, fui sumando a profesionales de todo el mundo. Una de mis mayores satisfacciones es una exposición que organizamos aquí, en Alcalá de Henares, donde participaban 800 miembros de nuestra red, apareciendo en la muestra 200 obras.

Los caricaturistas obtienen un gran impacto y llegan a millones de personas. También digo siempre que Cartoons For Change no es una organización, sino una desorganización… Realmente, ellos hacen lo que les da la gana y yo solo soy el editor. Doy datos y ellos trabajan con imágenes de gran impacto publicadas en varios medios.

Otra consecuencia es que obtienen mucho alcance en sus propios medios. Por ejemplo, ha pasado que un caricaturista del Finantial Times ha publicado algo sobre esta realidad y luego un compañero redactor, impresionado, ha querido contactar con nosotros para ahondar con una información. Con esos pequeños gestos es como cambian las cosas.

La obligación de los adultos es pensar en todos los niños como propios

P.- ¿Tiene esperanza en que algo resuene en la conciencia de los líderes reunidos en Madrid sobre el trato dado a tantos menores en sus países?

R.- Espero que sí. Al fin y al cabo, es su responsabilidad. Hay que insistir en que la obligación de los adultos es pensar en todos los niños como propios. Ahí me quedo con el compromiso del papa Francisco. Él no tuvo hijos, claro, pero cogió la bandera de la lucha contra el trabajo infantil como una causa personal.

Se entregó a ello como pocos líderes… Cuando murió, fui a Roma y dije esto a los medios que me entrevistaron: “Ha muerto el mayor activista de la historia contra el trabajo infantil”.

Yo he colaborado mucho con este tema en el Vaticano, y siempre he querido hacerlo con los equipos que pueden propiciar un cambio real. Para ello es clave implicar a los arzobispos y obispos y que estos interpelen luego a sus responsables de área diocesanos.

De Bergoglio me quedo con un mensaje clave, en enero de 2025, poco antes de morir, cuando pidió a los periodistas “no ser neutrales ante explotación de los niños”, pues eso equivalía a “ser cómplices”. Como decía Martin Luther King, “el problema es la indiferencia de la gente buena”.

P.- Ha estado en muchas cumbres, incluidas varias ediciones del G-7 o del Foro Económico Mundial (FEM) de Davos, y siempre ha obtenido promesas de los líderes mundiales para acabar con el trabajo infantil, pero luego se encuentra con la realidad: no se aplica nada. De hecho, este fenómeno va en aumento y también afecta a 75 millones de menores que trabajan en las propias cadenas de suministro de 2.500 participantes en Davos. ¿Qué necesitamos para que las naciones apliquen al fin las necesarias leyes de diligencia debida que obligarían a castigar las malas prácticas de sus empresas en el extranjero?

R.- Es una lucha lidiar con los altos dirigentes y empresariales. En Davos he estado 16 veces en 18 años. Todos dicen que van a apoyar estos derechos, pero luego no se concreta en leyes. Y eso que las más estrictas son siempre las de protección al consumidor… ¡Pero no se aplican!

Es un fraude cuando hablan del comercio justo. Nunca se paga el precio debido a los consumidores. Algunos pagan la mitad que hace 40 años… Todos hablan de ética, pero ninguna cadena puede garantizar que no hay trabajo infantil en su proceso.

La culpa es más de los gobiernos que de las grandes multinacionales. Lo hemos visto en la Unión Europea, que aprueba una Ley de Diligencia Debida y luego eliminan la responsabilidad civil en la misma.

Lo más escandaloso es cuando hay grandes multinacionales del café que reciben ayuda para el desarrollo y que tienen trabajo infantil en sus cadenas. Hay que eliminar todas las ayudas al desarrollo a estas empresas. Y castigarlas. Si a alguien le cogen con dos niños trabajando en su empresa, va a la cárcel. Pero, si tiene a 500.000, recibe ayudas de las autoridades. Es un escándalo.

El cambio empieza por el consumidor

P.- ¿Cómo se puede concienciar también al ciudadano para que sea consciente de que con sus modos de consumo puede provocar un cambio esencial, sobre todo si no compra jamás productos sobre los que haya una mínima duda de que han sido elaborados por niños?

R.- En 12 años que llevo dedicado en exclusiva a esto, ni yo puedo saber exactamente qué marca no tiene trabajo infantil en su cadena. Todas las multinacionales lo tienen. Todos lo promovemos en nuestros móviles o en el café que tomamos.

Son materias primas fruto de la explotación. Ahí, el periodismo es clave. Debería haber un gran escándalo ante esta realidad: una serie de familias europeas, las dueñas de las grandes empresas, tienen a millones de niños explotados. Solo en Alemania, cinco de estas familias tienen a medio millón.

La consecuencia es que nosotros, en cualquier tienda, no podemos escoger un producto libre de esta lacra. Por ello reivindico mucho la figura de Lewis Hine, quien, hace un siglo, en Estados Unidos, se dedicó a fotografiar a niños inmigrantes esclavizados. Con una cámara grande y pesada, hace 110 años, sacó 10.000 fotos de niños trabajando… Hoy, la mitad están expuestas en la Biblioteca Nacional. Antes, la mayoría eran menores blancos. Hoy, son negros y a la prensa le preocupa menos.
Por eso también busco a fotógrafos que nos ayuden. Hay que documenta y contar esta realidad, pues hablamos de crímenes de lesa humanidad.

P.- ¿Cómo nació en usted ese compromiso por la erradicación del trabajo infantil?

R.- Por un sentimiento de culpa. A los 52 años, tuve una enfermedad, tras la infección de un oído interno, y sufrí de muchos vértigos, pasando varios meses en situación de invalidez. Ahí tenía mucho tiempo para pensar y me preguntaba: “¿Qué hice de mi vida?”.

Había sido un niño privilegiado, con un padre exitoso… Tenía todo en mi mano, pero me dio por pensar que fui indiferente y no utilicé los contactos que tenía en las altas esferas para acabar con esa situación. Y es que, en mi propio país, Guatemala, hay un millón de niños trabajando.

Así que me dije: “Si me curo, me voy a dedicar a esto”. Y así ha sido. No hay excusa para este moderno negocio. Todos pueden vivir bien en esa cadena, pero aceptamos que se pague un euro por prenda a quien ha generado la materia prima.

Es un tema de modelo de negocio, y se puede cambiar. No hablo de caridad. Creo en la justicia social. Hay mujeres en Bangladesh con bebé bajo su máquina de coser. Y los chicos sufren muchas enfermedades por el polvo del hilo. Tendría que ser una obligación que hubiera guarderías en todas las fábricas.

Esto se lo dije en persona a Amancio Ortega, el fundador de Zara, y ahora se lo quiero decir a su hija, Marta Ortega. Debe haber espacios para comer y guarderías en todas las cadenas de suministro.

P.- Colabora con varias entidades católicas y escribió al menos dos cartas al papa Francisco, al que citaba antes, animando su voz enérgica y profética contra esta lacra. ¿Considera que la Iglesia, presente siempre tanto en las grandes ciudades como en los más recónditos entornos rurales, puede ser un motor de cambio esencial a la hora de interpelar a los líderes políticos y a los ciudadanos de a pie, creyentes y no creyentes?

Colabora con muchas religiones

R.- Colaboro con muchas religiones. Mi familia es muy católica y mi bisabuelo fue arzobispo. Pido a todas las Iglesias que tomen nota de sus propios modelos de negocio, de los que se benefician ellas mismas.

Esto es muy grave en Alemania, donde el Episcopado tiene inversiones de hasta 200.000 millones de euros, y hay opacidad sobre las mismas. Ese dinero no es suyo, sino que pertenece a los fieles. Todos tienen derecho a saber dónde está ese dinero.

A León XIV le pido que insista a todos los obispos en que Iglesia, como inversionista, no se beneficie jamás del trabajo infantil. Debe exigir eso allí donde es inversionista. A todos les exijo lo mismo, pues tienen una obligación ineludible y han de colaborar para que termine esta lacra.

Pero aún hay algunas comunidades que son más reacias. En el caso de la Iglesia anglicana, del anterior arzobispo de Canterbury conseguí muchas promesas, pero luego no hizo nada.

Todas las religiones tienen mucha influencia en los fieles y en las empresas. Empujo a todos. En el caso de los musulmanes, hay muchos comprometidos. Pero también te encuentras con una antiética en quienes administran ciertos fondos en Dubái.

Hay que ir más allá de la mera buena voluntad y de la caridad y pensar en la justicia social. Eso es lo primero. Para mí, esa es la doctrina de Jesús.

Etiquetas: Iglesia y trabajo
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