Culturas

Père Lachaise: el “pequeño Versalles” de los muertos

| 31/10/2026 - 00:17

  • El cementerio parisino es el jardín funerario más visitado del mundo, “síntesis radical de la experiencia histórica, política y artística de la humanidad”
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Paul Verlaine escribió en Toussaint su lamento por el Día de Todos los Santos: “Recemos, entre los muertos, por muchos, / de la tierra y del Purgatorio”. Recemos en el cementerio de Père Lachaise, en París, junto al boulevard de Menilmontant: “Cuarenta y cuatro hectáreas para condensar la vida, la libertad, la dignidad y la memoria”, en palabras de Itziar Pascual, que le ha dedicado una obra de teatro: ‘Père Lachaise’.



Porque Père Lachaise es –añade– una “síntesis radical de la experiencia histórica, política y artística de la humanidad”. Es el cementerio del este, una ‘ville des morts’, un jardín funerario, pero también el más reconocido, visitado y admirado en todo el mundo.

Tumba del compositor Frédéric Chopin, en el cementerio parisino de Père Lachaise. Foto: EFE

“Un pequeño Versalles”, según lo describe el historiador Michel Dansel. Aunque quizá sea el caso más evidente de “cementerio viviente”, como lo ha denominado Michelangelo Giampaoli, y que lo llega a definir también como un “lugar antropológico” –a la manera del francés Marc Augé– donde lo sagrado y lo profano están en tensión “por el elevado número de visitantes anuales, que lo convierten en un fenómeno de masas, por su vegetación vital y variada, por la multiplicidad y notoriedad de sus visitantes vivos y huéspedes muertos”.

Tumbas de celebridades

Esta “ciudad de los Inmortales” –según la norteamericana Carolyn Campbell– tiene “alrededor de tres millones y medio de visitas al año, y además de su principal atractivo, que es visitar las tumbas de celebridades como Oscar Wilde, Honoré de Balzac, Molière, Jim Morrison, Frédéric Chopin, Edith Piaf, Allan Kardec, Guillaume Apollinaire y otras muchas personalidades, el visitante busca perderse entre sus caminos más retorcidos y respirar la tranquilidad de este lugar alejado del barullo de la capital y poder fascinarse por el arte funerario presente en todo su recorrido y siempre acompañado de vegetación”, explica Paloma Cuenca Martínez en ‘Necrópolis y Metrópolis, el desarrollo de la arquitectura funeraria en París’ (Universitat Politècnica de València, 2018).

El sociólogo italiano Moreno Zago ha examinado el fenómeno muy de cerca: “Las tendencias actuales en nuestra sociedad han ido erosionando la distancia entre el espacio sagrado de la memoria y el profano del entretenimiento. De lugares de aflicción vinculados a la irreversibilidad de la muerte, los cementerios evolucionan hacia lugares de conservación de la memoria histórica, cultural y arquitectónica en espacios abiertos al público e incluso se convierten en destinos turísticos, según la perspectiva no solo de conmemorar a los seres queridos, sino también, en ocasiones, de salvaguardar el paisaje y los ambientes”.

Perspectiva transnacional

El crítico Enrico di Pastena, a propósito del drama de Itziar Pascual, recuerda que en Père Lachaise –de titularidad municipal– “también se rinde homenaje, según una perspectiva que ahora se definiría transnacional, a las víctimas del nazismo, a los deportados durante la Shoah y a los españoles que lucharon en la defensa de París y de Francia en la II Guerra Mundial”, como es el caso de la obra de teatro de Pascual.

Tumba del cantante Jim Morrison, en el cementerio parisino de Père Lachaise. Foto: EFE

Pero los crisantemos inundan Père Lachaise cada Día de Difuntos para “rezar a Dios por su alma con flores nuevas”, como proclamaba Théophile Gautier en ‘La Comédie de la Mort’ (1838). La neoclásica ‘chapelle de l’Est’, las cruces, las tallas de Cristo, las imágenes de la Virgen, los arcángeles, los epitafios bíblicos. La esperanza vive también en las oraciones, ante los difuntos. La necrópolis pública lleva, además, el nombre de un jesuita.

“A mediados del siglo XVII, esos terrenos –las 17 hectáreas del Mont Sant-Louis– fueron adquiridos por los jesuitas y construyeron en ellos una suntuosa casa de reposo y convalecencia para miembros de la Compañía de Jesús. El más ilustre ocupante de esta casa fue François d’Aix de La Chaise, SJ (1624-1709), más conocido como Padre Lachaise, que fue confesor del rey Luis XIV”, relata el historiador navarro José María Corella Iráizoz. “Con la expulsión de los jesuitas en 1763, el dominio pasó por varios propietarios –añade– hasta quedar en manos de la ciudad en 1803, cuando la municipalidad de París decidió instalar allí un cementerio que, tras cuidadosa urbanización, abrió sus puertas el 21 de mayo de 1804”. (…)

Etiquetas: Iglesia en Francia
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