El ex delegado de Misiones de Sevilla, en el punto de mira por supuestos abusos

El sacerdote Eduardo Martín Clemens ha sido denunciado por una presunta agresión sexual en Perú en 1998

Eduardo Martín Clemens. Foto: Archidiócesis Sevilla
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El sacerdote Eduardo Martín Clemens, hasta hace unos días delegado de Misiones de Sevilla, ha sido denunciado por un hombre de 43 años por supuestos abusos sexuales que habrían tenido lugar en Perú en 1998, cuando el denunciante tenía 14 años.



El cura de Morón de la Frontera, de 80 años y conocido en la ciudad por haber sido párroco de Santa Cruz, ha negado la acusación. Y no solo eso: también asegura ser víctima de un “chantaje” económico, dado que habría ayudado al denunciante con hasta 80.000 euros.

Renuncia independiente

“Ante las informaciones sobre mi renuncia a las tareas pastorales, que se ha hecho efectiva esta semana tras la celebración del Domund, tengo que comunicar que obedece al deterioro de mi salud y a haber alcanzado la edad reglamentaria”, detalla en un comunicado sobre su jubilación al frente del departamento de Misiones y de su parroquia.

Eduardo Martín Clemens. Foto: Archidiócesis Sevilla

Eduardo Martín Clemens. Foto: Archidiócesis Sevilla

Al mismo tiempo, asegura: “He recibido con dolor y extrañeza una acusación que me llena de profunda tristeza”. “Debo aclarar que no he cometido ninguna agresión ni acto de violencia y, por supuesto, ningún tipo de acoso”, apunta sobre un caso que saltó ayer a los medios andaluces.

¿Ayuda o chantaje?

La suma de dinero entregada al denunciante la justifica como una “ayuda familiar” ante su situación de vulnerabilidad. “Cuando ya no podía seguir ayudando, comenzó un chantaje con la advertencia de informar a las autoridades religiosas para obtener un beneficio económico”, relata Martín Clemens.

El denunciante ha explicado a El País que el sacerdote lo abordó en una plaza de la localidad de Chimbote y le pagó el traslado en autobús hasta Trujillo, donde el cura presuntamente lo agredió sexualmente. Asimismo, niega el chantaje y asegura que el cura intentó “comprar su silencio”. Es más, sostiene que en 2024 reprochó por teléfono al presbítero las supuestas agresiones y que fue entonces cuando se efectuaron los pagos para evitar que el caso trascendiera.

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