María Marcela Mazzini, teóloga argentina. Foto: Ángeles Conde
“Profesora, ¿no se está volviendo una y otra vez a lo que ya se dijo en el Sínodo de 2014 y 2015, es decir, que es necesario escuchar y acompañar a las parejas y las familias?”.
Esta pregunta, en la presentación del encuentro vaticano por los diez años de ‘Amoris laetitia’, se la formulan a María Marcela Mazzini, vicedecana de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, profesora titular de Teología y directora del Instituto de Investigaciones Teológicas. Y ella responde así: “Esta cuestión la vas a escuchar hasta en el año 5000 porque es la misión misma de la Iglesia”.
Argumento que completa así: “Fíjate en Emaús. Jesús preguntó a los discípulos qué venían conversando por el camino y seguramente se dejó contar por ellos, y mal, ¡su propia historia de sufrimiento y cruz! Y caminó a su lado. Partió el pan y los consoló”.
Pese a sus muchos cargos, ella se presenta ante los periodistas congregados como “una madre de dos hijos”. En pocas horas hablará ante la asamblea y, antes, responde a Vida Nueva sobre cómo aplica ‘Amoris laetitia’ en casa. Porque la experta, que participó en las dos asambleas del Sínodo de la Familia, habla de una presencia encarnada en la que “lo que enseñas te interpela todo el tiempo”.
Mazzini reivindica que “tenemos que acercarnos a quienes sufren por su situación o condición y ofrecer un camino gradual. ‘Amoris laetitia’ nos invitó a salir del binomio ‘sí’ o ‘no’ y plantear una escalera hacia el ideal dando un paso cada vez. Hay que acercarse al sufrimiento o la inquietud, sin juzgar”.
Siendo un hecho que la “fragilidad” ha centrado la mirada de muchos de los participantes en el encuentro, esta revista ha charlado con uno de los matrimonios que han compartido su experiencia. Se trata de los Villegas, llegados de Filipinas. Eren Lyle y Charmaine Bernadette acompañan a parejas casadas y no casadas, sobre todo jóvenes, a través de Couples for Christ, el movimiento laico nacido en su país a principios de los 80 para sostener a las familias.
En esa misión que desarrollan, ellos también se sienten abrazados y consolados en su “fragilidad”, que, tal y como nos confiesan, es la imposibilidad de tener hijos. Están casados desde hace 16 años y siguen intentándolo, mientras ponen toda su confianza en Dios y en sus planes para ellos. Lo viven de forma serena y ajenos a esas “exigencias de idealización que pueden abrumar a las familias con expectativas que perciben como inalcanzables”.
“El Señor responde a su manera. No a la nuestra”, remarca ella mientras insiste en que el matrimonio “no es fácil”. “Sí, es un don, porque la familia y el matrimonio son un regalo del Señor que podemos compartir con los demás, pero también debemos comprender que comporta dificultades”, concluye.