“Tengo las maletas hechas para volver”. Lo dice con serenidad y contundencia, con la vocación ‘ad gentes’ corriendo por sus venas. Mari Carmen Gutiérrez, misionera de Cristo Jesús, ha estado casi sesenta años en África, entre la República Democrática del Congo y Chad. Esta consagrada encarna a quienes han dejado su tierra para anunciar el Evangelio desde que, hace cien años, se instituyera la Jornada Mundial de las Misiones. En España se conoce popularmente como Domund y se celebrará este domingo 18 de octubre bajo el lema ‘Uno en Cristo, unidos en la misión’.
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“La misión me había cogido el corazón cuando tenía 7 años. Cuando me enteré de que había gente que no conocía a Jesús y de que había unos hombres y mujeres que iban a hablarles de Dios, me dije: voy a ser misionera”, comenta esta religiosa de 85 años sobre su primer ‘hágase’. Al echar la vista atrás, Gutiérrez también recuerda: “El día que las primeras niñas congoleñas me enseñaron a rezar como yo, me entró un escalofrío, porque ahí sentí que verdaderamente empezaba la evangelización, como lo hacían los primeros cristianos”.
Pertenecer a África
La misionera de Cristo Jesús rememora cómo vivió la experiencia del primer anuncio en Chad: “El impacto en la gente cuando escucha el Evangelio y oye hablar de Jesús es enorme; provoca una alegría grandísima”. “Siento que pertenezco a África, a los africanos. No vuelvo porque yo sea fiel, sino porque Dios ha sido fiel conmigo”, sentenció. “Dios no me ha fallado nunca y la vida misionera es la más bonita que existe”, añadió.
Gutiérrez pone voz y rostro a los cerca de 9.500 misioneros españoles, de los que más de cinco mil están en territorios de misión y el resto, en nuestro país, colaborando en la animación misionera o a la espera de destino.
Sentirse pequeño
La consagrada participó esta mañana en la rueda de prensa organizada en Madrid para presentar el Domund. Junto a ella, también tomaron la palabra José María Calderón, director de Obras Misionales Pontificias, y Carlos Bobillo, el primer misionero de Hakuna, la realidad eclesial fundada por José Pedro Manglano.
“Uno se siente pequeño ante este misterio tan grande que es la misión y que nos sobrepasa”, apunta Bobillo, abogado y economista de 39 años que ya ha puesto en marcha varios proyectos de desarrollo y evangelización en Burundi, país que presenta como el más pobre del continente y “con mucho sufrimiento” por el genocidio que padeció en los años 90. Allí regresará, esta vez como el primer misionero permanente de Hakuna, a diferencia de otros jóvenes del movimiento eclesial que han vivido experiencias temporales.
Iglesia en acción
“Yo no era creyente hasta que me topé con Burundi. Al ver a la Iglesia misionera en acción, empecé a pensar que había algo detrás, que había una alegría en la entrega que no venía de mí”, comenta sobre su primer salto al continente africano hace veinte años. “En ese momento me planté allí pensando que les iba a solucionar los problemas, que yo iba a ayudar a un país pobre, pero pronto descubrí que tenían una vida espiritual muy rica y plena, que no iba allí simplemente a ayudar a unos pobrecitos”, comenta, sin ánimo de “romantizar la pobreza”. “Vivo unas bienaventuranzas reales en el día a día”, certifica.
Después de aquel primer viaje a Burundi, y con una nostalgia permanente por lo vivido allí, aunque relegada por el día a día de su trabajo, en enero regresará para quedarse: “Voy solo, sin saber muy bien qué me espera y sin comunidad, pero muy agradecido por todo lo que Dios ha hecho en mi vida”.
De la capilla a la maternidad
“Evidentemente nos rebelamos contra la pobreza material, conscientes de que es la puerta de entrada para algo más grande”, remarca sobre un país eminentemente católico. “Hace dos años fui para allá con José Pedro Manglano. Él volvió removido y vio que Hakuna podía aportar el encuentro cercano con Cristo, frente al Dios lejano y castigador que algunos burundeses tienen”, expone. Entre las iniciativas de Hakuna, ya hay una capilla universitaria y está prevista la apertura de una maternidad.
Diez millones de euros
Por su parte, José María Calderón compartió que, solo en 2025, el Fondo Universal de Solidaridad de la Obra de Propagación de la Fe reunió casi setenta millones de euros. Desde nuestro país se enviaron más de diez millones a las misiones, que ayudaron a 173 diócesis de 22 países. España es la nación más generosa con el Domund, solo por detrás de Estados Unidos.
“Los cristianos españoles tenemos que despertar para que tomemos en serio la misión que tenemos cada uno en nuestro lugar”, expuso Calderón sobre la falta de relevo ‘ad gentes’ en medio de una sociedad secularizada. “La tentación puede surgir en la vida de las diócesis y de la vida consagrada. España es tierra de misión, ¿cómo vamos a mandar? Mi respuesta es contundente: si los cristianos de España nos tomáramos en serio nuestra vocación misionera y apostólica aquí, en España se verían muchos frutos”, añadió el director de OMP.
