Herminia y el Domund soplan cien velas

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú
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Si la Iglesia tiene la misión en el centro de su alma desde que Jesús de Nazaret llamó a sus discípulos a ir y recorrer los pueblos vecinos para predicar la fe, las Obras Misionales Pontificias (OMP), constituidas como tal por Pío XI, cumplen este 2026 el centenario de la creación. Lo mismo ocurre con la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund, que este 18 de octubre, con el lema ‘Uno en Cristo, unidos en la misión’, se celebra por centésima vez.



Un siglo de vida que comparte, a pleno pulmón, la misionera Herminia Altieri Bachiller, quien también ha cumplido 100 años este curso. Algo que es más que significativo, pues esta hermana de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, natural de la localidad conquense de Canalejas del Arroyo, ingresó en la congregación hace 75 años.

Su gente, en el centro del corazón

Una entrega generosa que encarna desde hace décadas en Perú. En los últimos años, desde 2016, se encuentra en la casa de hermanas mayores y enfermas que la comunidad dispone en Lima, la capital, pero la mayor parte de su presencia misionera se dio en la zona del Nieva, en plena Amazonía peruana. Así, no pasa un solo día donde no tenga en el centro de su corazón a su gente.

En conversación con Vida Nueva, nos explica con absoluta sencillez cómo nació en ella la vocación: “Desde que era muy jovencita, siempre quise ir lejos, lejos, a decirle a la gente que había un Dios misericordioso y que nos quería mucho. Quería que lo supieran los que no le conocían para que le amaran mucho”.

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú. Foto: Archivo Vida Nueva

Corrían los difíciles años que siguieron a la Guerra Civil cuando llegó a un Madrid en el que se vivía “un momento horrible, de mucho miedo, pues habían sido asesinados muchos frailes y monjas y se habían quemado muchos conventos e iglesias”. Poco a poco, “se iba volviendo a la normalidad y hubo un florecer de la vida religiosa”.

“Mi vocación nació de escuchar la voz de Dios”

En su caso, siente que “mi vocación nació de escuchar la voz de Dios. Había terminado la guerra, la gente sufría mucho y había que ayudar. Faltaban muchas cosas necesarias para la vida y se pasaba mucha hambre, mucho frío, mucha pena y mucho miedo”.

Hasta que, de pronto, “Julita, una de mis amigas, me dijo un día que quería ‘irse a las misiones’. Y yo le dije: ‘¿Y eso qué es?’. Con mucha naturalidad, me respondió: ‘Es salir de Madrid e ir a ayudar a la gente’. Al principio, dudé y argumenté que ‘en Madrid también hay mucha gente que lo está pasando muy mal y necesita nuestra ayuda’. Ella me dio la respuesta definitiva: ‘Tú no te preocupes, que aquí son muchos los que hay para ayudar, pero en las misiones no hay nadie’”.

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú. Foto: Archivo Vida Nueva

Y así, con absoluta sencillez y tras un breve discernimiento, Herminia se dirigió a su familia para explicarles que quería ingresar en una congregación religiosa. Pero no en una cualquiera, sino “en una que fuera a las misiones”. Dejarlo todo atrás, claro, “era algo fuerte, pero estaba muy contenta porque veía muy clara la voluntad de Dios conmigo. Realmente, sentía que ese amor del Señor, que nos regala a todos, tenían que conocerlo aquellas personas que a lo mejor no lo tenían presente en su vida”.

Congregación fundada por Pilar Navarro

Tras preguntar en un primer convento de otra comunidad, “las hermanas me animaron a ir a otro que estaba muy cerca de ese y en el que sabían que allí podía estar mi sitio, pues ya les mostré mi pasión por querer ir a la misión”. Fue así como conoció a la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, que había nacido un poco antes, en 1942, fundada por Pilar Navarro, que fue su superiora general entre 1944 y 1966.

Tantas décadas después, Herminia recuerda perfectamente cómo fue ese día: “Llamé a la puerta y me abrió la hermana Celestina, que me fascinó con su hablar tan dulce. Luego, ella me llevó ante la fundadora, la madre Pilar. Nada más saludarnos, a las dos nos hizo mucha ilusión saber que éramos de Cuenca. Ahí se generó mucha confianza y hablamos de todo. Sin dudarlo, ella me ofreció quedarme con ellas. Yo le dije que iba sin ‘nada’ y ella me respondió algo que no olvidaré: ‘¿Nada? Tú eres tu persona’”.

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú. Foto: Archivo Vida Nueva

Lo que siguió fue el definitivo paso en su vida. El de la misión en Perú y, concretamente, con los pueblos amazónicos: “Echo la vista atrás y me hace muy feliz, pues, desde el primer día, Perú entró en mí… Siempre he querido al país y, cuando he salido de él por cualquier motivo, siempre lo he extrañado. En todo momento, me he sentido muy querida por las familias con las que he convivido”.

“¡Me han querido y yo les he querido!”

De hecho, “trabajar en la Amazonía ha sido para mí la alegría más grande de este mundo. Estoy tan contenta, tan feliz de sentirme en todo momento tan encajada aquí… ¡Lo mejor es la gente! ¡Me han querido y yo les he querido! Y, sobre todo, me alegra haber podido hacer presente a Dios, teniendo todos claro que Él nos ama y que nosotros hemos de desear amarle”.

Está orgullosa de muchas cosas, pero sobre todo de todo lo que ha aprendido de sus gentes y lo mucho que le han nutrido el alma: “El pueblo en el que me he encarnado durante todos estos años años ha sido el awajún. De los aguarunas, como son conocidos, he aprendido todo. Lo primero que quiero decir es que son muy respetuosos, aceptando a la persona sea como sea. Y luego hay que destacar que son muy trabajadores”.

Tras una década en Lima, en una residencia de su congregación donde llegó nonagenaria, reconoce que, de haber dependido de ella, “me habría quedado con ellos toda la vida, pues los sentía como algo mío. Para mí, han sido un regalo de Dios. Y, por supuesto, siguen formando parte de mi vida aunque ahora tenga que vivir en la capital. Tengo un montón de ahijados y les tengo siempre presentes. Con ellos he tenido una vida preciosa, de la que doy gracias a Dios cada día”.

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú

Herminia Altieri, misionera centenaria en Perú. Foto: Archivo Vida Nueva

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