Encuentro por los 10 años de Amoris laetitia en el Vaticano. Foto: Vatican Media
“No existe un único modelo estereotipado de familia ideal, sino más bien un complejo mosaico de realidades diversas, marcadas por alegrías, esperanzas, dificultades y heridas”. Diez años después de la publicación de ‘Amoris laetitia’, el cardenal Filipe Neri Ferrão ha situado este jueves la diversidad de las familias en el centro de la reflexión que reúne en Roma a los presidentes de las Conferencias Episcopales y a los jefes de las Iglesias Orientales Católicas.
La intervención del arzobispo de Goa y Damán, presidente de la Conferencia Episcopal Católica de la India, llega un día después de que León XIV pidiera a los responsables eclesiales preguntarse “qué tipo de Iglesia” encuentran las personas cuando atraviesan sus momentos de mayor fragilidad y reconociera la distancia que existe, en muchos contextos, entre la forma en que se viven el sexo y la intimidad y la visión cristiana del matrimonio.
“No llegamos con respuestas prefabricadas. Discernimos junto a las familias y, haciéndolo, aprendemos cómo se le pide a la propia Iglesia que cambie”, ha afirmado Ferrão durante la segunda jornada del encuentro ‘Diez años después de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias de hoy’.
Partiendo principalmente de su experiencia en la India y en Asia, el cardenal ha descrito unas estructuras familiares sometidas a “transformaciones profundas y radicales”. Las grandes familias extensas y multigeneracionales están dando paso, cada vez más, a hogares pequeños, mientras aparecen nuevas formas de convivencia y crecen los matrimonios interreligiosos.
En sociedades marcadas por una fuerte diversidad religiosa, estos últimos plantean nuevas cuestiones sobre la práctica y la transmisión de la fe. A ello se suma la movilidad provocada por la urbanización, el crecimiento económico, la educación y la búsqueda de mejores oportunidades, que hace que muchas familias ya no permanezcan vinculadas durante toda su vida a una única parroquia.
Ferrão ha señalado también las desigualdades que acompañan ese proceso. “El crecimiento es rápido, pero desigual; las oportunidades aumentan, pero el acceso a ellas sigue siendo discriminatorio”, ha explicado. “La inseguridad económica, la pobreza, el desempleo y la incertidumbre sobre el futuro pesan fuertemente sobre muchas familias”.
En determinadas zonas de India y Asia, además, las familias cristianas se enfrentan a “una creciente polarización religiosa y hostilidad”, una situación que, según el cardenal, dificulta tanto la expresión pública de la fe como su transmisión dentro del hogar.
“La fragilidad no es ausencia de gracia”, ha advertido. “Si escuchamos con atención, percibimos la sabiduría y la fidelidad que acompañan al dolor”. Su propuesta cambia así la pregunta que la pastoral dirige habitualmente a las familias: “No nos preguntemos qué les falta a las familias, sino qué está haciendo ya Dios en medio de ellas”.
En este sentido, el cardenal ha destacado la capacidad de muchas familias para sostener los vínculos en situaciones de pobreza, migración o incertidumbre, así como la atención cotidiana a niños, mayores, enfermos y personas vulnerables. “Incluso en medio de la pobreza, la migración y la incertidumbre, nuestras familias siguen creando espacios positivos de alegría y esperanza”, ha asegurado.
“Debemos pasar de la misión dirigida a las familias a la misión entre las familias”, ha continuado Ferrão. “No podemos actuar como guías desde la distancia y limitarnos a señalar la meta. Debemos ser faro y lámpara: uno señala el horizonte, la otra ilumina el siguiente paso y camina a su lado”, ha explicado. “Las familias no son solo destinatarias de asistencia. Las familias colaboran con la Iglesia en la misión”, ha aseverado.
La jornada había comenzado con una intervención del secretario general del Sínodo, el cardenal Mario Grech, que ha pedido escuchar no solo el Magisterio y el Evangelio, sino las experiencias concretas de las familias diez años después de la exhortación de Francisco, cuya recepción, ha dicho “no ha sido uniforme”.
“Su recepción también ha conocido tensiones e interpretaciones diferentes”, ha señalado. Para el cardenal, esas discrepancias forman parte del proceso que ahora debe ser revisado por las Iglesias locales. “Todo esto forma parte de la historia que estamos recorriendo juntos aquí, preguntándonos qué hemos aprendido en el intento de traducir Amoris laetitia a la práctica pastoral”, ha añadido.
Las diferentes respuestas, ha señalado, han estado condicionadas por “los distintos contextos culturales, las tradiciones eclesiales, las oportunidades y los desafíos”. Por ello, Grech ha pedido prestar una atención especial a las voces que no llegan a través de “estadísticas, teorías o conceptos abstractos”, sino mediante las experiencias concretas de matrimonios, padres, hijos, jóvenes que se preparan para casarse o personas mayores que continúan viviendo su vocación familiar.
“Las familias son protagonistas de la misión de la Iglesia, y de ellas tenemos mucho que recibir y aprender”, ha afirmado. Su experiencia, ha añadido, puede ayudar a comprender cómo el Evangelio “se hace carne en la vida cotidiana”.
El secretario general del Sínodo ha recordado también que fidelidad y fragilidad pueden convivir dentro de una misma historia. Incluso familias comprometidas con su vocación atraviesan “momentos de incertidumbre, tensiones en las relaciones, sufrimientos y situaciones en las que necesitan apoyo”.
Entre las cargas actuales, Grech ha enumerado la incertidumbre económica, las presiones culturales e ideológicas, la fragmentación social y la inestabilidad política. Otras familias viven directamente las consecuencias de las guerras, que “trastornan la vida familiar, separan a los seres queridos y obligan a muchos a abandonar sus hogares”.
“Algunas cargan con cargas que parecen demasiado pesadas para soportarlas”, ha reconocido. También ha pedido escuchar “las dificultades que las familias enfrentan en su relación con nuestras comunidades cristianas” y revisar cómo puede acompañarlas mejor la acción pastoral. Pese a esas heridas, Grech ha identificado que permanece el deseo de “amar y ser amados, pertenecer a alguien, construir relaciones estables y un futuro marcado por la esperanza”.