León XIV ha pedido este lunes seguir dando espacio al trabajo y a la aportación femenina dentro del Vaticano. Y es que el Papa ha reconocido que “la presencia de las mujeres constituye una riqueza que debe ser reconocida y valorada cada vez más” durante un encuentro con representantes de la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos y de la asociación Donne in Vaticano.
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El Papa ha recibido a ambos colectivos después de agradecerles “la dedicación y el espíritu de servicio” con los que desarrollan diariamente su trabajo en los distintos organismos de la Santa Sede. Una labor que, ha recordado, forma parte también de la colaboración con el ministerio pastoral del Pontífice.
El trabajo ante el avance de la IA
“Ante los desafíos actuales que se plantean al mundo del trabajo, en particular por los desarrollos de la inteligencia artificial, es más decisivo que nunca mantener despierta la atención sobre la centralidad insustituible de la persona humana y sobre la dignidad inalienable del trabajo”, ha afirmado el pontífice.
De esta manera, el Papa ha recordado que el trabajo “no es un simple instrumento, sino que expresa y acrecienta la dignidad de nuestra vida” y constituye “un camino ordinario hacia la madurez, el desarrollo y la realización personal”.
Y es que trabajar permite también, ha añadido, contribuir “al progreso de la sociedad y a la construcción del bien común”, poner en juego las propias capacidades, sostener a las familias y aprender a construir con otros “algo que nadie podría realizar por sí solo”.
El Vaticano como comunidad de trabajo
León XIV ha recuperado después dos conceptos que sus predecesores habían utilizado para hablar del trabajo en la Santa Sede: “comunidad y unidad”.
Quienes trabajan para el Vaticano, ha señalado, desempeñan funciones distintas, pero forman parte de una misma comunidad eclesial y colaboran, “con igual dignidad”, en una misma misión. Ese compromiso debe expresarse también en “la escrupulosa fidelidad a todos los cometidos y deberes asignados, así como en el celo, la laboriosidad y la profesionalidad” de quienes trabajan en la Sede Apostólica.
El diálogo frente a la confrontación
Al dirigirse a la Asociación de Empleados Laicos Vaticanos, el Papa ha retomado unas palabras de Juan Pablo II sobre el papel de las organizaciones de trabajadores dentro de la Santa Sede.
Y es que el pontífice polaco había reconocido su utilidad para fomentar la colaboración, pero había advertido de que “no responde a la doctrina social de la Iglesia el deslizamiento de este tipo de organizaciones hacia el terreno de la conflictividad o de la lucha”.
León XIV ha hecho suya esa llamada y ha situado el diálogo como la vía para afrontar los problemas laborales. “El camino del diálogo sigue siendo la vía maestra”, ha afirmado, animando a recorrerla “con confianza y creatividad” en la búsqueda de soluciones compartidas.
Una idea que ha relacionado además con su primera encíclica, ‘Magnifica humanitas’, donde presenta el diálogo como “parte integrante de la vocación de la Iglesia”, “instrumento principal de la convivencia entre las personas” y “vía ordinaria para afrontar los conflictos”.
“La presencia de las mujeres constituye una riqueza”
El Papa se ha dirigido después específicamente a la asociación Donne in Vaticano y ha destacado su capacidad para favorecer dentro de las instituciones “un estilo de colaboración, de escucha recíproca y de atención a las situaciones de dificultad”.
“La presencia de las mujeres constituye una riqueza que debe ser reconocida y valorada cada vez más”, ha insistido, subrayando que las mujeres aportan a las instituciones “una especial sensibilidad hacia las personas y las relaciones”, junto con “el conjunto de talentos humanos, profesionales e intelectuales propios de la experiencia y del pensamiento femenino”.
“Su competencia, capacidad de discernimiento, creatividad y sentido práctico enriquecen la vida de las instituciones y contribuyen a adquirir una mirada más amplia sobre la realidad y sobre los problemas que se presentan”, ha añadido.
Que nadie sea “utilizado ni pisoteado”
León XIV ha concluido su discurso con un llamamiento a construir “una comunidad de trabajo donde las personas no sean utilizadas ni pisoteadas”, donde exista ayuda mutua y se reconozcan “el valor y la competencia” de cada trabajador.
Una manera, ha aseverado, de evitar que dentro de las instituciones se acumulen “insatisfacciones y resentimientos” y de hacer de la propia organización del trabajo un espacio coherente con los principios que la Santa Sede defiende hacia fuera.
