El secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, cree que ha llegado el momento de “detenernos a reflexionar seriamente sobre las posibles consecuencias de la Inteligencia Artificial y su uso” y sobre los peligros que puede llevar consigo. Lo ha hecho durante la conferencia ‘Fe y Razón en la Era de la Inteligencia Artificial’, celebrada en la Cámara de Diputados italiana, donde ha pedido que el desarrollo de esta tecnología no quede únicamente en manos de empresas o de decisiones individuales de los Estados.
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Para el cardenal, la IA representa “el producto más reciente y avanzado de la ciencia, el orgullo de la tecnología nacida de la reivindicación de la autonomía y la libertad humanas”. Sin embargo, ha advertido que aquello que nace precisamente del deseo humano de ampliar sus posibilidades “se está convirtiendo en la divinidad que devora los espacios de libertad y capacidad de decisión para estandarizar a la humanidad y al sistema”.
“El futuro de la humanidad depende de ello”
Parolin ha respaldado la petición del presidente italiano, Sergio Mattarella, de que los Estados y organismos supranacionales asuman responsabilidades en la regulación de las nuevas tecnologías. “Un fenómeno global requiere la participación de todos”, ha señalado. Y ha reconocido una preocupación concreta: “Me preocupa que haya países que prefieran actuar por su cuenta”.
“Debe haber la participación de todos en la elaboración de normas comunes”, ha reclamado el secretario de Estado vaticano. “Espero que todos colaboren para encontrar soluciones porque, creo, el futuro de la humanidad depende de ello”.
La Santa Sede, sin embargo, no pretende ofrecer por ahora un modelo técnico cerrado. Preguntado por la posibilidad de promover ante Naciones Unidas un organismo internacional dedicado específicamente a la IA, Parolin ha explicado que el papel del Vaticano está principalmente en otro terreno. “La Santa Sede normalmente explica y presenta los principios”, ha señalado. A partir de ahí, corresponderá a los Estados y al resto de actores implicados encontrar las estructuras concretas de cooperación.
Una autorregulación con “razón ética”
El cardenal ha valorado también que las propias grandes compañías tecnológicas hayan comenzado a hablar de autorregulación, aunque ha introducido una condición. “Esperamos que este tipo de reflexión esté motivada por una razón ética”. El problema, según Parolin, aparece cuando el enorme poder tecnológico responde fundamentalmente a intereses privados y deja en segundo plano el bien común.
Sin embargo, el cardenal ha recordado que la inteligencia artificial, “no es ni buena ni mala” en sí misma. Pero obliga a tomar decisiones sobre cómo se utiliza y, sobre todo, sobre aquello que el ser humano está dispuesto a delegar en ella. “Lo que está en juego es la defensa de la persona humana, de su dignidad, su libertad y su propia identidad”, ha concluido.
“Hoy en día, la inteligencia artificial está ganando terreno porque cuando abres el ordenador y lees algo, ya te presenta el resumen”, ha explicado. Pero hay una tarea que, al menos por ahora, no piensa delegarle: preparar sus homilías. “La inteligencia artificial es solo una cabeza, no tiene corazón. Intento ponerle un poco de corazón a mis homilías”, ha respondido.
El cardenal Pietro Parolin en la Basílica de Guadalupe. Foto: Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe
Ucrania: “La diplomacia de la Santa Sede siembra, no cosecha”
Las preguntas de los periodistas han llevado también al secretario de Estado hasta la guerra en Ucrania y los resultados de la mediación vaticana. En este sentido, Parolin ha admitido que “los resultados son bastante escasos”, aunque ha asegurado que la Santa Sede continuará con su trabajo humanitario.
“La diplomacia de la Santa Sede, la diplomacia de sembrar, no cosecha”, ha señalado. “Esperamos que, al seguir sembrando, algún día, cuando Dios quiera, también cosechemos”. “Solo dialogando se pueden encontrar soluciones”, ha afirmado. “Creo que este es el camino que repetimos con tanta frecuencia en diplomacia: la solución en la que todos ganan”, ha señalado. “Si avanzamos por este camino, tal vez ya no exista la necesidad ni la posibilidad de que uno prevalezca sobre el otro o de que uno sea destruido por el otro”.
