El Papa ha presidido la audiencia general en la plaza de San Pedro ante miles de fieles
El papa León XIV, durante la audiencia general. Foto: EFE
“Dios nos creó a su imagen y semejanza y nos otorgó una dignidad única e indeleble. Por lo tanto, comprometámonos a promoverla y defenderla siempre, a la luz del Evangelio. Pidamos al Espíritu Santo que nos ayude”. Así lo ha expresado hoy el papa León XIV durante la audiencia general que ha presidido este miércoles en la plaza de San Pedro ante miles de fieles llegados de todo el mundo, a los que les ha reclamado “fuerza” para comprometerse en esta lucha en todos los ámbitos de la vida.
El Pontífice ha continuado hoy su ciclo de catequesis sobre los documentos vaticanos. Por segunda vez, Robert Francis Prevost se ha centrado en la constitución ‘Gaudium et spes’, haciendo referencia a la dignidad humana.
“El documento conciliar subraya que la misma nos viene de la divinidad, porque la identidad del ser humano es la de haber sido creado a ‘imagen y semejanza de Dios’, capaz de conocer y amar a su Creador (GS, 12). Más aún, la encarnación de Dios Hijo ‘manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación’ (n. 22). Por ello, la persona exige relación, primero con Dios y después con los demás. En este sentido, el hombre es siempre un don que se comparte, que crece y madura al acoger a los otros, en la reciprocidad y en el servicio”, ha señalado el Papa agustino.
En este sentido, citando su primera encíclica, ‘Magnifica humanitas’, ha hecho referencia a las tres expresiones más significativas de la dignidad de la persona: “La inteligencia, que hace al hombre buscador insaciable de la verdad (cf. n. 15); la conciencia, por medio de la que da unidad y sentido a la propia vida (cf. n. 16); y la libertad, que lo hace responsable de sus decisiones (cf. n. 17)”.
El papa León XIV, durante la audiencia general. Foto: EFE
En su saludo a los peregrinos de lengua española, el primer Pontífice norteamericano de la historia los ha invitado a “revalorizar y promover, en ustedes mismos y en los demás, la dignidad única e indeleble que han recibido como seres creados a imagen de Dios y, más aún, al haber sido redimidos por Cristo”.