Encuentro sobre adicciones en Roma
“Desde nuestra mirada cristiana, los problemas de adicción son en primer lugar problemas humanos”. Con esta declaración de principios, la Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de Adicciones (PLAPA) colocaba su piedra fundacional.
Fue en 2023, cuando, bajo el paraguas del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM), se constituía como una red de redes junto a representantes de proyectos pastorales, servicios y comunidades eclesiales de 13 países de América Latina.
Lo hacían desde la conciencia de que “las adicciones son un problema multicausal y complejo”. Así, en la lucha por acompañar a quienes son crucificados por este padecimiento, “hemos recorrido caminos comunes que nos hermanan en el abrazo y en la esperanza”.
Pero todo esto forma parte de un proceso de vieja data. Basta recordar el ‘Documento final’ de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, en 2007, que metamorfoseó el problema de la droga como “una mancha de aceite que invade todo”, atacando por igual a ricos y pobres, y a niños, jóvenes, adultos y ancianos.
Es así como, desde las villas miseria bonaerenses, las favelas brasileñas, las comunas de Medellín o las colonias de Ciudad de México, se fueron constituyendo pequeños hospitales de campaña que salieron a tocar las “llagas del Señor”, como diría Francisco en ‘Evangelii gaudium’ (2013).
A casi 20 años de Aparecida y tres años después de constituirse en red, la PLAPA ha comenzado a recoger frutos. En julio de este año, a través del CELAM, sellaron una histórica alianza con la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD), ente adscrito a la Organización de Estados Americanos (OEA), con la que acordaron establecer “un marco regulatorio” para crear mecanismos de cooperación entre ambos organismos.
Por un lado, la OEA aprende de la experiencia pastoral de la Iglesia en todos estos años, mientras que, por el otro, la Iglesia tecnifica su tarea pastoral para optimizar procesos de evangelización. Así, ganan todos.
Al respecto, Lizardo Estrada, secretario general del CELAM y recientemente nombrado arzobispo coadjutor del Cusco (Perú), señala que en este convenio “aportamos una experiencia de muchos años en el acompañamiento pastoral, el tratamiento y la prevención en el ámbito de las sustancias”.
Al mismo tiempo, reconoce “el invaluable apoyo de la CICAD” para fortalecer a la PLAPA. De hecho, gracias a esta relación previa lograron publicar un manual de la pastoral de adicciones. Eso sí, este es apenas “un punto de partida”, porque “el presente instrumento nos habilita para desarrollar relaciones especiales de cooperación en diversas áreas de interés común”.
Este convenio fue la antesala de un encuentro que la PLAPA realizó en el Vaticano del 25 al 27 de agosto, bajo el lema ‘Respuesta basada en la fe a las drogas y al reclutamiento criminal de jóvenes: un diálogo desde América Latina y el Caribe hacia el mundo’, con el aval de la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL), la Pontificia Academia para la Vida (PAV) y la Oficina Internacional de Asuntos Antinarcóticos e Implementación de la Ley (INL) de Estados Unidos.
Fue un espacio donde se reunieron 300 referentes de los cinco continentes, quienes compartieron experiencias, reconocieron desafíos comunes y avanzaron hacia respuestas organizadas desde las comunidades. Además, contaron con la oportunidad de ser recibidos en audiencia por León XIV, que les dirigió un interpelante mensaje.
Leonardo Silio, coordinador de la Pastoral nacional de adicciones y drogodependencia de Argentina, explica a Vida Nueva que esta plenaria no solo buscó respuestas técnicas, sino desde la voz de la fe, porque la Iglesia trabaja “cuerpo a cuerpo con las comunidades”.
Emilce Cuda, secretaria de la PCAL, insistió en el evento en que “lo que salva es la familia”. Y es que no es suficiente con enfrentar las causas coyunturales, por lo que propuso tres tareas impostergables: reconstruir lazos, fortalecer el sentido de pertenencia y la reinserción social.
La laica argentina recordó que quienes han atravesado ese desierto de las adicciones necesitan encontrar una comunidad que los reciba, porque llegan a este submundo por vínculos familiares rotos. Por eso, “esto debe ir acompañado de oportunidades concretas para el acceso al trabajo mediante la formación”.