La Iglesia alemana vuelve a marcar distancias con la extrema derecha. A pocos días de las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt, el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Heiner Wilmer, ha advertido de que el proyecto político de Alternativa para Alemania (AfD) amenaza principios fundamentales tanto para la democracia como para el cristianismo.
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La Iglesia, ha aclarado, “no quiere ni puede” decir a los ciudadanos qué deben votar. Pero eso no significa permanecer neutral ante determinadas propuestas políticas. “Hago un llamamiento a los votantes de Sajonia-Anhalt para que ejerzan su conciencia. Los inmigrantes no son una molestia”, ha afirmado Wilmer en una entrevista con el Frankfurter Allgemeine Zeitung.
Sus palabras llegan en un momento especialmente delicado. Según las últimas encuestas, AfD podría superar el 40% de los votos y convertirse con una amplia diferencia en la primera fuerza política de este estado del este de Alemania.
“La dignidad humana no tiene alternativa”
Wilmer ha situado el conflicto con la formación ultraderechista en un terreno que va mucho más allá de las diferencias partidistas. “Los cristianos defienden el amor al prójimo y la dignidad humana, especialmente la de los miembros más vulnerables de la sociedad”, ha señalado. “No hay alternativa, ni en Alemania ni en ningún otro lugar”.
“La AfD ataca estos valores fundamentales y socava nuestra forma democrática de gobierno”, ha advertido. Y ha resumido el modelo que, a su juicio, plantea la formación: “Su alternativa para Alemania es una sociedad en la que la libertad, la dignidad humana y la democracia se ven restringidas”.
Entender por qué crece AfD
El obispo reconoce que detrás del crecimiento de la extrema derecha existe también un malestar social que los partidos tradicionales no siempre han sabido escuchar. “Mucha gente, sobre todo en las zonas rurales, se siente abandonada”, ha admitido.
A ello se suma un escenario internacional y económico especialmente complejo: guerras, crisis climática, incertidumbre económica y transformaciones sociales que pueden generar una sensación permanente de inseguridad. “Esto puede resultar abrumador. Y las respuestas fáciles que prometen milagros son tentadoras”, ha reconocido. “No son la solución; lo que se necesita, también en política, es diferenciación y honestidad”, ha advertido.
“La Iglesia resulta atractiva porque la gente anhela la comunidad mientras la fragmentación social aumenta”, ha asegurado. Precisamente por ello, advierte de que el debate sobre la identidad no puede quedar monopolizado por los movimientos identitarios: “No debemos dejar la cuestión de nuestra identidad en manos de los identitarios”.
Su propuesta pasa por una Iglesia que sepa pertenecer sin levantar fronteras. “Nuestra Iglesia debe ser abierta. Se trata de tener un origen sin arrogancia, de pertenecer sin excluir y de ser abierto sin perder la propia identidad”.
