Europa

Fallece Enzo Bianchi, el fundador de Bose que vivía exiliado de la comunidad monástica

| 01/09/2026 - 18:47

El pensador italiano ha muerto a los 83 años después de más de medio siglo dedicado al ecumenismo y a la renovación espiritual de la Iglesia, marcado en sus últimos años por su expulsión de la comunidad que había fundado





Ha fallecido Enzo Bianchi, fundador de la Comunidad Monástica de Bose y una de las figuras más influyentes de la espiritualidad y el ecumenismo italiano de las últimas décadas. El hermano Enzo ha muerto a los 83 años, después de una vida atravesada por el Concilio Vaticano II, el diálogo entre las Iglesias cristianas y, también, por una herida que le acompañó durante sus últimos años: haber tenido que abandonar, por decisión de la Santa Sede, la comunidad que él mismo había creado más de medio siglo antes.



Nacido el 3 de marzo de 1943 en Castel Boglione, en la región italiana del Piamonte, Bianchi comenzó su camino lejos de los monasterios. Estudió Economía en la Universidad de Turín y participó en la Federación Universitaria Católica Italiana durante aquellos años de efervescencia eclesial que acompañaron al Vaticano II.

Fue entonces cuando, junto a otros jóvenes de distintas confesiones cristianas, comenzó a preguntarse cómo recuperar una vida centrada verdaderamente en el Evangelio y en la escucha de la Palabra.

Una casa en Bose y tres años de soledad

La respuesta llegó en diciembre de 1965. Bianchi se trasladó solo a una casa de campo en Bose, una pequeña localidad de la provincia de Biella. Durante tres años vivió allí prácticamente en soledad hasta que, en 1968, comenzaron a llegar los primeros hombres y mujeres, católicos y protestantes, dispuestos a compartir una vida de oración, celibato y trabajo. Así nació la Comunidad de Bose, que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes laboratorios ecuménicos de la Iglesia europea contemporánea.

Bianchi fue su prior hasta 2017 y desde aquella pequeña comunidad construyó una red de relaciones que atravesó las fronteras entre católicos, ortodoxos y protestantes. Predicador, ensayista y colaborador habitual de algunos de los principales periódicos italianos, fundó también la editorial Qiqajon y participó durante años en algunos de los principales espacios de reflexión eclesial.

Juan Pablo II lo incluyó en 2004 en una delegación enviada a Moscú; participó en distintas asambleas del Sínodo de los Obispos entre 2008 y 2018 y Francisco lo nombró en 2014 consultor del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

La ruptura con Bose

La historia de Bianchi y Bose terminó de la forma más dolorosa. En 2020, después de una visita apostólica y de una larga crisis interna en la comunidad, la Santa Sede ordenó que el fundador abandonara definitivamente el monasterio junto a otros miembros. Bianchi, que había pasado allí 55 años, vivió aquella decisión como un auténtico exilio.

“Fue un momento de gran dolor. Porque me sentí traicionado por algunos de mis hermanos”, reconocería después. Y añadió: “Como no recibí ninguna explicación, nunca supe las acusaciones exactas, salvo algunas muy generales”. Su interpretación de lo ocurrido fue todavía más dura: “Fue una persecución implacable. Yo y los demás expulsados pedimos que se nos permitiera convertirnos y pedir perdón. No nos fue concedido”.

Años después, al cumplir los 80, resumió aquella mezcla de desencanto y fidelidad con una frase que terminó convirtiéndose casi en una explicación de su propia trayectoria: “Antes queríamos cambiar el mundo y la Iglesia. Ahora que soy mayor, mi mayor lucha es contra la posibilidad de que el mundo y la Iglesia me cambien a mí”.

“Han pasado los años y nos damos cuenta de que no hemos logrado cambiar nada. Me siento derrotado, pero lo volvería a intentar”, añadía. Así, tras su salida de Bose puso en marcha la Casa della Madia, en Albiano d’Ivrea, una nueva experiencia que él mismo se resistía a definir como una segunda comunidad monástica. “Quien engendra un hijo no puede regenerarlo ni hacerlo nacer de nuevo”, explicaba al descartar cualquier intento de reproducir Bose.

Prefería hablar de una “fraternidad cristiana”, abierta tanto a creyentes como a no creyentes que buscaran silencio, escucha y un lugar donde detenerse. “Elegí seguir los pasos de san Antonio y comenzar un nuevo proyecto, igual que él, a los 80 años”, explicó entonces.

Allí recuperó también una de las grandes pasiones de su vida: trabajar la tierra. Entre un huerto, una pequeña capilla instalada en un antiguo establo y una biblioteca de unos 10.000 volúmenes, Bianchi quiso reducir la convivencia a una única regla: “Mirarnos a los ojos y considerarnos hermanos y hermanas”.

Francisco y un prólogo inesperado

La ruptura con Bose tampoco terminó por romper su relación con Francisco, pese a que fue durante su pontificado cuando la Santa Sede confirmó su salida de la comunidad. El propio Bianchi hablaba de una relación de afecto con el pontífice argentino: “Francisco, con su evangelismo radical, me conmovió. Nos hicimos amigos, e incluso me escribió cartas que me halagaban”.

El gesto más significativo llegó en 2024. Bianchi publicó Fraternidad, uno de sus primeros grandes trabajos desde aquella nueva etapa, y el encargado de escribir el prólogo fue precisamente Francisco. El Papa se refirió en aquellas páginas al “hermano Enzo Bianchi” y destacó que su reflexión mostraba que “la fraternidad es la vocación de la humanidad”. Un gesto que fue leído inevitablemente como una forma de reconciliación después de los años más difíciles.

Enzo Bianchi co el papa Francisco. Foto: Vatican Media

“Para mí, Jesucristo es suficiente”

En sus últimos años, Bianchi contempló con especial tristeza la guerra en Ucrania, que consideraba también un fracaso de décadas de esfuerzos ecuménicos entre las Iglesias europeas. “Verlos enfrascados en un conflicto, donde terminamos bendiciendo las armas, deseando la derrota del enemigo y rezando a Dios por la victoria, es algo que desestabiliza mi fe cristiana”, lamentó.

Hasta el final mantuvo, sin embargo, aquella forma poco convencional de hablar de la fe que había caracterizado toda su trayectoria. Ante la pregunta por Dios y por la muerte, respondía sin grandes certezas abstractas. “Siempre he percibido la palabra ‘Dios’ como ambigua, insuficiente”, confesaba. “Siento una fuerte conexión con Jesucristo. Creo que iré a Dios, lo conoceré, a través de Jesucristo”. “Para mí, Jesucristo es suficiente; Él me guiará hacia Él”.

El funeral de Enzo Bianchi se celebrará este jueves a las 16:30 horas en la parroquia de Castel Boglione, su localidad natal, donde será enterrado. Allí concluirá la historia de alguien que quiso cambiar la Iglesia.

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