Tras despedirse de la comunidad de monjas agustinas en Pennabilli, el papa León XIV emprendió viaje en helicóptero hacia Rímini para protagonizar los actos de la primera parte de la tarde. Para ello participó en el 47° Encuentro por la amistad entre los pueblos, el conocido Meeting de Rímini organizado cada año por Comunión y Liberación.
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En el helipuerto de la Feria de Rímini, el Papa fue recibido por el obispo diocesano, Nicolò Anselmi; el presidente de la región de la Emilia Romaña, Michele de Pascale; la prefecta Giuseppina Cassone y el alcalde Jamil Sadegholvaad. En la entrada oeste del recinto le aguardaban las máximas autoridades del certamen, encabezadas por Bernhard Scholz, presidente del Meeting, y Davide Prosperi, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, junto a los coordinadores y miembros del equipo organizativo.
León XIV inició su recorrido por los pabellones feriales visitando en primer lugar la muestra dedicada a San Agustín y, seguidamente, la exposición sobre el emprendedor León Harmel. A continuación se desplazó hasta el ‘Villaggio Ragazzi’, donde dirigió unas breves palabras de saludo a los niños y jóvenes congregados, y acudió al Auditorio para saludar formalmente a cerca de 5.000 participantes del encuentro antes del acto principal de la jornada.
La misericordia frente al belicismo
Tras las intervenciones de bienvenida de Bernhard Scholz y Davide Prosperi, el pontífice tomó la palabra para, entre continuos aplausos, ofrecer una intervención marcada por la coyuntura internacional. Rememorando las palabras de san Juan Pablo II en este mismo foro, León XIV destacó que la paz la custodian aquellas personas “a las que les gusta reunirse y que no temen el diálogo”, al tiempo que insistió en que “antes que las fronteras, las definiciones y las instituciones, siempre están las personas”.
Analizando las tensiones de la sociedad contemporánea, el Papa subrayó que “el mal no se combate con el mal” e hizo un llamamiento directo a los pensadores y dirigentes creyentes: “Al falso realismo, que rearma las mentes, las palabras y las naciones, la cultura católica debe oponer hoy el realismo de la misericordia”. En esta misma línea, instó a desarmar “el desarrollo tecnológico cuando se vuelve omnipresente y destructivo”, urgiendo a liberar el trabajo de la “idolatría del lucro” y a desvincular las finanzas de los “negocios de la muerte”. Frente al abatimiento de la época actual, el Papa pidió evitar que cunda el cansancio y reclamó la presencia de líderes capaces de “reavivar los sueños y las visiones”.
El “riesgo de educar”
Dirigiéndose con afecto a los miles de jóvenes y voluntarios presentes en el recinto, León XIV les garantizó que su entusiasmo de fe es “la prueba de que el futuro es una promesa, no una amenaza”. Evocando el célebre cierre dantesco sobre “el amor que mueve el sol y las demás estrellas”, el pontífice les exhortó a romper cualquier aislamiento: “¡Pónganse en juego! Ábranse a una verdadera catolicidad, ampliando sus vínculos más allá de cualquier pertenencia demasiado limitada”.
Apoyándose en la intuición de Luigi Giussani sobre “el riesgo de educar”, el Papa subrayó que en la experiencia cristiana “nunca hay coacción ni adoctrinamiento”, pues la fe “sólo existe en la libertad, en el encuentro vivo, en la entrega generosa de uno mismo”. Tras recordar que la Iglesia no crece por proselitismo sino “por atracción” y defender el valor de la sinodalidad y la escucha mutua en plena “era digital”, León XIV animó a los movimientos eclesiales a mantener siempre viva la unidad con la Sede Apostólica.
Concluido el acto en el Grande Auditorium, el Papa abandonó el recinto ferial y se trasladó en automóvil hacia la Catedral de Rímini para dar paso al siguiente compromiso de su agenda vespertina: el encuentro con los enfermos, personas con discapacidad y necesitados atendidos por Cáritas.
