El centro de salud de la Santa Sede combina innovación, prevención y el carisma de la hospitalidad mientras Italia se enfrenta a temperaturas récord
Sanatorio Marítimo de Gijón de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios
Con más de 16.000 muertes adicionales registradas en los últimos tres meses debido al calor extremo, Europa se enfrenta a una crisis de salud pública sin precedentes. Ante este escenario, la Farmacia Vaticana, situada a la sombra de la cúpula de San Pedro, ha activado una serie de medidas para proteger a los grupos más frágiles.
El religioso Binish Thomas Mulackal, director de la institución y miembro de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, advierte de la gravedad de la situación: “Las olas de calor representan un verdadero desafío para la salud pública, especialmente para los ancianos, los niños y las personas con enfermedades crónicas”.
Para hacer frente a las altas temperaturas, el centro ha aumentado drásticamente la disponibilidad de productos de rehidratación, suplementos salinos y protectores solares, según ha relatado Mulackal en una entrevista a los medios vaticanos. Además, desde la farmacia insisten en la importancia de la prevención, recomendando a la población evitar la exposición al sol en las horas centrales del día, mantenerse hidratados incluso sin sed y llevar una dieta ligera rica en frutas y verduras.
Más allá de la dispensación diaria de miles de medicamentos a empleados, peregrinos y residentes, la Farmacia Vaticana colabora estrechamente con las clínicas gratuitas “Madre di Misericordia” y “San Martino”. A través de esta sinergia, garantizan los tratamientos a personas en situación de vulnerabilidad económica y social.
“La salud es un derecho fundamental para todos, y la dignidad de la persona siempre está por encima de cualquier otra consideración”, subraya el director, recalcando que nadie debería tener que renunciar a un tratamiento por motivos económicos.
Fundada en 1874, la Farmacia Vaticana sigue siendo un referente en la elaboración de preparados galénicos, adaptando las terapias a las necesidades específicas de cada paciente. Destacan sus reconocidas cápsulas de extractos vegetales, como la espirulina, así como sus productos históricos: el enjuague bucal ‘Stomaticon’ y sus tradicionales aguas perfumadas.
Sin embargo, la tradición no está reñida con la modernidad. Desde 2019, la institución se encuentra inmersa en un proceso de robotización y automatización logística. El objetivo es aumentar la seguridad y rapidez en la distribución, pero con un fin puramente humano: liberar al personal de tareas mecánicas para que puedan dedicar más tiempo a los pacientes. “La tecnología nunca reemplaza a las personas”, señala fray Mulackal. “Detrás de cada receta, cada solicitud y cada consejo hay una historia personal que merece atención, respeto y aceptación”.
De cara a los desafíos presentes y recordando la reciente experiencia del Año Santo 2025, el equipo de la farmacia mantiene vivo el carisma de San Juan de Dios: poner siempre a la persona en el centro.
Como recuerda su director, el objetivo trasciende la mera entrega de medicamentos para convertirse en un acto de acogida y esperanza: “Queremos que toda persona que entre en la Farmacia Vaticana se sienta acogida no solo como paciente, sino como hermano o hermana, sabiendo que la verdadera sanación siempre surge del encuentro entre el conocimiento científico, la caridad y la esperanza”.
Este verano la Farmacia Vaticana abre de lunes a viernes de 8:30 a 15:00 h; y los sábados de 8:30 a 13:00 h (hasta el 29 de agosto). Y el puesto en el Braccio di Carlo Magno, de lunes a sábado de 8:30 a 19:30 h. También cuentan con una página web renovada: www.farmaciavaticana.va.