La consigna de la recaudación es: “Seguimos en solidaridad: Chile nos necesita hoy”
Es pleno desierto. Ahí nunca llueve. No hay costumbre de prepararse para la lluvia. El reciente temporal cubrió todo el norte desértico de Chile alcanzando niveles históricos. Lluvias torrenciales inusuales en pleno desierto de Atacama provocaron aluviones e inundaciones en las quebradas que bajaron hasta las ciudades del litoral.
Al ser el desierto de Atacama una de las zonas más áridas del planeta, el suelo no absorbe el agua y posee materiales que se disuelven o degradan con facilidad ante grandes volúmenes hídricos, facilitando fallas estructurales y deslizamientos de tierra.
Según los balances oficiales de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) y los reportes locales, las acumulaciones de agua alcanzaron cifras equivalentes a varios años de lluvia, provocadas por una baja segregada (DANA). Hubo vientos en la cordillera de hasta 110 km/h, fuerte tormenta de arena cubrió la ciudad de Iquique, intensas tormentas eléctricas y fuertes ventiscas o nevadas en las zonas de alta montaña de Tarapacá, Arica y Parinacota.
En el puerto de Tocopilla en dos días cayó mucha más agua que en su promedio anual provocando tal magnitud de daños que el Gobierno declaró estado de catástrofe para esa provincia, con lo que activan recursos para emergencias y colaboración de las Fuerzas Armadas.
Algunos miles de personas evacuadas, viviendas destruidas o con daños severos, cortes de rutas, han sido los principales efectos que ha dejado este temporal. Además de enormes masas de barro.
Cáritas Chile ha coordinado los equipos diocesanos para atender las necesidades de los afectados. Se mantiene un amplio despliegue de solidaridad expresada en organizar equipos de ayuda desde las parroquias y las diócesis han abierto albergues.
El obispo de Copiapó, Ricardo Morales, activó una campaña diocesana con el lema “Que nadie se sienta solo”, recolectando aportes económicos, alimentos no perecibles, ropa, frazadas y útiles de aseo personal que ha sido distribuida, a través de los equipos de emergencias, en los sectores afectados: Vallenar, Alto del Carmen, Freirina, Huasco, Copiapó.
En La Serena se habilitó una red de centros de acopio para recolección de ayuda que luego se ha distribuido a través de las parroquias. Cuadrillas de voluntarios apoyan a los afectos en la remoción de barro, escombros, limpieza de viviendas anegadas y reparaciones de infraestructura básica en las comunas más afectadas.
La organización activó la campaña “Seguimos en solidaridad: Chile nos necesita hoy” para recaudar dinero a través de una cuenta corriente bancaria, de cuyos resultados ya se han beneficiado las diócesis de Arica e Iquique que ha realizado compra de alimentos, ropa, útiles de aseo y materiales para reparaciones de emergencia.
Otra importante dimensión de la acción de la iglesia está siendo el acompañamiento comunitario, en el que párrocos y voluntarios participan en la evaluación de daños, en la contención a familias vulnerables frente a las bajas temperaturas y heladas posteriores al temporal y organizando actividades de apoyo emocional a los damnificados.