En el noreste de la República Democrática del Congo, las escuelas católicas se están preparando para el inicio del año académico 2026-2027 con el firme objetivo de que los jóvenes no pierdan un año de su educación. Esta preparación se lleva a cabo en medio de fuertes medidas sanitarias, un clima de inseguridad crónica y la esperanza que suscitan los ensayos de vacunas contra el ébola, según los medios vaticanos.
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Brote que no cesa
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el actual brote se está propagando a una velocidad mayor que los anteriores, registrando un balance provisional de 4.449 casos confirmados y 2.061 muertes. Pese a esta grave situación sanitaria, el Ministerio de Educación Nacional ha anunciado que las clases se reanudarán oficialmente en todo el país el martes 1 de septiembre.
En la diócesis de Bunia, situada en la provincia de Ituri, los preparativos se enfrentan a circunstancias especialmente adversas debido a que el país se encuentra en su 17º brote de ébola. El sacerdote Willy-Rogatien Dzaringa, coordinador diocesano de las escuelas católicas de Bunia, detalló que se están implementando rigurosas medidas preventivas para asegurar un retorno seguro de los alumnos a las aulas.
Entre las acciones prácticas se incluyen la reactivación y el aumento de estaciones de lavado de manos, el suministro de termómetros de frente sin contacto y la designación de personal encargado para reportar diariamente la información sanitaria de cada escuela. Sin embargo Dzaringa advirtió que los fondos para costear estos recursos son altamente insuficientes y que, a pesar de algunas donaciones de socios humanitarios, el equipamiento disponible está muy por debajo de las necesidades reales, afectando especialmente a las zonas rurales.
Problema de inseguridad crónica
Para recuperar la confianza y tranquilizar a las familias, la diócesis está trabajando en la difusión de información clara sobre las medidas de protección implementadas contra el virus. Esta importante labor de concienciación se realiza con el apoyo de la Asociación de Padres de Alumnos de Escuelas Católicas (APEC), las parroquias, la radio diocesana y otros medios de comunicación locales. Además, la formación preventiva del personal docente no parte de cero; comenzó entre mayo y junio del año anterior y ha continuado incluso durante las vacaciones escolares. Para estas tareas, la diócesis cuenta con el respaldo fundamental de la oficina de Servicios Médicos de la Cáritas diocesana y de sus socios.
A la crisis sanitaria se suma un problema de inseguridad crónica provocado por sucesivas oleadas de violencia que llevan afectando a las escuelas aproximadamente desde 2018. Dzaringa relató las enormes dificultades para integrar a los niños desplazados en el sistema educativo, ya que los constantes brotes de violencia obligan a los alumnos a huir repetidamente, interrumpiendo su educación.
A pesar de los múltiples desafíos, las escuelas mantienen su determinación de seguir matriculando a los estudiantes desplazados en aquellas instalaciones con capacidad para recibirlos, cumpliendo siempre con las medidas sanitarias. Por otro lado, los actuales ensayos clínicos de la vacuna contra la cepa Bundibugyo han generado una gran esperanza en la población de Ituri, que espera que estas campañas logren controlar de manera efectiva una epidemia que ya se ha cobrado muchas vidas.
Finalmente, el coordinador diocesano hizo un llamamiento urgente a la comunidad internacional. Aunque el gobierno congoleño declaró este 17º brote a mediados de mayo y la OMS declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional, Dzaringa señaló que aún falta una coordinación o centralización efectiva de las diversas iniciativas sobre el terreno para lograr resultados tangibles.
El sacerdore denunció que, pese a los discursos oficiales que anuncian la movilización de millones de dólares, “la gente sigue muriendo en gran número”. Por ello, instó a la OMS, a UNICEF, a los socios humanitarios internacionales y al propio gobierno a fortalecer sus acciones, señalando que esta es la única vía para salvar el curso escolar 2026-2027 para los jóvenes de Bunia. Mientras tanto, la OMS declaró a mediados de agosto que están en marcha esfuerzos para revertir la propagación del virus en un plazo de tres meses.
