El gran evento del verano se convierte en el ensayo general para recibir al papa León XIV el próximo 27 de septiembre de 2026
Basílica del Rosario de Lourdes, fachada
La presencia constante de peregrinos enfermos, ancianos y personas con discapacidad en el santuario de Lourdes ha convertido este espacio en un lugar donde la vulnerabilidad se expone de manera visible y natural. En el marco de la edición número 153 de la Peregrinación Nacional de la Asunción, el recinto se presenta como un auténtico laboratorio de la atención que la Iglesia dedica a la fragilidad humana. Este enfoque cobrará especial relevancia el próximo 27 de septiembre de 2026, fecha en la que el papa León XIV visitará el santuario para encontrarse con los enfermos.
Según Jean-Marc Micas, obispo de Tarbes y Lourdes, el recinto funciona como un espacio donde cada individuo, sin importar su condición, se encuentra en igualdad de condiciones y sin ser juzgado, configurando un modelo de lo que debería ser la humanidad, según recoge La Croix. El contexto de la visita papal resulta además significativo, pues coincidirá con la reciente adopción definitiva en Francia de la propuesta de ley que legaliza el suicidio asistido.
Una de las características más singulares del santuario es la convivencia de todo tipo de formas de movilidad. En sus explanadas se cruzan sillas de ruedas, carritos, ancianos en vehículos motorizados tipo escúter y personas apoyadas en bastones o muletas. Esta diversidad tecnológica y de asistencia permite a muchos peregrinos recuperar su autonomía. Un ejemplo es Jean-Luc, un antiguo gendarme de 69 años que asiste puntualmente cada mes de agosto desde hace dieciséis años. Tras perder su pierna derecha por un error médico, sus primeros viajes dependían del esfuerzo físico de terceros para empujar su silla por las empinadas cuestas, pero el descubrimiento de los escúteres eléctricos le otorgó la libertad de desplazarse a su antojo. Gracias a ello, Jean-Luc puede acudir en solitario a la Gruta a las seis y media de la mañana, un momento de quietud en el que aprovecha para hablarle en voz alta a la Virgen.
La experiencia de bienestar que describen los asistentes no se fundamenta únicamente en la devoción religiosa, sino también en una vasta y cuidada red de acogida. La Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes, organización que garantiza la asistencia ininterrumpida desde 1885, despliega a unos 7000 voluntarios anuales, conocidos como “hospitalarios”, cuya edad media ronda los 59 años. Estos colaboradores, que costean su propia estancia para poder servir a los demás, brindan asistencia física y apoyo emocional constante a los peregrinos. Daniel Pezet, antiguo militar y exdirector de esta organización, destaca la inmensa diversidad de los voluntarios, entre los que se cuentan desde auxiliares de enfermería que dedican sus vacaciones a esta labor, hasta ejecutivos extranjeros que piden permisos laborales específicos, e incluso personas de otras confesiones. Para el rector del santuario, el sacerdote Michel Daubanes, esta dedicación caritativa representa el núcleo de la experiencia de Lourdes y una prolongación directa de la fe.
A pesar de los avances históricos en favor de las personas con movilidad reducida, la integración total aún enfrenta ciertos obstáculos arquitectónicos y logísticos para quienes desean ser participantes activos. En la basílica subterránea, por ejemplo, los tres escalones que elevan el altar impiden el acceso a las sillas de ruedas, limitando la participación de estos fieles a pesar de la voluntad del rector de incluirles en las lecturas. Del mismo modo, el estrado del coro resulta de muy difícil acceso para personas con movilidad reducida, y el tradicional Vía Crucis que asciende por la montaña presenta desniveles y canaletas que lo hacen peligroso para las sillas o los escúteres. No obstante, la directora del Oficio Cristiano de Personas Discapacitadas (OCH), Martine Diallo, asegura que la dirección del santuario hace todo lo posible por responder a las necesidades, habiendo logrado ya hitos como la construcción de un Vía Crucis alternativo en la pradera.
La reflexión teológica sobre el papel de la discapacidad en la Iglesia está impulsando un cambio de modelo en las dinámicas de peregrinación. Para superar la tradición en la que las personas sin discapacidad asisten a las que sí la tienen, el Peregrinaje Nacional introdujo hace dos años el servicio “Handi-mission”. Esta iniciativa permite a personas con diferentes grados de discapacidad asumir roles activos como voluntarios en las piscinas, en los servicios de comedor o en la cafetería inclusiva Magnifi’café. Constance Lot de Maniquet, responsable del proyecto, subraya que el objetivo es fomentar el intercambio mutuo y reconocer que todas las personas poseen fragilidades y la capacidad para acompañar al prójimo.
El calendario de este mes de agosto congregará a multitudes en el santuario marial. Las celebraciones de la Asunción darán inicio la noche de este viernes 14 de agosto de 2026 con la gran procesión mariana. Al día siguiente, el punto culminante llegará con la misa de la Asunción, presidida a las diez de la mañana por el cardenal y arzobispo de Argel, Jean-Paul Vesco, un evento que espera reunir a más de 20 000 asistentes. La jornada festiva continuará por la tarde con la tradicional oración por Francia y el mundo en la Gruta, seguida de una procesión eucarística. Estas multitudes se perfilan como un preámbulo de la enorme movilización que se vivirá el domingo 27 de septiembre con la llegada del papa, un encuentro para el que ya se han inscrito más de 30.000 personas.