Al participar en el Foro Internacional ‘Magnifica humanitas’, organizado por la Arquidiócesis de Panama, Óscar Rodríguez Maradiaga asegura que la encíclica del papa León XIV es un desafío para familias, escuelas, Iglesia e instituciones públicas
Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga. Foto: Basílica Nuestra Señora de Suyapa
El cardenal de Honduras, Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo emérito de Tegucigalpa, señaló la necesidad de promover una renovada alianza educativa con objetivos claros.
Al participar en el Foro Internacional ‘Magnifica humanitas’, organizado por la Arquidiócesis de Panama, aseguró que la carta encíclica del papa León XIV es un desafío para las familias, las escuelas, la Iglesia y las instituciones públicas.
En ese sentido -dijo- es necesario educar en la sobriedad y en el sentido de los límites; reconocer la dignidad y los derechos de los demás y de las futuras generaciones; formar en la libertad y la responsabilidad; y cultivar el sentido de la trascendencia y del bien común.
El Foro Internacional ‘Magnifica humanitas’ se lleva a cabo del 22 al 24 de julio en la ciudad de Panamá, de manera particular en la Universidad Católica Santa María la Antigua, que es otra de las organizadoras del evento, junto con la Fundación Nacional para el Desarrollo de las STEAM.
De acuerdo con información de la Arquidiócesis de Panamá, el foro es un espacio de reflexión en torno a la primera encíclica del papa León XIV, centrada en la inteligencia artificial, la dignidad humana y el futuro de la educación.
Asimismo, “busca promover un diálogo amplio sobre los límites éticos de la tecnología, el papel de la educación y la responsabilidad social de quienes producen y difunden información en la era digital”.
Para el cardenal Rodríguez Maradiaga la encíclica ‘Magnifica humanitas’ constituye “un itinerario, un camino de vida, sobrio y exigente, para vivir este cambio de época a la luz del Evangelio y en contemplación del plan de Dios”.
Asimismo, consideró que la verdadera transformación del ser humano no procede de la tecnología, sino de la gracia de Jesucristo; “la divinización no es tecnológica; la produce la gracia de Jesucristo”.
Respecto a la familia y la educación, el cardenal subrayó la necesidad de generar una nueva conciencia educativa y promover un uso crítico de las herramientas digitales.
Las escuelas -dijo- no están llamadas simplemente a seguir el ritmo acelerado de la transformación digital, sino a ofrecer aquello que la tecnología, por sí sola, no puede proporcionar: espacios de encuentro, tiempo compartido y oportunidades para aprender a relacionarse de manera auténtica y responsable.
“No estamos educados para producir dinero, sino para ser cada vez más humanos“, añadió al lanzar tres desafíos para familias y educadores; el primero: formar a niños y adolescentes para que reconozcan las manipulaciones, defiendan su dignidad, respeten y custodien los bienes más valiosos de la persona.
El segundo -de carácter pedagógico- es la necesidad de una formación permanente de los docentes en el uso de las nuevas tecnologías, de manera que puedan enseñar a los estudiantes a utilizarlas de forma responsable, crítica y creativa, sin convertirse en receptores pasivos de sus efectos.
Explicó que se trata de un desafío de carácter intelectual y sapiencial; no solamente ayudar a los niños y jóvenes a adquirir conocimientos, sino acompañarlos; consideró necesario desarrollar una verdadera ‘higiene de la atención’, que incluya tiempos de silencio, estudio reflexivo, lectura y análisis ponderado.
Por su parte, el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, enfatizó que el centro del documento pontificio es la persona humana y subrayó que la tecnología debe estar siempre al servicio del ser humano.
“Vivimos una época de cambios vertiginosos. La inteligencia artificial y las nuevas tecnologías están transformando nuestras maneras de aprender, comunicarnos y tomar decisiones. Estos avances representan oportunidades extraordinarias, pero también plantean interrogantes”, agregó.