El arzobispo de Berlín: “Los cristianos no pueden demostrar que Dios existe, pero los ateos tampoco pueden demostrar que no”

“Nuestra tarea más importante no es dar respuestas, sino permanecer junto a las personas y ser testigos de sus preguntas”, ha explicado en una entrevista

Heiner Koch
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¿Cómo anunciar el Evangelio en una ciudad donde la fe parece haberse vuelto irrelevante para buena parte de la población? Esa es la pregunta que acompaña desde hace casi once años a Heiner Koch, arzobispo de Berlín, una de las diócesis más secularizadas de Europa y un lugar que a menudo es descrito como la “capital de los ateos”. Lejos de ver esa realidad como una amenaza, el prelado alemán la interpreta como una invitación a escuchar, dialogar y reconocer que creyentes y no creyentes comparten muchas de las mismas preguntas.



Y es que, en una entrevista concedida a katholisch.de, Koch sostiene que ni la existencia ni la inexistencia de Dios pueden demostrarse científicamente y, por ello, considera que todas las personas terminan construyendo convicciones que van más allá de lo verificable.

De esta manera, el arzobispo reconoce que buena parte de quienes viven en Berlín simplemente no sienten interés por la religión. Sin embargo, distingue ese grupo de quienes siguen haciéndose preguntas sobre el sentido de la vida, el sufrimiento o la muerte.

“Las personas que buscan con honestidad y dudan siempre me desafían”, asegura. De hecho, explica que muchas conversaciones con personas alejadas de la fe terminan revelando más puntos de encuentro de los que cabría esperar. “Al final de una conversación con ellas, uno se da cuenta de que no estamos tan alejados como se podría haber pensado inicialmente”.

Incluso cuando se encuentra con un rechazo frontal hacia la Iglesia, Koch afirma que su primera reacción consiste en escuchar. “Muchas acusaciones se basan en malentendidos”, señala. Y añade: “Cuando las personas se dan cuenta de que se las escucha de verdad y se las trata como iguales, la conversación suele volverse mucho más relajada”.

El sufrimiento, la gran pregunta

Si hay una cuestión que aparece de forma recurrente en sus encuentros con personas no creyentes, esa es el sufrimiento. “¿Cómo puede un Dios bueno permitir tanto sufrimiento?”. Para Koch, se trata de “la eterna pregunta de Job”, una cuestión que tampoco deja indemnes a los cristianos.

“Jesús mismo clama en la cruz: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’. Esta pregunta siempre acompañará a los cristianos”, afirma. Por eso, sostiene que la misión de la Iglesia no pasa tanto por ofrecer respuestas cerradas como por acompañar a quienes atraviesan esas preguntas. “Nuestra tarea más importante como cristianos a menudo no es dar respuestas, sino permanecer junto a las personas y ser testigos de sus preguntas”.

“Debemos mantener el cielo abierto”, resume, subrayando que esto no se consigue únicamente con discursos. “Nuestro mensaje debe demostrarse con acciones concretas”.

La canciller alemana Angela Merkel, junto al arzobispo de Berlín, Heiner Koch

Angela Merkel, junto al arzobispo de Berlín, Heiner Koch

Acompañar antes que convencer

Por último, Koch considera que es importante que la Iglesia abandone cualquier tentación de convertir la escucha en una estrategia pastoral. “Aprendemos a través de estos encuentros. Nos recuerdan que la fe no es algo que debamos dar por sentado”, subraya.

“Los cristianos no pueden probar la existencia de Dios, pero los ateos tampoco pueden probar su inexistencia”, insiste. “En este sentido, todos dependemos de desarrollar convicciones que van más allá de lo que se puede establecer científicamente”. “Encomendarse a un Dios que nos ama y nos acompaña a lo largo de la vida”, matiza.

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