Bernabé de Jesús Sagastume: “La fe del pueblo sencillo es la reserva ética de Guatemala”

Bernabé de Jesús Sagastume, obispo de San Marcos y presidente de la Conferencia Episcopal de
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Elegido presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala para el período 2026-2029, Bernabé de Jésus Sagastume Lemus (San Esteban, Chiquimula, 1961) confiesa sentirse animado a “servir con espíritu fraterno y pastoral” después de que sus hermanos obispos le confiaran esta responsabilidad durante la Asamblea Plenaria celebrada el pasado mes de enero. El también obispo de San Marcos es consciente de la compleja realidad que vive su país y desea que la Iglesia sea “voz profética” en medio de tantas situaciones cotidianas que afectan a sus compatriotas: la impunidad, que “debilita la democracia y destruye la esperanza social”; la migración, que “no es un problema de fronteras, sino de injusticias estructurales”; o la violencia, porque “la paz no puede darse por garantizada”, advierte el religioso capuchino.



PREGUNTA.- ¿Qué balance hace de estos meses al frente del Episcopado guatemalteco?

RESPUESTA.- Ha sido una experiencia llena de esperanza por la cercanía de mis hermanos obispos. Al confiarme esta responsabilidad, me anima a servir con espíritu fraterno y pastoral. Tratamos de escuchar el clamor de nuestras comunidades y acompañar las esperanzas del pueblo guatemalteco. Vivimos en un país con múltiples crisis socioambientales, económicas, políticas y éticas, pero también descubrimos una fe viva en el pueblo sencillo, que es la reserva ética de nuestra nación. Deseamos ser una voz profética que anime a caminar en la verdad y la justicia, la paz y la reconciliación.

P.- ¿Es tan preocupante (y desafiante) la realidad de su país como se refleja en los mensajes episcopales?

R.- La realidad que vive Guatemala es preocupante y desafiante. Nuestros mensajes no exageran los problemas, sino que iluminan la realidad desde el Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia y el sufrimiento de los pobres. Nos preocupan la corrupción y la impunidad, la violencia de las pandillas, del crimen organizado, la pobreza extrema de indígenas y campesinos, la migración forzada criminalizada y la pérdida de confianza en las instituciones. Pero también vemos signos de esperanza: comunidades organizadas para defender recursos naturales; jóvenes y agentes de pastoral comprometidos que creen que es posible un país distinto, más humano y fraterno.

Defender la dignidad, promover la justicia y fortalecer la esperanza

P.- ¿Cuál es el reto más urgente que tiene ante sí la Iglesia para responder a las demandas de sus compatriotas?

R.- El reto más urgente es acompañar al pueblo ante la incertidumbre del Estado, que no logra corresponder a las demandas de la población. La Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio, defender la dignidad humana, promover la justicia y fortalecer la esperanza. Queremos ser una Iglesia sinodal, misionera, profética y custodia de la Creación; fortalecer la pastoral juvenil, familiar y social, para reconstruir el tejido humano y espiritual de Guatemala.

Bernabé de Jesús Sagastume, obispo de San Marcos y presidente de la Conferencia Episcopal de

Bernabé de Jesús Sagastume, obispo de San Marcos y presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Foto: Obispado de San Marcos

P.- Meses atrás, enviaban una carta a León XIV agradeciéndole sus esfuerzos en favor de la paz mundial. ¿Temen que este clima bélico pueda extenderse a un país como Guatemala, que ya sufrió 36 años de guerra civil?

R.- La historia dolorosa de Guatemala nos hace sensibles ante las secuelas que dejó el conflicto armado interno. Por eso, insistimos en cultivar la paz, el diálogo y la reconciliación. Nos preocupa el crecimiento de la violencia estructural, las desigualdades sociales y los discursos que siembran resentimiento. La paz no puede darse por garantizada, y debe construirse con justicia y fraternidad.

Testimonio de una vida reconciliada y fraterna

P.- ¿Qué puede hacer el cristiano, además de orar, para evitar que prenda la llama del odio y la violencia en el corazón de sus hermanos?

R.- El cristiano debe ser artesano de paz en la vida cotidiana. Además de la oración, debe promover la organización en las comunidades, rechazar toda forma de violencia y comprometerse con la verdad, la justicia y la solidaridad. En un mundo polarizado, el testimonio de una vida reconciliada y fraterna tiene una enorme fuerza evangelizadora. La paz comienza en el corazón, pero se concreta en acciones que construyen comunión.

P.- En el mensaje tras su Asamblea Plenaria de enero, insistían en la necesidad de depurar las instituciones para hacer justicia. ¿Cómo se recupera la confianza en el sistema judicial cuando la extorsión y el crimen organizado parecen copar toda la escena nacional?

R.- La recuperación de la confianza exige valentía, transparencia, y voluntad política y ética. Se necesitan instituciones independientes, que actúen con honestidad y sin someterse a intereses particulares. La impunidad debilita la democracia y destruye la esperanza social. Urge fortalecer la formación ética, la cultura de la legalidad, que la justicia esté al servicio de la persona, del bien común, y que la ciudadanía participe en la defensa de las instituciones democráticas. (…)

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