El secretario de Estado del Vaticano ha reivindicado la necesidad de recuperar el valor de la diplomacia y del diálogo en un momento internacional marcado por las guerras y el debilitamiento del orden multilateral
“La paz es valentía. Sobre todo, la valentía de superarnos a nosotros mismos”. Con esta afirmación, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, ha reivindicado la necesidad de recuperar el valor de la diplomacia y del diálogo en un momento internacional marcado por las guerras y el debilitamiento del orden multilateral.
En una entrevista concedida a Avvenire, el purpurado italiano advierte de que el mundo atraviesa un escenario “dramático” en el que “la fuerza de la ley ha sido reemplazada por el derecho a la fuerza”, una situación que, a su juicio, exige redoblar los esfuerzos por construir la paz.
Para ilustrarlo, Parolin recuerda una experiencia que vivió durante las negociaciones entre Ecuador y Perú. Cuando las conversaciones parecían bloqueadas, el entonces presidente ecuatoriano, Alfredo Palacio, mostró una vieja cantimplora atravesada por una bala. “Perteneció a mi abuelo. La llevaba durante la guerra. Quizá debamos encontrar otro camino”, dijo. Aquel gesto cambió el rumbo del diálogo. “Una persona dijo basta. Rompió el ciclo, y eso requiere una gran valentía”, resume el cardenal.
Frente a quienes consideran la paz un ideal irrealizable, Parolin responde con rotundidad: “La paz es posible; debemos creer en ella”. Eso sí, advierte de que no llegará de forma automática. “La paz es una construcción diaria y artesanal”, afirma, retomando una expresión utilizada en numerosas ocasiones por el papa Francisco. “No hay grandes corporaciones ni producción en masa. Es el trabajo de cada persona, superando constantemente el conflicto y transformándolo en una oportunidad para el crecimiento de las relaciones humanas y sociales”.
Para el secretario de Estado, la primera condición para construir la paz comienza en el interior de cada persona. “La guerra surge de un profundo desequilibrio en el corazón humano”, recuerda, citando el Concilio Vaticano II. Por eso, considera imprescindible una conversión permanente frente al egoísmo individual y colectivo.
Tras décadas al servicio de la diplomacia vaticana, Parolin asegura guardar un cariño especial por Venezuela, donde fue nuncio apostólico entre 2009 y 2013. “Me enamoré de esa tierra intensa y de su gente, capaz de fuertes pasiones y tan generosa en sus relaciones humanas”, confiesa.
Precisamente por ello lamenta el sufrimiento que atraviesa el país desde hace años, con millones de personas obligadas a emigrar por la crisis política y económica. A ese panorama suma ahora el reciente terremoto que ha golpeado el país, una tragedia que, asegura, “debe despertar nuestra generosidad”.
Aunque reconoce que la Santa Sede sigue implicada en iniciativas humanitarias relacionadas con Ucrania —como el intercambio de prisioneros o el regreso de menores ucranianos desde Rusia—, Parolin admite que la región que más le preocupa actualmente es Oriente Medio.
“El problema de fondo, la situación de los palestinos, sigue sin resolverse”, afirma, recordando que la Santa Sede reconoció hace una década la solución de los dos Estados y lamenta que, tras la guerra de Gaza, la situación sobre el terreno sea cada vez más compleja por el avance de los asentamientos israelíes en Cisjordania. “Aunque parezca difícil encontrar una salida, eso no significa que no exista. Quizá necesitemos una mayor creatividad”, sostiene.