Sor Gemma Morató: “León XIV está llamado a seguir abriendo puertas”

La dominica de la Presentación, periodista y teóloga, publica ‘El Papa bisagra’, su particular lectura del pontificado de Robert Prevost

Sor Gemma Morató, dominica de la Presentación, periodista y teóloga
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Apenas unos días antes de que León XIV iniciara su viaje apostólico a España, llegaba a las librerías ‘El Papa bisagra’ (Ed. Claret), un recorrido –en clave teológica, pastoral y espiritual– por su primer año de pontificado de la mano de sor Gemma Morató Sendra (Reus, 1972). Un tiempo en el que esta dominica de la Presentación ha ido descubriendo, también como periodista y teóloga, algo que ya intuyó desde un primer momento: que no era “un pontífice de ruptura ni de repetición, sino alguien capaz de unir etapas, sensibilidades y estilos distintos, abriendo puertas sin arrancarlas de sus goznes”.



PREGUNTA.- ¿Por qué “el Papa bisagra”? ¿Quedan todavía muchas puertas y ventanas por abrir en la Iglesia?

RESPUESTA.- Desde el primer momento lo llamé el “Papa bisagra”. Nada más salir al balcón de la Basílica de San Pedro vi a un Papa que, como comentaron muchos, “iba vestido de Papa”. Pues sí, iba vestido de Papa. Francisco solo ha habido uno y no tenía sentido esperar una copia. Pero, junto a los signos visibles de continuidad con la tradición, también apareció algo nuevo: un Papa misionero que, en su primer saludo al mundo, fue capaz de poner Chiclayo en el mapa global.

Unir etapas y sensibilidades

Aquel gesto no fue anecdótico. Al mencionar la diócesis peruana donde había servido durante años, mostró de dónde venía su corazón pastoral. Era el lenguaje de alguien que no olvida a las periferias, que lleva consigo los nombres y los rostros de las personas con las que ha compartido la vida. Allí entendí que no estábamos ante un pontífice de ruptura ni de repetición, sino ante una “bisagra”: alguien capaz de unir etapas, sensibilidades y estilos distintos, abriendo puertas sin arrancarlas de sus goznes.

Sor Gemma Morató, dominica de la Presentación, periodista y teóloga

Sor Gemma Morató, dominica de la Presentación, periodista y teóloga. Foto: Vida Nueva

Por eso sigo pensando que el nombre le encaja. Un Papa bisagra entre tradición y renovación, entre Roma y las periferias, entre la institución y la cercanía, entre la firmeza de la fe y la escucha atenta del mundo. Y quizá esa sea hoy una de las tareas más necesarias para la Iglesia.

Las bisagras no son lo más visible de una puerta, pero permiten que se abra. Creo que León XIV está llamado precisamente a eso: a ayudar a la Iglesia a seguir abriendo procesos iniciados hace años y a hacerlo con serenidad, sin rupturas y sin estridencias.

Puertas y ventanas por abrir

Quedan muchas puertas y ventanas por abrir, sin duda. La participación de los laicos, el papel de las mujeres, los modos de ejercer la autoridad, la transparencia, la escucha de las víctimas, el diálogo con la cultura contemporánea… Pero quizá lo más importante no sea abrir más puertas, sino asegurarnos de que nadie se quede fuera de ellas.

P.- ¿Qué es lo que más le ha sorprendido en este primer año de pontificado?

R.- Su capacidad de transmitir calma. Vivimos tiempos acelerados, polarizados y llenos de ruido. Sin embargo, León XIV parece no tener prisa. Escucha antes de hablar, observa antes de decidir y evita los gestos espectaculares. Me ha sorprendido también su cercanía humana. Quienes lo conocieron como agustino hablan de una persona accesible, y eso se percibe ahora también en su ministerio petrino. Tiene una manera muy natural de estar con la gente que genera confianza. Me encanta con qué garbo coge a los niños, mostrando que son el futuro.

“Gobernar con alma de fraile”

P.- En su libro habla de “gobernar con alma de fraile”, cuando recuerda los años de Robert Prevost como prior general de los agustinos. ¿En qué se nota ahora como sucesor de Pedro?

R.- Se nota en muchos detalles. Un fraile sabe que la autoridad no consiste en imponerse sino en caminar con los demás. Robert Prevost aprendió durante años a escuchar comunidades diversas, culturas diferentes y sensibilidades muy variadas. Ahora sigue haciendo lo mismo. No gobierna desde la distancia ni desde la lógica del poder. Tiene una mirada profundamente comunitaria.

La escucha, una actitud espiritual

P.- Quienes le han tratado más de cerca destacan su gran capacidad de escucha. Él ha repetido más de una vez que esa debería ser la actitud del cristiano y la primera tarea de la Iglesia. ¿Cómo se cultiva algo así en medio de tanto ruido exterior?

R.- Escuchar exige silencio, y el silencio se ha convertido en un bien escaso. Creo que León XIV escucha porque antes se deja interpelar por la realidad y por Dios. La escucha no es una técnica; es una actitud espiritual. Supone reconocer que el otro puede decirme algo importante y que yo no tengo siempre todas las respuestas. En una sociedad donde todos opinamos constantemente, escuchar es casi un acto revolucionario. También en la Iglesia.

P.- Uno de los verbos más utilizados por el Papa es “desarmar” y usted, como periodista, llama a hacerlo con la comunicación. ¿En qué se traduciría?

R.- Desarmar la comunicación significa dejar de utilizar las palabras como armas. Hoy vemos demasiadas veces discursos que buscan humillar, dividir o desacreditar. Desarmar implica escuchar antes de reaccionar, contrastar antes de juzgar y construir puentes en lugar de trincheras. No significa renunciar a la verdad, sino comunicarla de una manera que no destruya al otro. El Papa nos recuerda que muchas guerras empiezan mucho antes de los disparos: empiezan en el lenguaje. Y empiezan en casa, en la cotidianidad, en tantas crispaciones que vemos a nuestro alrededor.

Mujer y religiosa

P.- Como mujer y religiosa, ¿qué le pediría a León XIV?

R.- Le pediría que siga confiando en las mujeres de la Iglesia y que continúe abriendo espacios reales de participación y corresponsabilidad. No por una cuestión de cuotas o de reivindicación, sino porque la Iglesia necesita todos los dones que el Espíritu suscita. También le pediría que siga escuchando a la vida consagrada, especialmente a las comunidades que viven con fidelidad y esperanza en contextos de fragilidad. Muchas veces las periferias no están lejos; están dentro de nuestras propias instituciones.

P.- ¿Un recuerdo o un mensaje que guarde para siempre de la reciente visita papal a España?

R.- Me quedo con una imagen muy sencilla: la de un hombre que mira. Durante su visita observé muchas veces cómo se detenía ante las personas, especialmente ante quienes sufrían. No era una mirada protocolaria ni apresurada. Era una mirada que acogía. Y quizá ese sea el mensaje que guardaré para siempre: antes de hablar, mirar; antes de decidir, escuchar, y antes de actuar, acercarse. En un mundo que corre demasiado deprisa, León XIV nos recuerda que la cercanía sigue siendo una de las formas más profundas de evangelización.

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