El catolicismo de Leopoldo Alas Clarín

Plaza de Oviedo con la estatua de La Regenta
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Ciento veinticinco años después de su muerte en Oviedo, Leopoldo Alas ‘Clarín’ encuentra por fin su lugar en el paraíso. Yvan Lissorgues, catedrático emérito de Literatura Española de la Université Toulouse-Jean Jaurès y autor de ‘Clarín político’ (KRK), es el gran responsable de su restitución.



“Sea por la ironía en su obra de creación, ‘La Regenta, Su único hijo’ y algunos de sus cuentos, sea por enfrentamiento directo en sus artículos periodísticos, sigue denunciando con más o menos acritud durante toda su vida las costumbres clericales, los dogmas sin sentido, el rito vacío de toda espiritualidad, pero es a partir de un agudo sentido de lo que debe ser una auténtica religiosidad”, sostiene.

Así es. Lissorgues rescata lo que denomina “una autenticidad religiosa profundamente sentida y constantemente afirmada” del autor de ‘La Regenta’, aunque no reniega de aquel Clarín que hizo una “pertinaz denuncia de la institución católica”, pero la enmarca particularmente frente a “ese catolicismo español estrecho, materialista, formal y ordenancista” al que le daría la vuelta el Concilio Vaticano II.

“Clarín denunció siempre la institución católica española y no vaciló nunca en atacar directamente en la prensa a varios ministros de la Iglesia, fuesen obispos o arzobispos, cuando le parecía que se portaban más como políticos que como santos pastores”, expone el catedrático emérito.

Leopoldo Alas 'Clarín'

El escritor Leopoldo Alas ‘Clarín’. Foto: EFE

Lissorgues no niega, sino que apunta con el dedo: “Esa Iglesia que quiere seguir imponiendo su dominación en todos los sectores de la vida española (la política, la enseñanza, la prensa…), que invoca al ‘Dios de los ejércitos’, que pretende avasallar los espíritus y los corazones por imposición de una moral vacía y de pura fachada ha olvidado ‘la vida, la sangre, la substancia’ de la verdadera religión”.

Es un Clarín que se postula y se reconoce afirmando, por ejemplo, que “el camino de perfección de la humanidad lo enseña el cristianismo, el verdadero, el de los orígenes”.

Es el Clarín que llegó a afirmar: “Jesús, al decir que su reino no es de este mundo, abandona la coacción, el poder exterior, mecánico, político y va a la conquista de la sociedad por el único camino seguro, por la perfección de las almas”, cita Lissorgues en “Leopoldo Alas ‘Clarín’ y la Iglesia Católica de su tiempo” (Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, 2022).

El catedrático recorre la fe del escritor: “Esta religiosidad, libre de trabas dogmáticas, solo reconoce principios superiores, como la caridad, la bondad, el amor al prójimo, sentidos y vividos en su dimensión trascendente –manifiesta–. El amor a Dios es, primero, amor al bien y, desde luego, amor a los hombres, a todos los hombres. La primera manifestación del amor a los demás es la tolerancia”.

La divinidad de Cristo

Leopoldo Enrique García-Alas y Ureña (Zamora, 1852-Oviedo, 1901) –como en realidad se apellidaba Clarín– asumió que “en conciencia no puede llamarse católico”, porque, como admitió en una carta a Emilia Pardo Bazán en 1889, “Jesús no puede ser Dios, porque eso es una atrocidad”, expone Lissorgues, dejando claro que la “divinidad de Cristo” fue para el novelista una cuestión “preocupante y nunca resuelta”.

Pero lo contrarresta, si cabe, con una conciencia absoluta de la humanidad de Jesús, impulsado por pensadores como David Frederic Straus y, sobre todo, Ernest Renan, autor de ‘Vida de Jesús’ (1863). “Mi gusto sería –llegó a admitir Clarín– tener bastante dinero para poder dedicar mi vida a escribir un libro demostrando que Jesús será el eterno consuelo espiritual de los buenos corazones: una imagen virtual en la historia de los espejos ideales del porvenir”.

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