“Confortados por la fe en Cristo, podemos entonces vencer el miedo a la enfermedad y a la muerte, tomando mayor conciencia de nuestra fragilidad a la luz de su pasión, muerte y resurrección”. Con estas palabras se ha dirigido, por medio de un mensaje, León XIV a la Pontificia Comisión Bíblica, reunida en Roma para celebrar su sesión plenaria –titulada ‘Una exégesis sensible al drama de los que sufren’– y que se celebra del 13 al 17 de abril de 2026.
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“Os habéis reunido para profundizar en el tema del sufrimiento y de la enfermedad: una experiencia que concierne a todos, a todo ser humano, marcado por la fragilidad, la enfermedad y la muerte”, escribe el Papa en su mensaje. Y es que, tal como ha recordado el pontífice, la naturaleza humana “lleva inscrita en sí misma la realidad del límite y de la finitud”.
“¿Por qué la enfermedad? ¿Por qué el sufrimiento? ¿Por qué la muerte? Ante estos interrogantes, también los creyentes a veces vacilan, llegando a experimentar desconcierto, incluso desesperación y rebelión contra Dios”, señala el Papa.
En este sentido, León XIV explica que “a la luz de la fe sabemos, en cambio, que el dolor y la enfermedad pueden hacer a la persona más sabia y madura, ayudándola a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse o regresar al Señor”.
“Esta visión de fe”, continúa, “la tomamos de la Sagrada Escritura y de la Tradición de la Iglesia: a este respecto, os animo a unir, en vuestro trabajo exegético, la investigación científica con la atención a las experiencias comunes de la vida, de modo que podáis iluminar también sus aspectos más difíciles con la sabiduría de la Palabra inspirada”.
Cuidar de los enfermos
Y es que “el mismo Jesús, que pasó haciendo el bien y curando toda clase de enfermedades y dolencias, mandó a sus discípulos cuidar de los enfermos, imponerles las manos y bendecirlos en su nombre”. De esta manera, a través de la experiencia de la fragilidad y de la enfermedad, “también nosotros podemos y debemos aprender a caminar juntos, en la solidaridad humana y cristiana, según el estilo de Dios, que es compasión, cercanía, ternura y solidaridad”.
“En Cristo, en efecto, el sufrimiento y la enfermedad ya no son un destino cruel ante el cual resignarse sin comprender”, añade el pontífice. “Con Jesús, el dolor se transforma en amor, en redención y en ayuda fraterna. Acojamos, por tanto, a Cristo en nuestra vida: Él es el único médico que puede sanar para siempre las enfermedades del alma”.
Finalmente, el Papa invita a la comisión a considerar además de la enfermedad, el dolor físico y la muerte, “también los sufrimientos de los pobres, de los migrantes y de los últimos de la sociedad, que están presentes en tantas páginas de la Sagrada Escritura”.