“La fe necesita ser alimentada y sostenida. Por eso, en el “octavo día”, es decir, cada domingo, la Iglesia nos invita a hacer lo mismo que los primeros discípulos: reunirnos y celebrar juntos la Eucaristía”. Así lo ha explicado León XIV durante el rezo del Regina Coeli de este segundo domingo de Pascua, dedicado por san Juan Pablo II a la Divina Misericordia.
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“Hoy leemos en el Evangelio sobre la aparición de Jesús resucitado al apóstol Tomás”, ha señalado el Papa. “El hecho ocurre ocho días después de la Pascua, mientras la comunidad está reunida, y es allí donde Tomás se encuentra con el Maestro, quien lo invita a mirar las marcas de los clavos, a meter la mano en la herida de su costado y a creer”.
“Es una escena que nos hace reflexionar sobre nuestro encuentro con Jesús resucitado”, ha continuado, ya que nos hace preguntarnos “¿En dónde encontrarlo? ¿Cómo reconocerlo? ¿Cómo creer?”. “San Juan, que narra el acontecimiento, nos da indicaciones precisas: Tomás se encuentra con Jesús en el octavo día, con la comunidad reunida, y lo reconoce en las marcas de su sacrificio”, ha indicado el pontífice.
León XIV y el valor de la eucaristía
“Ciertamente, creer no siempre es fácil”, ha reconocido el Papa. “No lo fue para Tomás y tampoco lo es para nosotros”. Por este motivo, “la Eucaristía dominical es indispensable para la vida cristiana”. En este sentido, y recordando que mañana comienza su viaje apostólico por África, ha señalado que “precisamente algunos mártires de la Iglesia africana de los primeros siglos, los mártires de Abitinia, nos han dejado un hermoso testimonio al respecto”.
“Ante la propuesta de salvar sus vidas a cambio de renunciar a celebrar la Eucaristía, respondieron que no podían vivir sin celebrar el día del Señor”, ha explicado León XIV. Y es que “es ahí donde se nutre y crece nuestra fe. Es ahí donde nuestros esfuerzos, aunque limitados, por la gracia de Dios se funden como acciones de los miembros de un único cuerpo —el Cuerpo de Cristo— en la realización de un único gran proyecto de salvación que abarca a toda la humanidad”.
“Es a través de la Eucaristía que también nuestras manos se convierten en ‘manos del Resucitado’, testigos de su presencia, de su misericordia y de su paz; marcadas por el trabajo, por los sacrificios, por la enfermedad, por el paso de los años que a menudo están grabados en ellas, como también por la ternura de una caricia, de un apretón de manos o de un gesto de caridad”, ha aseverado el pontífice.
Un llamamiento del Papa por la paz en el mundo
Precisamente en un mundo “que tanto necesita la paz”, el Papa ha señalado que “esto nos compromete más que nunca a ser asiduos y fieles a nuestro encuentro eucarístico con el Resucitado, para salir de él como testigos de la caridad y portadores de la reconciliación”.
Al finalizar la oración mariana, León XIV ha recordado que “hoy en muchas iglesias orientales se celebra la Pascua según el calendario juliano”. A estas confesiones les ha enviado sus “deseos de paz”, las cuales ha acompañado “con una oración aún más intensa a aquellos que sufren a causa de la guerra, en particular el pueblo ucraniano”.
“Que la luz de Cristo llegue con consuelo y esperanza de paz”, ha dicho León XIV. “Quiero llamar a la comunidad internacional para que esté atenta al drama de la guerra, en particular en el Líbano, y que, ante esta dramática situación, prevalezca el principio de humanidad, inscrito en la conciencia de cada persona y reconocido en los acuerdos internacionales conlleva la obligación legal de proteger a la población civil de los atroces efectos de la guerra”. Por ello, ha reiterado su llamamiento “a las partes en conflicto para que cesen el fuego y a buscar una solución pacífico”.
Finalmente, el Papa ha recordado que el próximo miércoles se cumplen tres años del inicio del conflicto en Sudán y ha hecho un llamamiento a que las partes implicadas “cesen las armas e inicien sin condiciones previas el diálogo destinado a poner fin lo antes posible a esta guerra fratricida”.