Los cantos de Taizé nacieron con un referente singular: “El hermano Robert veía un precedente de la renovación del canto litúrgico en la renovación de la arquitectura sacra, como testimoniaban las iglesias de Assy, Audincourt, Vence o Ronchamp, y, aunque no compartiesen las mismas condiciones, consideraba que ambas búsquedas poseían un espíritu común: el arte en su pleno dominio al servicio de la obra de Dios hasta en los más pequeños detalles”, narra Salvador García Arnillas, autor de ‘La belleza sencilla de Taizé’ (Biblioteca de Autores Cristianos, 2018) y actual director del Museu Frederic Marès en Barcelona. “De igual modo que Matisse había diseñado no solo la arquitectura y la decoración de la capilla de Vence, sino también los objetos litúrgicos, los compositores contemporáneos debían prestar atención no solo al órgano y al coro, sino también a la asamblea de fieles”, añade García Arnillas.
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El hermano Robert Giscard fue una de las anclas de la primera comunidad de Taizé, creada en 1949 por su fundador, Roger Schutz, quien cinco años antes ya se había establecido en la pequeña localidad de la Borgoña francesa. Pero el hermano Robert fue, fundamentalmente por su colaboración con el compositor Jacques Berthier, el gran responsable de que los “chants de Taizé” sean hoy cantos universales que simbolizan la espiritualidad, la trascendencia, la belleza, la meditación, la cercanía a Dios. Y, por supuesto, la gran aportación de Taizé: una Iglesia ecuménica.
También de la paz. Un nuevo álbum, ‘Dona Nobis Pacem’, con diecisiete cantos –ocho de ellos inéditos–, da testimonio de nuevo de una fe musical atenta a lo que nos rodea. “¡Que estos cantos nos ayuden a abrirnos para acoger esta paz, de modo que podamos, a la vez, convertirnos en constructores de paz dondequiera que estemos llamados a vivir!”, invoca el hermano Matthew, actual prior de Taizé.
“La Comunidad de Taizé es conocida mundialmente hoy en día por sus cantos –apunta García Arnillas–, pero hasta llegar a la formalización actual, se han ensayado diferentes fórmulas desde los años 50 que van de la mano de la evolución de la propia Comunidad y de la llegada inesperada de jóvenes a partir de los años 60”. En 1955, la Comunidad de Taizé publicó un primer disco, ‘Psaumes et Chorals’, esbozo cantado de la renovación del oficio litúrgico emprendida por el hermano Roger. Y continuó con un segundo, ‘Office de la nuit’ de Noël (1956), una de las primeras composiciones de Jacques Berthier. Pero aún no eran, ni mucho menos, lo que hoy entendemos por “cantos de Taizé”.
Búsqueda del equilibrio
García Arnillas fija una fecha, 1974, tras la apertura del Concilio de los Jóvenes. “Ese Concilio hizo reflexionar mucho al hermano Roger, llegando a hablar, alguna vez, del ‘fracaso’: las celebraciones eran muy bellas, pero no provenían propiamente de la experiencia de la oración de la Comunidad. En esta búsqueda de un equilibrio, el hermano Robert hizo un descubrimiento que abriría el camino”. El propio autor encontró un texto inédito en la biblioteca de Taizé en el que Giscard da la clave de lo que suponía la renovación de los ‘chants’ para la liturgia no solo protestante, sino también para la ortodoxa y la católica.