El cardenal arzobispo de Madrid, Cristóbal López, está convencido de que “la Iglesia no tiene una misión, sino que la misión tiene una Iglesia a su servicio, al servicio del Reino”. Con esta premisa se presentó esta mañana en la jornada conclusiva de la Semana de Vida Consagrada organizada por el Instituto Teológico de Vida Religiosa de los misioneros claretianos.
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En la ponencia que pronunció como envió a los consagrados participantes en este foro, subrayó que “es un error añorar una Iglesia poderosa y fuerte, es un engaño buscar poder mundano o pretender dominar la sociedad, el Evangelio no se impone por la fuerza sino por la atracción, como decía Benedicto XVI”. “Lo contagian quienes viven el Evangelio de Jesús haciendo la vida más humana”, añadió justo después.
La depresión religiosa
Desde una sana provocación, compartió que “yo no trabajo para la Iglesia, trabajo en Iglesia y como Iglesia de la que formo parte, pero trabajo por y para el Reino de Dios”. “Puede darse la paradoja de que haya mucha Iglesia y poco Reino”, aseveró el cardenal, que propuso desarrollar “una teología y una espiritualidad del pequeño rebaño, de los anawin, de los pobre de Yahvé”
Al meditar sobre la cuestión de la reducción numérica, centro del debate de estas jornadas formativas, Cristóbal López alertó de una enfermedad: “la depresión religiosa”. “Ataca indistintamente a laicos y consagrados, a sacerdotes y religiosas, incluso a obispos y cardenales”, diagnosticó.
Falsa solución
A la par, compartió que “una tentación de esta depresión es volver atrás, considerando que la reducción nos ha llegado después del Concilio Vaticano II, sería por su culpa”. “Es una falsa solución”, remarcó.
En tono de humor, subrayó la necesidad de utilizar “probióticos” como la “optimicina, en cápsulas o en jarabe todas las mañanas” y, en los casos más graves, “Evangelipur y Esperanzafor”. “El antídoto fundamental contra la depresión religiosa es el descubrimiento del Reino de Dios como horizonte utópico movilizador”, señaló.
En esta misma línea, explicó que “la Iglesia es importante, pero el Reino lo es más”. “Jesús no vino a fundar una Iglesia, sino a anunciar, inaugurar y construir el Reino de Dios. Con este objetivo fundó la Iglesia y por eso la Iglesia es la servidora de su Señor y de su Reino”, detalló el cardenal.
Un migrante permanente
A la par, el purpurado salesiano se presentó a sí mismo como un migrante permanente, debido a los múltiples destinos vitales que ha tenido. “Mi casa es el mundo, mi familia es la humanidad”, determinó.
A partir de ahí compartió la realidad pastoral en la que se mueve. “Marruecos me obligó a un reseteo general de mi vida”, reconoció sobre un país que cuenta con 30.000 católico, que no llegan ni al 0,1% de la población. “El Jueves Santo, por ejemplo, hice cinco horas en coche para celebrar la Cena del Señor con dos cristianos. Parecíamos los doce apóstoles y Jesús”, desveló.
Así, defendió que “somos una Iglesia insignificante por el tamaño, pero significativa por la experiencia de vida cristiana, somos muy universales porque somos de cien nacionalidades diferentes”.
En salida
Con estas coordenadas, dijo que “mi objetivo no es aumentar el número de cristianos, que eso es cuestión del Patrón, que sabe cuál es la dimensión conveniente para eso que Él llama ‘Pequeño rebaño’”. Y añadió: “Espero que nadie me pedirá cuentas de si el número de cristianos de la diócesis de Rabat ha aumentado o disminuido cuando llegue el momento de dejar esta responsabilidad, pero sí me preguntarán si he creado a mi alrededor paz y comunión, si he concretado el amor sirviendo al hambriento al necesitado, al preso, al extranjero…”.
Desde ahí reivindicó una Iglesia “en salida, misionera, del encuentro, samaritana, en comunión, organizada y en formación continua, que toma en serio el cuidado de la Casa común”.
Convivencia con los musulmanes
Sobre el diálogo con el Islam, relató que “en Marruecos no estamos en competencia con los musulmanes, sino que intentamos juntos hacer el mundo nuevo que Dios sueña para la humanidad”. “Los cristianos y los musulmanes no somos como la Coca-Cola y la Pepsi que se disputan el mercado para tener más adeptos”, detalló.