Alemania estrena nueva nuncio con el pontificado de León XIV

El holandés Hubertus van Megen, actualmente en Kenia, culminará las negociaciones entre los obispos y el Vaticano para validar los estatutos de la polémica Conferencia Sinodal

Hubertus van Megen

La Santa Sede ha anunciado este jueves que el holandés Hubertus van Megen –quien actualmente se encuentra en Kenia– será el nuevo nuncio apostólico en Alemania.



Van Megen, como parte del servicio diplomático de la Santa Sede, ha estado destinado en Somalia, Brasil y Malawi. En 2014, el papa Francisco lo nombró arzobispo de Novaliciana y Nuncio Apostólico en Sudán y Eritrea. En 2019, el Papa le nombró nuncio Apostólico en Kenia. A lo largo de los años, ha estado en Naciones Unidas como observador permanente en distintos programas de desarrollo.

Diplomacia en Alemania

Ahora, toda esta experiencia diplomática le lleva a Alemania para culminar las negociaciones entre los obispos germanos y el Vaticano para validar los estatutos de la Conferencia Sinodal. De hecho, el pasado mes de febrero, la Conferencia Episcopal Alemana, reunida en Würzburg para su asamblea plenaria de primavera, aprobaba dichos estatutos y los ponía en manos del Vaticano.

Teniendo en cuenta que se ha anunciado que la primera cumbre de la Conferencia Sinodal tendrá lugar en Stuttgart, los días 6 y 7 de noviembre, todo hace pensar que Roma debería dar una respuesta antes de esas fechas. Van Megen encontrará, así, que las tensiones entre la Iglesia alemana y la Santa Sede se han atenuado. O, al menos, así lo expresaba el pasado mes de noviembre un comunicado conjunto de la Santa Sede y la Conferencia Episcopal Alemana, tras la última visita a Roma de sus obispos, en el que se subrayaba que había reinando “el diálogo” en “un ambiente sincero, abierto y constructivo”.

En las cuatro anteriores, entre 2022 y 2024, hubo momentos de gran fricción, como cuando, en enero de 2023, los principales prefectos curiales recalcaron que “no se debe establecer el Consejo Sinodal en su forma prevista”. Lo que llevó a los pastores germanos a responder que no iban a “abandonar su reforma sin luchar”. En ese contexto, con un Francisco que pedía no llegar al abismo del “cisma”, la reforma parecía pasar por ese organismo que levantaba ampollas: el Consejo Sinodal. Un instrumento que para el Vaticano incurría en la “nulidad canónica” y carecía de “legitimidad”.

“Obligados” o “autorizados”

Semanas antes, los obispos más críticos (Woelki, Meier, Oster, Voderholzer y Hanke) remitieron a Roma una cuestión formal, preguntando si estaban “obligados” o “autorizados” a “participar en el Camino Sinodal”. Validada la respuesta por Bergoglio, los principales dicasterios vaticanos zanjaron que “ni el Camino Sinodal, ni un organismo establecido por él, ni una conferencia episcopal tienen competencia para establecer el Consejo Sinodal a nivel nacional, diocesano o parroquial”.

Después de ese portazo, el entonces presidente del Episcopado, Georg Bätzing, argumentó que el órgano, “aprobado por la Asamblea Sinodal por amplia mayoría”, entraba dentro del “derecho canónico aplicable” y que era “infundada” la sospecha de que “pudiera situarse por encima de la Conferencia Episcopal o socavar la autoridad de los obispos”.

Como se había denunciado meses antes en otra declaración vaticana, se quería evitar un órgano de decisión basado en el sufragio asambleario y en el que tuvieran el mismo poder laicos, consagrados y obispos. Una situación que podía cuestionar la autoridad magisterial de los prelados designados por el Papa para pastorear sus diócesis, como si alguien pudiera forzarlos “a adoptar nuevas formas de gobierno y nuevos enfoques de la doctrina y la moral”. Lo que representaría “una amenaza a la unidad de la Iglesia”.

Camino Sinodal Alemán

Camino Sinodal Alemán

Una nueva estructura

Finalmente, el Consejo Sinodal dio paso a una nueva estructura, la Conferencia Sinodal, que al fin ha visto cómo se han aprobado sus estatutos y estos ya han sido ratificados por los laicos y los obispos. Como detalló en noviembre Katolisch, portal oficioso del Episcopado germano, en la asamblea de Fulda se dirimieron “su naturaleza, su composición y sus competencias”, aprobando los delegados sus 12 artículos. Eso sí, no fue fácil y al principio hubo “irritación y fricción entre obispos y laicos”.

Concretamente, en torno a una enmienda de los prelados que pedía eliminar una frase en la que se hablaba de “deliberar y decidir”. Tras un profundo debate, se matizó que la Conferencia Sinodal “delibera y toma decisiones de acuerdo con los ‘procesos sinodales’” relativos a “importantes asuntos interdiocesanos”. Como reconoció la presidenta del Comité de Laicos y del Comité Sinodal, Irme Stetter-Karp, “si no hubiéramos superado este obstáculo con la terminología, nuestra asamblea plenaria no lo habría ratificado”.

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