A principios de marzo, tras días de incertidumbre y silencio, el cardenal Dominique Mathieu, arzobispo de Teherán-Isfahán, lograba salir de Irán evacuado junto con el personal de la embajada italiana en la capital en medio de la escalada militar desencadenada por la operación israelí-estadounidense iniciada el 28 de febrero.
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Ahora, el purpurado ha querido hacer llegar a su diócesis una carta con motivo de la Pascua, en la que ha querido compartir su “experiencia pascual de este año, marcada por la percepción de la relatividad de la distancia, entre cercanía y lejanía”.
“Me encuentro lejos de vosotros, rebaño que me ha sido confiado, separado por los acontecimientos de la guerra, a la espera de poder reencontraros”, asegura el cardenal, subrayando que “en la noche santa he celebrado la Vigilia Pascual llevándoos a todos en el corazón: lejos de mi rebaño, pero precisamente por eso, de un modo misterioso, cercano a cada uno de vosotros”.
Y es que Mathieu celebró la vigilia “bajo la cúpula de la Basílica de San Pedro, en el signo de la Iglesia universal”. “Cercano al Pastor de la Iglesia y, sin embargo, lejos del rebaño que el Señor me ha confiado”, dice, apuntando que “precisamente esta condición me es dada para que aprenda a vivir la lejanía no como una separación infranqueable, sino como un puente que hace cercano en Cristo”.
Su propia Galilea
Y es que, para el arzobispo de Teherán, en “la comunión de los santos y en la gracia de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, estamos realmente unidos, incluso cuando no podemos estarlo visiblemente. Lo que a los ojos parece distancia, en la fe se convierte en comunión”.
De esta manera, el cardenal ha recordado como Jesús, “vencedor de la muerte”, envía a las mujeres a anunciar la buena noticia: “Id a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán”. “Galilea es el lugar del inicio, de la llamada, de la vida concreta: es allí donde el Resucitado espera a los suyos”, explica en su carta. “En Cristo resucitado, la vida nueva ya ha comenzado”, insiste.
“También para nosotros hay una ‘Galilea’: será el día en que, si Dios quiere, podremos reencontrarnos. Pero ya ahora, bajo esta cúpula que evoca la unidad de la Iglesia y mientras estoy lejos de vosotros, sé que en Cristo estamos realmente unidos”, asevera.
“En Cristo, vivo y resucitado, cercanía y lejanía se transfiguran”, concluye el arzobispo. “Solo permanece Él, que nos une, nos custodia y nos guía, hasta que podamos ser nuevamente reunidos como un solo rebaño bajo un solo Pastor”.