Este Viernes Santo los obispos colombianos han representado el sermón de las siete palabras de Jesús en la cruz a partir de los clamores del pueblo que anhela el cese de la violencia y el camino de la paz.
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Los prelados han propuesto una lectura para sanar heridas, bajar tensiones y buscar el encuentro fraterno entre colombianos. Por ello, que de norte a sur, de este a oeste, han invitado no solo a contemplar las heridas del Cristo crucificado, sino a interpelar la realidad que sigue crucificando a miles de inocentes.
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, con esta primera palabra Hugo Alberto Torres, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, aborda la polarización desde el lenguaje del odio, porque “en nuestras sociedades se está volviendo muy común”.
Es un llamado para bajar la temperatura a la agresión verbal en la política, en las redes sociales y en la vida cotidiana, porque “Jesús en la cruz, nos invita a asumir el perdón como camino del amor cristiano para desarmar el lenguaje”.
Exclusión y reconstrucción de vínculos
La segunda palabra —“Hoy estarás conmigo en el paraíso”— representada por Luis Augusto Campos, arzobispo de Bucaramanga, aborda el tema de la exclusión producto de la violencia, delincuencia o pobreza estructural.
Por eso que mientras en “la vida haya espacio para la sinceridad y la confianza, ninguna condena destruirá definitivamente la vida: siempre será posible esperar algo” para recordar que la exclusión “no tiene la última palabra”.
La tercera palabra: “Ahí tienes a tu madre” fue representada por Omar de Jesús Mejía, arzobispo de Florencia, quien ha señalado que una transformación comienza en lo más profundo, el corazón.
Por lo que “custodiar el corazón implica custodiar el pensamiento, luchar por unas relaciones justas, sanas y honestas en nuestras estructuras sociales y religiosas”. Es hora de reconstruir relaciones, sanar vínculos y promover la cohesión social.
Abandono gubernamental
“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, es la cuarta palabra del Cristo en la cruz, que evoca el sufrimiento del pueblo del Pacífico colombiano sumido en la más férrea violencia y olvido gubernamental.
Alfonso García López, vicario apostólico de Guapi, ha reflexionado en este clamor señalando que “hoy la injusticia se ondea sin piedad y sin freno por los caminos de nuestra existencia. En los que no hay tiempo para la escucha de nuestro sufrimiento, porque se ahoga nuestra voz en los ruidos del placer y de la corrupción”.
Por ello, los pueblos del pacífico – al igual que el Nazareno – llevan ese clamor hasta el cielo por falta de servicios en salud, desempleo, economías ilegales, grupos armados. Son comunidades que “apenas sobreviven”.
“Es la voz de un pueblo que han silenciado pero que interpela a los actores y sistemas políticos que olvidan el clamor de la tierra y de los pobres”, dijo.
Tareas pendientes
“Tengo sed” es la quinta palabra, leída por José Mario Bacci, obispo de Santa Marta, que en su reflexión hace una radiografía del país: la sed justicia, de ética, de transparencia, de verdad, de justicia.
Hay una preocupación latente de todos los colombianos como la “normalización del mal”, producto de la resignación ciudadana, puesto que “cuando el mal se vuelve cotidiano y dejamos de indignarnos ante él”.
Mientras que la sexta palabra: “Todo está consumado”, a cargo de Edgar Aristizábal, obispo de Duitama-Sogamoso, llama a discernir entre la fe profesada y la realidad vivida, porque del dicho al hecho hay mucho trecho, dice el refrán.
Aquí el obispo cuestiona: “De parte de Jesús todo está cumplido, pero de parte nuestra, ¿ya la misión llegó a su plenitud? Tenemos que reconocer que falta mucho”. Siguen tareas pendientes: inequidad, pobreza, abandono de los ancianos, división familiar, indiferencia frente al sufrimiento.
Banderas de la esperanza
Nelson Cardona, obispo de Pereira, cierra estas lecturas con el emblemático “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Una oportunidad para entender a la Colombia de hoy, marcada por sueños truncados de paz y una creciente ola de miedo al futuro.
Sin embargo, Cardona recuerda que “el miedo no es para nosotros la opción, cuando la esperanza es superior al miedo, el mundo y la sociedad se presentan como un campo abierto de posibilidades que pueden gestionarse”.
Instó a todos los colombianos a izar las banderas de la esperanza, porque renunciar a esta “sería conceder la victoria a la lógica de la violencia” en un país con décadas de conflicto. Como nunca los colombianos deben seguir apostando a la paz.