Devoción a golpe de cincel

Devoción a golpe de cincel

Quizás quien mejor ha entendido –y explicado– la imaginería contemporánea ligada a la Semana Santa es Antonio Rafael Fernández Paradas, profesor del Departamento de Didáctica de las Ciencias Sociales de la Universidad de Granada. “Qué duda cabe de que la escultura en madera policromada goza de una envidiable salud en las primeras décadas del XXI. Podría interpretarse como un hecho desconcertante y anacrónico –valora– que en las sociedades de masas sigan teniendo predicamento unas fórmulas y técnicas de centurias pasadas, de no ser por un sugerente fenómeno histórico-social”.



Según Fernández Paradas, autor de ‘Imagineros del siglo XXI. Productos barrocos en entornos 2.0′ (Ed. Comares): “Tan anómala situación permitió la prolongación de la escultura en madera policromada hasta nuestros días, configurándose esta como una realidad artística ecléctica que ha sumado a unas fórmulas y técnicas tradicionales el inevitable impacto de las corrientes artísticas contemporáneas. Ello ha repercutido en una pluralidad de criterios insospechada, ligada a la formación, las inquietudes, los gustos y las destrezas de los sucesivos artistas”.

Darío Fernández (Sevilla, 1973), autor del Santísimo Cristo de la Concordia del Santo Sepulcro de Murcia, se reconoce como exponente de “un estilo que mira al pasado y es consciente del presente y el futuro, que tiene aportaciones naturalistas y trata de no ser estridente ni grotesco”. A la vez, admite: “En la imaginería se puede innovar poco. Está todo dicho y hecho. Se puede aportar en matices, pero es un lenguaje muy complejo y hay que respetarlo. Hay quien se sale de la línea y se nota. No te puedes descarrilar, sobre todo porque, además de obras de arte, el escultor debe tener presente que trabaja con imágenes de culto”.

Obra de arte contemporánea

El profesor Fernández Paradas ha profundizado en esos matices: “La imaginería procesional no solo ha sido capaz de reinventarse y adaptarse a los gustos, modas y tendencias artísticas de cada momento, sino, y lo que es más importante, ha sido capaz de aportar nuevos lenguajes expresivos, formales, conceptuales y estéticos e iconográficos, que es lo que realmente la sitúa dentro de la consideración como obra de arte contemporánea: naturalista, barroca, clásico-barroca, preciosista, de Olot, de repoblación, popular, neo-barroca, neo-barroca gay, realista, hiperrealista, hipernaturalista, post Miñarro, post Zafra, post Buiza, post Duarte, post Suso de Marcos, 3D, etc. y otras tantas posibilidades”.

Darío Fernández, David Valenciano, Juan Vega, Ana Rey o Ángel Arroyo representan la escultura en

Punto de encuentro entre tradición y renovación es Juan Vega (Málaga, 1985), autor del misterio de la Hermandad del Descendimiento de Baza: “Intento imprimir a cada imagen una unción sagrada para que trasmita sensibilidad y fe para todos los devotos”. Ángel Arroyo (Jerez de la Frontera, 1993) también está en boca de todos: “Un buen imaginero ha de reunir tanto una técnica depurada como una especial predisposición anímica. Técnica para conocer a la perfección el comportamiento de materiales como la madera, cerámica, terracota, y dominar las herramientas de talla y las complejidades de una buena policromía. Pero también esa conexión íntima con la esencia del arte sacro, esa necesidad de capturar en volúmenes y líneas el misterio de lo infinito”.

Referente es también David Valenciano (Huelva, 1978), con su reconocido Cristo Resucitado de Lebrija: “Las líneas de mis obras son barrocas, pero intento conjugarlas con los cánones del clasicismo, sobre todo en la esbeltez de las formas y el uso del ‘contrapposto’”, refiere. La “hiperrealista” Ana Rey (Cádiz, 1981), autora de la Virgen de la Luz de la cofradía del Santo Sepulcro-Esperanza de la Vid de León, opina: “La imaginería se ha quedado estancada en el Barroco, sobre todo en Sevilla y Córdoba, donde iniciaron un camino más realista; en Cádiz estamos algo más abiertos. Creo que en este siglo XXI deberíamos aportar más”.

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