El papa León XIV visitó este domingo, 15 de marzo, la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Ponte Mammolo, en Roma. Esta ha sido su quinta visita a una comunidad parroquial romana, el pontífice dedicó la tarde a conocer las diversas realidades de este barrio, caracterizado por su fuerte compromiso social con los migrantes. El programa comenzó en torno a las 16:00 h., cuando el el Papa fue recibido por las familias y jóvenes en el oratorio, para posteriormente saludar a enfermos, personas sin hogar y a los voluntarios de Cáritas y la Comunidad de Sant’Egidio que los asisten.
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El encuentro culminó a las 17:00 h. con la celebración de la misa presidida por el Papa. En el altar, León XIV ha estado acompañado por el cardenal vicario Baldo Reina, el obispo electo Marco Valenti y el párroco local, el maltés Francis Refalo, a quien todos conocen cariñosamente como ‘don Franz’. Entre los concelebrantes también estaba Jesús, un joven sacerdote español que descubrió su vocación en esta misma parroquia mientras se encontraba en Italia haciendo un Erasmus.
En las periferias
La elección de esta comunidad para finalizar la gira papal de visitas a la diócesis no es casual, ya que el territorio parroquial alberga la cárcel de Rebibbia. “Esta cercanía es una vocación especial de nuestra parroquia”, explicó el párroco en estos días, quien revela el deseo de la comunidad de construir habitaciones para los reclusos que disfrutan de permisos de premio. Este compromiso con las periferias también se refleja en la atención a los pobres y personas sin techo que utilizan el servicio de duchas del complejo parroquial, según destacan desde el Vicariato.
La parroquia del Sagrado Corazón de Jesús es también un punto de referencia para numerosos extranjeros procedentes de países asiáticos (como Filipinas, Bangladesh o Pakistán) y, muy especialmente, de América Latina, con una fuerte presencia de Perú. Como símbolo de esta diversidad comunitaria, una familia peruana que asiste diariamente a la parroquia participó en el ofertorio. La cercanía a los migrantes del territorio se materializa en el día a día a través de un Centro de escucha y una escuela de italiano para extranjeros, activa desde hace veinte años, que “no ayuda solo en la integración, sino que se convierte en acompañamiento”, destaca el párroco.
Diálogos de paz
En su homilía, el Papa contrastó la alegría del domingo de ‘laetare’, de la alegría, con la dura realidad global. Por ello lamentó que “actualmente en el mundo muchos de nuestros hermanos y hermanas sufren a causa de conflictos violentos”. Señaló que estos conflictos son “provocados por la absurda pretensión de resolver los problemas y las divergencias con la guerra, mientras es necesario dialogar sin tregua por la paz”. Además, advirtió de manera contundente que Dios “no puede ser reclutado por las tinieblas”, en clara referencia a quienes pretenden involucrar el nombre de Dios en decisiones de muerte.
Reflexionando sobre el evangelio del ciego de nacimiento, León XIV invitó a los fieles a mirar a los demás con los ojos de Dios. Instó a la sociedad a superar los prejuicios de quienes ven a una persona que sufre solo como “un paria a quien despreciar, o un problema a evitar, encerrándose en la torre blindada de un individualismo egoísta”. Criticó severamente la actitud de quienes cambian la posibilidad de un encuentro salvador por la “estéril seguridad que les da la observancia legalista de una disciplina formal”. El pontífice recordó, además, que Jesús no mira a los necesitados como un ser inferior o una “presencia fastidiosa”, sino como personas queridas que necesitan ayuda.
Para concluir, el Papa dedicó unas palabras de elogio a la labor social y comunitaria de la parroquia. Destacó sus aproximadamente noventa años de dedicación a situaciones de pobreza, marginación y su atención a la cercana prisión. También reconoció el esfuerzo continuo por ayudar a personas de otros países a integrarse, aprender el idioma y encontrar una vivienda y un trabajo honesto. Finalmente, denunció que estas labores a menudo se ven dificultadas por aquellos que, “sin escrúpulos, se aprovechan de la condición de indigencia de los más débiles para hacer sus propios intereses”.