Javier Botía: “Tener fe significa reconocer que no lo sabemos todo”

El mentalista y comunicador Javier Botía

‘Inteligencia Natural’ (Arcopress) se ha convertido en un fenómeno editorial: en un mes ha alcanzado cinco ediciones y es el segundo libro más vendido. Su autor, Javier Botía, combina divulgación, experiencia escénica e investigación sobre la mente para explorar cómo pensamos, recordamos y tomamos decisiones.



PREGUNTA.- Empezó en ‘Los 40 Principales’ y acabó ganando el campeonato mundial de mentalismo…

RESPUESTA.- Nací con vocación de comunicar y trabajé durante años en radio y televisión en Europa y Sudamérica. Sin embargo, un fuerte episodio de miedo escénico bloqueó mi carrera en los medios, lo que me llevó a estudiar la mente humana para comprender la ansiedad y superarla.

Susceptibles a la manipulación

P.- ¿Qué le ha enseñado la comunicación sobre el comportamiento humano?

R.- He aprendido lo vulnerable que es el ser humano. Tendemos a creer que, si mucha gente dice algo o una mayoría lo repite, entonces debe de ser verdad. También he visto hasta qué punto somos susceptibles a la manipulación, algo que tiene que ver con nuestros sesgos, emociones y miedos, y que en la comunicación masiva se refleja en lo fácil que es influir en la percepción colectiva.

P.- Afirma en su libro que tenemos “superpoderes mentales” que no utilizamos.

R.- No me refiero a algo sobrenatural, sino a capacidades mentales que apenas utilizamos. Leer o entrenar la atención fortalece esas capacidades, especialmente la conexión con el subconsciente.

Recordar es reconstruir

P.- Cuando habla de memoria, afirma que en realidad no recordamos, sino que recreamos los recuerdos.

R.- Nos gusta pensar que la memoria funciona como un archivo guardado en un ordenador, pero no es así. Cada vez que recordamos algo, en realidad lo reconstruimos. Los recuerdos son copias de copias. (…)

Inteligencia Natural

P.- Después de todo lo que investiga, ¿cree en Dios?

R.- No tengo manera de no creer, aunque, a veces, me gustaría no creer. Muchas personas desean tener fe porque les da certezas o consuelo. Mi fe nace de lo contrario: de reconocer que no tengo todas las respuestas. He investigado mucho, he buscado explicaciones en muchos campos, pero siempre hay algo que se escapa. Siempre queda una pregunta más. Y ese límite del conocimiento me obliga a aceptar que hay un salto al vacío. Ese salto es la fe y significa reconocer que no lo sabemos todo.

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