Los retiros de impacto, en cuarentena

Encuentro Emaús en la parroquia de san Ginés en Lanzarote

Viernes por la tarde. Una casa de espiritualidad cualquiera. Metes en una bolsa todos tus enseres. Incluido el móvil y el reloj. Para evitar cualquier distracción digital y comunicación con el exterior. Pero también para perder la noción del tiempo. Así arranca el retiro Emaús, el método de impacto que desembarcó en una parroquia en 2009 procedente de América, donde se acunó en la Arquidiócesis de Miami a finales de los 70. En poco más de una década se ha expandido por la práctica totalidad de nuestro país.



Son pocas las parroquias en la que no hay cartel alguno convocando una tanda bien de esta iniciativa para adultos, o de su variantes para jóvenes –Effetá– o para adolescentes –Bartimeo–. Incluso se han creado sucedáneos para sacerdotes. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas han pasado por estos fines de semana de conversión, pero sí de sus aparentes frutos, en tanto que parecen ser uno de los motivos del repunte en los bautismos y las confirmaciones en la madurez, pero también de ese aumento de la presencia pública de nuevas generaciones de católicos.

A priori, más allá de que algún obispado como Sevilla cuente con un coordinador, no hay constancia alguna de estructuras oficiales diocesanas o parroquiales ni un itinerario público de estas franquicias que se mueven en un limbo eclesial. La prohibición a sus participantes de contar lo que sucede en aras de la confidencialidad con el fin de mantener el factor sorpresa y proteger la intimidad en esas cerca de 48 horas de aislamiento, se traduce en falta de transparencia en sus prácticas, dinámicas, funcionamiento cotidiano e itinerarios pastorales posteriores.

Así lo expresan diferentes fuentes eclesiales y participantes consultados por ‘Vida Nueva’, que no se atreven a dar un paso al frente para denunciar con nombres y apellidos lo que sucede dentro de Emaús, a pesar del paso dado por la Conferencia Episcopal Española el pasado 3 de marzo a través de la nota ‘Cor ad cor loquitur’ (El corazón habla al corazón), en la que se alerta del “reduccionismo ‘emotivista’ de la fe” que lleva a muchas personas a convertirse en consumidores de experiencias de impacto y buscadores insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual”.

Aprobada por la Comisión Permanente y elaborada por la Comisión para la Doctrina de la Fe, no da nombre alguno ni cita explícitamente a Emaús, pero las advertencias que lanza sobre determinadas prácticas permite identificar a determinados fenómenos emergentes que están repoblando parroquias y movimientos, que, a la vista está, preocupan a los obispos españoles en demasía.  “Existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un ‘bombardeo emocional’, lo que podría considerarse una forma de ‘abuso espiritual’”, se lee en el documento, que llega a detectar en estos espacios “la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas”.

“Presión de grupo”

La alerta de la nota no se queda ahí, sino que resalta cómo los cristianos que se suman a estas prácticas pueden entrar en una esfera “fácilmente manipulable”. En este sentido, exponen cómo la “presión emocional del grupo” puede llevar a que los católicos que forman parte “se vean obligados a ‘sentir’ lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia”. “Yo no lo habría descrito mejor”, expone una mujer que ha asistido recientemente a un retiro Emaús como ‘caminante’, esto es, las personas que se acercan por primera vez a esta aventura. “Es un bombardeo emocional permanente durante el fin de semana. Si vas con una cabeza y un corazón ordenados, es decir, si eres una católica de parroquia con tu vida más o menos estable, te chirría. Pero en cuanto arrastres un problema, sea de soledad, de duelo, de ruptura sentimental, de enfermedad, de crisis familiar o laboral, eres la candidata perfecta para que genere en ti un reinicio del sistema operativo de una manera brutal y te dejes llevar completamente”, asegura esta cristiana, que pudo constatar de primera mano “cuestionables conversiones de caída de caballo a lo san Pablo”.

Para lograrlo, juegan un papel determinante las dinámicas como “la metralla de testimonios al límite que te presentan, para que despierten en ti angustia, dolor, lágrimas…”. “Como en muchos de los casos, saben perfectamente cuál es el perfil de la gente que va y quién comparte su relato, con una exhibición absoluta de sus miserias, sabe que te va a llegar de inmediato y te va a ablandar el corazón”, relata esta participante, que subraya cómo esta sensibilidad a flor de piel se ve aderezada de abrazos colectivos para generar un ambiente afectivo de familia. Ahí resultan especialmente influyentes los ‘servidores’, esto es, los organizadores y acompañantes, que buscan reforzar lo escuchado lo mismo en corrillos informales que en los pasillos.

Retiro Ciudad Real

A estas sesiones donde se comparte un trance salvífico, se suma el sábado una catequesis sobre los sacramentos, momentos para compartir y otro tipo de dinámicas donde se busca “bajar hasta el abismo y subir al cielo como si se tratara de una montaña rusa para que tu corazón tenga un bombeo descontrolado”. “Me pusieron con los ojos vendados frente a la pared, después de venir justo antes de un momento de baile y júbilo con la canción Madre tierra de Chayanne. Es el momento crítico, porque ahí te hacen caer en la cuenta de lo mala persona que has sido. Te comparas con las historias extremas que has escuchado y te sientes peor todavía por no valorar lo que eres y tienes”, detalla esta mujer. Es ahí, siempre según su narración, cuando te entregan unas cartas que tus familiares y amigos han escrito para ti. “Ahí es cuando te rompes completamente y, justo después te llevan a una sala para confesarte. En mi caso, me dijeron que era voluntario, pero me consta que en otras tandas te lanzan sin más. El paso siguiente es ir a misa, donde todo el mundo comulga, fruto de esa ‘sanación’ que percibes”, añade.

Otros elementos imprescindibles de Emaús es la exposición permanente del Santísimo en la casa de retiros y la canción ‘Hay ángeles volando en este lugar’…, un tarareo que incluye versos como “cuando los ángeles pasan, la Iglesia se alegra, Ella canta, ella llora, ella ríe y congrega, enfrenta al infierno y se disipa el mal”. La participante también apunta a esta revista cómo el domingo, al desayunar, te encuentras sobre “un mantelito con un dibujo de un niño que ‘providencialmente’ está vinculado a esa herida con la que tú llegabas al retiro”. “A estas alturas, estás tan sensible que evidentemente lo identificas con esos ángeles a los que has cantado y que ves más cerca que nunca”, determina.

“Aquella tarde en Effetá no se me borra”, expone un joven que comparte cómo afrontó la escena de verse vendado. “Me ataron las manos y comencé a escuchar comentarios en voz alta sobre mis debilidades, se notaba que habían investigado sobre mí, porque directamente me recordaban que no contestaba a los mensajes de móvil de mis amigos, hicieron alusión a cosa de mi carácter… Me sentí expuesto y desnudo completamente”, detalla, a la vez que niega que se sintiera aliviado o acogido cuando “aparentemente te liberaban de tu pecado y de tu opresión al dejarte volver a ver, darte la bienvenida a tu nueva vida y ofrecerte el abrazo de Dios, que te cura y se muestra misericordioso con tu pobreza”. “No vi ni medio normal que me llevaran arrodillado a la capilla y me situaran frente al Santísimo. A mi lado otros flipaban de felicidad, yo me vi envuelto en algo que no era de Iglesia”, remarca.

Conversiones drásticas

Con estas coordenadas, el delegado episcopal de Catequesis de la Archidiócesis de Madrid, Manuel María Bru, aplaude la nota doctrinal de la Conferencia Episcopal Española porque considera que falta “una palabra magisterial y clarificadora” ante una cuestión que había suscitado “mucho debate”. “No niega la importancia de la dimensión emocional y la enmarca en el contexto cultural, pero ahonda en sus luces y sombras, deteniéndose en esos nuevos métodos”, sostiene el sacerdote. Este especialista en promover itinerarios de iniciación cristiana de muy diferente signo percibe en esta tendencia actual “procesos de asimilación más racional que permitan configurar una vida cristiana cotidiana, frente a la tentación de centrarse únicamente en lo inmediato, en conversiones drásticas de la noche a la mañana”.

Cuando se menciona explícitamente a Emaús, Bru constata cómo es algo más que una realidad creciente en la capital de España. Desde su conocimiento de primera mano, le suscitan varios interrogantes. “Esta emotividad de la que habla la Conferencia Episcopal en la nota, la veo en este método concreto como una exaltación de la vivencia, ni siquiera lo llamaría experiencia, porque estrictamente lo que entendemos como experiencia cristiana es la vivencia personal y comunitaria contrastada con la Palabra de Dios, leída desde la Palabra de Dios; cuando en estas realidades prima lo testimonial, lo sensitivo, lo sentimental del momento y me faltaría ese confrontarse con serenidad con el Evangelio”. Por ello, también en esos matices terminológicos, evita hablar de “retiros de primer anuncio”: “Lo que hay es un primer impacto, pero no siempre se anuncia en ellos el Evangelio como tal, sino que se da una primera sacudida afectiva”.

Ligada a esta preocupación, el delegado de Catequesis madrileño llama la atención sobre la necesidad de “evangelizar en libertad”. “La libertad del evangelizado en todo el proceso es fundamental  y se ha de garantizar que no hay ningún tipo de coerción. La persuasión, en sí misma, en estado puro, no está mal, pero cuando se empieza a rozar la persuasión coercitiva podemos adentrarnos en esa horrible senda de la manipulación de la conciencia que podría darse en procesos posteriores de dirección espiritual”, advierte. Lo cierto es que hay quien cuestiona cómo, dentro del fin de semana de Emaús, se incluye un tiempo para el sacramento de la reconciliación al que el participante llegaría tras un instante de jaqueo emocional que cuestionaría su capacidad para decidir con la suficiente libertad si quiere recibirlo. “Yo decidí que no confesaba a ninguno de los que vinieron a mí ese fin de semana, simplemente hablé con ellos porque veía que llegaban directamente en shock de una zona de oscuridad a un espacio de luz, sin haber hecho el correspondiente examen de conciencia y sin haber decidido libremente lo que iban a hacer”, relata a Vida Nueva un sacerdote al que le pidieron participar como confesor en un retiro.

Emaus Parroquia San Roman Martir

“Estos subidones pueden traer y ya están trayendo consigo rebotes, con una decepción todavía mayor, acrecentando las heridas que esa persona ya traía en su mochila. No sé si somos conscientes de la responsabilidad que esto conlleva”, remarca Bru sobre futuras ‘hojas de reclamaciones’. Dentro de esta terminología, también tumba el vocablo “discipulado” que suelen utilizar estos métodos para ministerializarse. “El discipulado no se puede alcanzar sin un proceso de iniciación cristiana. Generan un movimiento circular donde uno entra en la dinámica de unos grupos, para asistir a más retiros como participante o desde la figura del llamado ‘servidor’, no se dan procesos de acompañamiento serios, en tanto que no hay un itinerario que esté elaborado, desarrollado, público, supervisado…  Puede haber procesos sin impacto, pero no tienen sentido los impactos si no hay un proceso después”, destaca. De la misma manera, explicita que “el Directorio General de Catequesis establece claramente las etapas constitutivas, aunque se entremezclen y haya una frontera difusa en lo cotidiano entre el primer anuncio y la iniciación, pero sí subraya la necesidad de un proceso de maduración tranquilo, sosegado y verdaderamente vinculante de la persona en su libertad”.

Otro de los aspectos relevantes que aprecia que se encuentra en un limbo es el hecho de que, una vez realizado el retiro, la persona “es llamada a entrar en una especie de organización no organizada, sin estatuto canónico alguno”.

Falso misticismo

“Me preocupa que se pueda trasladar a quien participa de estos métodos que todo su crecimiento espiritual solo tiene sentido desde el hoy hacia el futuro y que el hecho de mirar hacia atrás sea solo para contemplar un pasado negativo y profano, de la misma manera que se contagie la percepción de que el mundo que está fuera de nuestra burbuja religiosa es negativo y malo”. “Falta una mirada amable al mundo, una mirada transformadora del mundo desde el diálogo, no desde la confrontación ni del proselitismo, como insistía Benedicto XVI”.

Otro de los asuntos que plantea el sacerdote madrileño es cómo ese emotivismo de los retiros pudiera estar generando “un turismo espiritivo”: “El que recibe un primer impacto en Emaús y tiene el correspondiente subidón espiritual, necesita repetir una experiencia similar que le haga sentir algo más, algo espectacular, sentirse un privilegiado porque Dios te ha mandado una señal palpable. Y es ahí donde algunas personas se acaban enganchando a otro tipo de iniciativas vinculadas a ese ‘falso misticismo’ del que alerta la nota doctrinal”. Es ahí donde entrarían, por ejemplo, los llamados Seminarios de Vida en el Espíritu o los Descansos en el Espíritu, que son desmayos repentinos que hay quien dice padecer durante una vigilia como expresión física de la acción de Dios en ese instante concreto.

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