HAM: del éxtasis emocional al abuso

Encuentro HAM

Emaús, Effetá… Eran y son la puerta de entrada que utilizaban y utilizan las Hijas del Amor Misericordioso (HAM), los Hijos del Amor Misericordioso y los laicos vinculados para lograr nuevos fieles a su causa. Así lo exponen abiertamente las víctimas de esta asociación pública de fieles fundada en 1983 por el jesuita fallecido Antonio Mansilla y que el pasado julio fue intervenida por el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, por presuntos abusos de poder, conciencia y sexuales. El purpurado tomaba esta decisión tras encargar un informe lapidario al Tribunal de la Rota que recomendaba su disolución ante la gravedad de los datos recabados y el expediente elaborado por dos visitadoras, que recomendaban un tiempo de tutela y acompañamiento para intentar ‘salvar’ a las más de cien jóvenes consagradas que forman parte del grupo, que se suman a la treintena de seminaristas y sacerdotes de la rama masculina y más de trescientos laicos. Desde las HAM niegan la mayor sobre estas acusaciones.



“Los retiros son la principal arma para desnudar emocionalmente a las personas, sean jóvenes y adultas, y comenzar la sutil y efectiva captación”, expone una de las madres que tiene a su hija en las HAM y fue captada como adulta. “Una vez que has mostrado tus heridas, te las sobredimensionan. Y si no las tienes, te las crean para presentarse como los ‘sanadores’, tus ‘salvadores”, comenta otra de la decena de víctimas con las que ha hablado ‘Vida Nueva’ y que subraya el perfil “mesiánico” de la superiora general, María Milagrosa Pérez, conocida como Marimí.

El ‘modus operandi’ pasa por iniciar un proceso de dirección espiritual por parte de un hermano o hermana al que abrirse en canal. “Se establece así una estructura vertical que te pide secreto y discreción absoluta. Sin embargo, toda tu intimidad queda expuesta de tu directora para arriba, con el control directo de Marimí”, revela una de las fuentes consultadas. “A partir de ahí, el control de la conciencia y de tu voluntad desde tus debilidades es sencillo. A quien te ha salvado, le debes obediencia porque te volverá a salvar otra vez y, sobre todo, conoce e interpreta la voluntad de Dios para tu vida”, añade.

Marimí, superiora de las HAM, durante una celebración del grupo

Marimí, superiora de las HAM, durante una celebración del grupo

Ahí la subordinación ciega juega un papel fundamental, ya sea para un laico o un consagrado. Así lo explicaba la propia Marimí en una charla coloquio que impartió en el otoño de 2024 y a la que ha tenido acceso ‘Vida Nueva’. “¿Qué pasa en la dirección espiritual o incluso en el acompañamiento espiritual cuando el director o la directora espiritual te dice algo y tú no quieres o no ves?”, se pregunta durante la alocución. Ella misma ofrece la solución: “Pueden pasar varias cosas: que tú sientas que te están forzando a la voluntad de Dios, o puede pasar que te pongas en contra, que el demonio utilice eso y te pongas en contra de la hermana o el hermano, el instrumento que el Señor está utilizando para decirte eso”.

La superiora defenestrada va más allá: “Cuidado, porque el demonio, el enemigo, el que nos odia, te va a hacer sentir como un abuso, una manipulación de la conciencia cuando el director, el acompañante, te está diciendo algo que cree que viene de Dios”. “Si lo que queréis es que la hermana, el hermano te dé la razón –expresa de forma coloquial–, para eso puedes hablar con el señor del autobús. Si quieres que te den la razón, habla con el de la gasolinera, que además te va a dar la razón porque, encima, quiere que seas cliente suyo”.

Control y aislamiento

Este férreo control mental y espiritual está aderezado por una ‘teología del infierno, del pecado y la condena’ con el demonio como amenaza constante. Las víctimas resumen el proceder con esta expresión: “O estás con Marimí, o estás contra Dios”. El siguiente paso es el aislamiento del entorno: “Se presentan como tu auténtica familia, aislándote de los tuyos, haciéndote ver que eres una de las elegidas y que tus padres están perdidos”. Otra víctima va más allá: “Sé de una joven a la que le dijeron que habían visionado que su angustia era fruto de unos supuestos abusos sexuales inventados que habría sufrido de su padre en la infancia, pero que no los recordaba”.

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