El 9 de marzo, Pierre el Rahi se convirtió en el primer sacerdote asesinado en la actual escalada de la violencia en Oriente Medio. Con epicentro en Irán, pero también en el sufriente Líbano, donde ya se registran más de 700.000 desplazados y casi 600 muertos. Entre ellos, el párroco de la comunidad católico maronita de San Jorge, en Kleya, al sur del país.
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Pese a que Israel había llamado a la población de las aldeas fronterizas, en su mayoría cristianas, a que evacuaran la región, la Iglesia animó a sus fieles a permanecer. Un afán al que El Rahi se entregaba con pasión, como se ve en un vídeo viralizado estas horas en el que llamaba a los suyos a no huir: “Los cristianos no llevamos armas, sino nada más que bondad, amabilidad, amor y oración. Estoy dispuesto a morir en mi casa, porque este es nuestro hogar”.
Simbólicamente, ese fue su destino, como relató a Vatican News el franciscano Toufic Bou Merhi, párroco de los latinos en el sur del Líbano: “Hubo un primer ataque que alcanzó una casa cerca de su parroquia, hiriendo a uno de los feligreses”. Entonces, “el padre Pierre corrió con decenas de jóvenes a ayudarle”. Desgraciadamente, fue ahí “cuando se produjo otro ataque, con un segundo bombardeo sobre la misma casa”. Tras ser trasladado a un hospital local, el párroco falleció “casi en la puerta”.
En un ataúd blanco
Dos días después, sus fieles de San Jorge, en Kleya, le han despedido en una emotiva ceremonia. Ante una gran imagen suya colgada sobre la puerta del templo, una multitud emocionada ha trasladado su ataúd blanco y lo ha depositado en el altar, donde había varios de sus compañeros sacerdotes (así como el arzobispo de Tiro o el nuncio) para acompañarle en este tránsito final. Teniendo en cuenta que, en el censo que Cáritas realizó en 2024 se señalaba que había 1.200 habitantes en el municipio, se puede dar por hecho que hoy estaban todos… O, al menos, los que aún permanecen en medio de tantas pruebas. También hay que señalar que había fieles de distintas confesiones cristianas, estando ante un pueblo unido.
Precisamente, hoy, en la audiencia general, el papa León XIV, quien ya le dedicó un mensaje el día de su asesinato, le ha recordado, destacando que “el padre Pierre ha sido un verdadero pastor que se quedó al lado de su pueblo con amor y sacrificio. Con ese amor de Jesús Buen Pastor, apenas escuchó que algunos fieles habían resultado heridos por un bombardeo, sin dudarlo, corrió en su ayuda. Quiera el Señor que su sangre derramada sea semilla de paz para el amado pueblo del Líbano”.
El más alto mandato evangélico
En estas horas también se ha difundido un mensaje de la red internacional ‘Sacerdotes contra el genocidio’ en el que se abraza la memoria de quien fue “arrancado de su tierra y de su pueblo el 9 de marzo por un ataque del ejército israelí. Según testigos presenciales, el padre Pierre no murió por un trágico error, sino mientras ejercía el más alto mandato evangélico: el socorro al prójimo”.
Puesto que “no podemos callar” frente a males que se están dando estos días en Líbano o Palestina, como la “limpieza étnica” o la “impunidad criminal”, los pastores enfatizan que “no nos cansaremos de pedir justicia. Porque no puede haber paz sin verdad, ni reconciliación sin que quienes siembran la muerte rindan cuentas por la sangre derramada”.
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Fotos: Parroquia de San Jorge, en Kleya.