La Pontificia Academia para la Vida ha lanzado la iniciativa ‘Scientists for Peace’, un llamamiento global dirigido a científicos, investigadores y académicos de todo el mundo para que conviertan su trabajo en una herramienta activa de construcción de paz.
- ¿Todavía no sigues a Vida Nueva en INSTAGRAM?
- WHATSAPP: Sigue nuestro canal para recibir gratis la mejor información
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Promovida con el apoyo del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, la iniciativa nace en un momento marcado por la proliferación de conflictos armados y por un clima internacional en el que —según advierten sus impulsores— el lenguaje de la guerra amenaza incluso con condicionar el desarrollo de la investigación científica.
La iniciativa parte de una pregunta de fondo que interpela al mundo académico: “¿Puede la investigación científica, en sus métodos y en sus objetos de estudio, contribuir a la búsqueda de la paz?”. Para la institución vaticana, la respuesta no solo es afirmativa, sino urgente.
Según explica la nota de la Academia, la investigación científica —guiada por la búsqueda de la verdad— se apoya en “metodologías rigurosas” y se desarrolla gracias al intercambio constante de conocimientos y a la capacidad de cuestionarse continuamente. Incluso en medio de la competencia que caracteriza hoy al ámbito académico, existe un potencial de cooperación que puede ponerse al servicio del bien común.
De hecho, subraya el texto, el debate científico puede basarse en “una comunicación transparente de la información y en la superación de los intereses personales”, con el objetivo de “contribuir al patrimonio común del conocimiento, también más allá de las fronteras nacionales”.
Sin embargo, la iniciativa nace en un contexto global especialmente complejo. La Pontificia Academia para la Vida reconoce que el mundo atraviesa un momento en el que “el lenguaje de las armas y de la guerra y el desencadenamiento de la violencia asumen un trágico significado global”, una situación que termina afectando incluso a la propia investigación científica.
Por ello, el documento hace un llamamiento directo a la comunidad académica internacional. “Los científicos y los académicos de todo el mundo están llamados a posicionarse a favor de la paz y a comprometerse en la búsqueda de caminos de reconciliación y resolución de los conflictos”, señala la nota.
Diplomacia científica
El objetivo del proyecto es que la ciencia contribuya de forma decisiva a la construcción de una cultura de paz. Para ello, el llamamiento propone una serie de compromisos concretos para la comunidad científica.
Entre ellos, reconocer “la investigación científica como una práctica significativa de paz”, evaluar el impacto que los proyectos de investigación pueden tener en la construcción de una cultura de paz y fomentar el espíritu de fraternidad que caracteriza al trabajo científico internacional.
También se anima a reforzar las redes de cooperación entre investigadores de diferentes países y culturas, impulsando proyectos que se conviertan en espacios de auténtica “diplomacia científica”.
Vigilar los riesgos
El documento plantea además la necesidad de vigilar los riesgos asociados al uso de los resultados científicos, especialmente en aquellos casos en los que descubrimientos concebidos con fines civiles podrían terminar siendo utilizados en ámbitos militares.
Al mismo tiempo, se propone poner los descubrimientos científicos al servicio de la paz, contribuyendo al debate público sobre el desarrollo y el uso de las armas y promoviendo investigaciones orientadas a eliminar las causas de los conflictos.
La iniciativa se inspira en el mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz de 2026, donde el Pontífice recordaba que “la paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence”.

