León XIV pide a la Iglesia, en este 8-M, no condenar a ninguna samaritana como a la que acogió Jesús en el Evangelio

El Papa visita la parroquia romana de Santa María de la Presentación en este tercer domingo de Cuaresma

León XIV visita la parroquia de Santa María de la Presentación, en Roma

Tercer domingo de Cuaresma y tercera visita pastoral de León XIV a una parroquia romana. Esta tarde el Papa se ha desplazado a Santa María de la Presentación, donde ha sido recibido por el cardenal vicario de Roma, Baldassare Reina, y por el párroco, Paolo Stacchiotti. Allí se ha podido encontrar con niños, jóvenes y familias de catequesis, personas con discapacidad y enfermas, y con el consejo parroquial.



Tras el encuentro de una hora, el Pontífice ha celebrado la misa. En su homilía, ha recordado que, “en este camino cuaresmal, la cercanía de Dios y nuestra vida de fe están profundamente entrelazadas: al renovar la gracia del Bautismo en cada uno de nosotros, el Señor nos llama a la conversión, al mismo tiempo que purifica nuestros corazones con su amor y las obras de caridad que nos invita a realizar”. 

Según ha señalado, “la sed de vida y amor de la samaritana es nuestra sed: la de la Iglesia y de toda la humanidad, herida por el pecado, pero aún más íntimamente habitada por el deseo de Dios. Lo buscamos como el agua, aun sin darnos cuenta, cada vez que cuestionamos el sentido de los acontecimientos, cada vez que sentimos cuánto nos falta el bien que deseamos para nosotros y para quienes nos rodean”.

El Dios de las sorpresas

Para Robert Francis Prevost, “en esta búsqueda, encontramos a Jesús. Él ya está allí, junto al pozo, donde la samaritana lo encuentra solo. La mujer acude al pozo a esa hora inusual, quizás para evitar las miradas de las otras mujeres. Jesús lee en su corazón el motivo de esta marginación: sus matrimonios fallidos y su actual convivencia la hacen indigna de estar con las hijas, esposas y madres del pueblo”.

Sin embargo, “Jesús se sienta junto al pozo como si la esperara. Este encuentro sorprendente es una de las maneras en que, como solía repetir el papa Francisco, Cristo revela al Dios de las sorpresas: las más hermosas, las que transforman la vida, dondequiera que la encuentren y comoquiera que se presente ante el Señor”, ha añadido.

“Este hombre ama a la samaritana como nadie más -continúa-. Mientras ella buscaba su agua de cada día, Él quiso darle agua nueva y viva, capaz de saciar toda sed y calmar toda ansiedad, porque esta agua brota del corazón de Dios, la plenitud inagotable de todo anhelo”.

De la sed al manantial

Como ha reconocido, “todo se transforma en el encuentro con el Señor: la mujer sedienta se convierte en manantial, la marginada cobra confianza. La mujer llena de vergüenza ahora está llena de alegría; la que permaneció silenciosa en el pueblo se convierte en misionera para todos sus habitantes”.

“Nunca imaginó que, tan desorientada y derrotada por la vida, un día probaría agua fresca, un don puro de Dios, convirtiéndose a su vez en un regalo para los demás. ¿Cómo sucede esto? Al encontrar a Jesús, al conversar con él, la Palabra viva de Dios hecha hombre para nuestra salvación”, ha proseguido.

León XIV visita la parroquia de Santa María de la Presentación, en Roma

León XIV visita la parroquia de Santa María de la Presentación, en Roma

Según León XIV, “el relato evangélico describe con precisión el camino de crecimiento de la mujer, a medida que reconoce gradualmente las características fundamentales de la identidad de Jesús: hombre, profeta, Mesías y Salvador. Junto a Él y disfrutando de su compañía, la samaritana se convierte en una fuente de verdad”.

“El agua nueva del don de Dios ha comenzado a brotar en su corazón, e inmediatamente se siente impulsada a regresar corriendo a su pueblo, libre de vergüenza y deseosa de dar a conocer a su Libertador a todos, Jesús, quien hizo posible toda esa maravilla. Corre hacia la misma persona que una vez la condenó, incluso cuando Dios la ha perdonado, y habla, proclama y da testimonio”, ha aseverado.

Y es que “por el bautismo todos recibimos la gracia del agua nueva, que lava todo pecado y calma toda sed. Como la samaritana, hoy, en Cuaresma, se nos concede un tiempo para redescubrir el don de este sacramento, que, como una puerta, nos ha introducido en la fe y la vida cristiana”.

“Como Pastor bueno y atento, el Señor nos espera y nos acompaña siempre, dondequiera que vivamos y como seamos. Él, misericordiosamente, sana nuestras heridas y se convierte en un don para nosotros, permitiéndonos a su vez convertirnos en un don para nuestros hermanos”, ha subrayado.

Una Iglesia que “cuida de sus hijos”

Dirigiéndose a la comunidad parroquial, ha confesado que conoce los desafíos a los que se enfrentan:Abundan las preocupantes situaciones de marginación y pobreza material y moral. Incluso adolescentes y jóvenes corren el riesgo de crecer engañados por los traficantes de muerte o desilusionados con el futuro. Muchos esperan un hogar, un trabajo que les asegure una vida digna, entornos seguros donde puedan reunirse, jugar y planear algo hermoso juntos”.

Por eso, “como en el pozo del Evangelio, hombres y mujeres acuden a esta parroquia heridos de espíritu, ofendidos en su dignidad y sedientos de esperanza. Vuestra es la urgente y liberadora tarea de manifestar la cercanía de Jesús, su deseo de redimir nuestra existencia de los males que la amenazan, con una propuesta de vida justa, verdadera y plena”.

“Comenzando por la Eucaristía, corazón palpitante de toda comunidad cristiana, os animo a asegurar que las actividades parroquiales sean signo de una Iglesia que, como una madre, cuida de sus hijos, sin condenarlos, sino acogiéndolos, escuchándolos y apoyándolos ante el peligro”, ha concluido.

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