El arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, expresó su deseo de que “nuestras diócesis, comunidades e instituciones se conviertan cada vez más en espacios seguros, humanos y transparentes… que el Espíritu Santo nos conceda la lucidez para reconocer lo que debemos cambiar, la humildad para hacerlo y la valentía para sostenerlo en el tiempo”.
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En el marco del V Congreso Latinoamericano del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (Ceprome), efectuado del 3 al 5 de marzo en Costa Rica, Ulloa, quien también es el segundo vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM), se dirigió a los asistentes al evento: “Que nadie salga de este encuentro igual que como entró… Que María, madre que permanece junto a la cruz sin abandonar a sus hijos, nos enseñe a no apartarnos nunca del dolor humano, sino a transformarlo en camino de sanación y de vida nueva”.
Respecto al tema del congreso ‘Reparar el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura’, explicó que “cuando la confianza se quiebra, la fe puede volver a levantar la esperanza. El cuidado que acompaña nos llama a construir comunidades donde nadie sea invisible, donde la protección de los más vulnerables sea una prioridad real y permanente. Y la justicia que restaura nos recuerda que la verdad nunca debe ser temida por la Iglesia. La verdad, cuando es asumida con humildad, purifica, libera y abre caminos nuevos”.
“Que su dolor no sea ignorado jamás”
Para el arzobispo Ulloa, el “continente latinoamericano sabe lo que significan las heridas. Nuestra historia está marcada por luchas, injusticias y por esfuerzos constantes de reconciliación. Por eso este congreso tiene un significado que supera incluso nuestras propias instituciones. Se trata de contribuir a una nueva cultura del cuidado. Una Iglesia que protege… que escucha… y que no tienen miedo de la verdad“.
Ulloa también agradeció al Ceprome por “haber ayudado a despertar una conciencia en la Iglesia latinoamericana. Gracias por impulsar este camino que nos invita a comprender que el cuidado y la protección de las personas no son un tema secundario, sino una dimensión esencial de nuestra fidelidad al Evangelio… Porque reparar el daño no es una estrategia institucional… es una exigencia moral… una expresión concreta del Evangelio”.
Se dirigió “a quienes han sufrido, queremos decirles con claridad: la Iglesia quiere aprender a escuchar mejor. Quiere caminar con ustedes. Quiere que su dolor no sea ignorado jamás“.