José Ángel López: “La opinión pública internacional está hoy anestesiada ante la barbarie”

José Ángel López Jiménez, profesor de ICADE

Es “un libro para comprender los distintos tipos de crímenes internacionales y por qué la impunidad no se debe a la falta de arquitectura normativa y judicial, sino a intereses geopolíticos”. Así ha definido Josep Borrell ‘La era de los genocidios’ (Ed. Almuzara), obra de José Ángel López Jiménez. El autor, profesor de ICADE experto en Relaciones Internaciones, distingue, con precisión, entre genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y el crimen de agresión, explicando sus características, su impacto y su lugar dentro del Derecho Internacional. Desde el Holocausto y la persecución del pueblo armenio hasta casos más recientes, como Ruanda, Srebrenica, Darfur, los rohinyás, el pueblo yazidí, Ucrania y Palestina, en sus páginas combina el relato histórico con la evolución normativa y judicial instaurada por la comunidad internacional para comprender las raíces y consecuencias de estos crímenes, así como los mecanismos para sancionarlos. Un libro muy necesario en tiempos de demasiada confusión.



PREGUNTA.- Sostiene en su libro que hoy se abusa del término “genocidio” ¿Quién lo ha vaciado más de contenido: los políticos, los medios, la opinión pública…?

RESPUESTA.- Es un fenómeno multicausal, porque hay trasvases entre los tres. El componente ideológico a la hora de calificar como genocidio cualquier masacre es muy claro. En un contexto de polarización extrema (internacional y doméstica), el uso de esta categoría jurídico-internacional es claramente abusivo y, por lo tanto, erróneo. Si se tiende a enmarcar como genocidio cualquier otro crimen internacional (de guerra, de lesa humanidad o de agresión) es porque se considera que estamos ante una tragedia humana superior, lo que, en mi opinión, es un error. Son todos de extrema gravedad con matices diferenciadores, como la intencionalidad y el diseño previo a su ejecución en el caso del genocidio. Los medios de comunicación incurren en un doble problema: el desconocimiento del tema y/o la defensa de los intereses político-ideológicos de cada empresa mediática. La opinión pública es el eslabón más débil de toda la cadena: poco interesada y muy influida por los dos primeros (clase política y medios).

Cuatro rasgos, un patrón común

P.- Tras recorrer más de un siglo de exterminios, ¿qué patrón común se repite cada vez que la comunidad internacional decide mirar hacia otro lado?

R.- Primero, la culpabilización “del otro”, al que se le atribuye el origen de todos los problemas. Un segundo elemento va ligado a intereses económicos y territoriales, por lo que van acompañados de diásporas y crisis humanitarias que se pueden enquistar en el tiempo, como en Darfur (Sudán) desde hace más de dos décadas. Una tercera característica es la inacción de la comunidad internacional, como viene ocurriendo desde hace más de dos últimos en la Franja de Gaza. La prevalencia de los intereses geopolíticos de las grandes potencias, que además están fuera de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI), contribuye a esa falta de respuesta. Un último rasgo tiene que ver con la dificultad para sustanciar la responsabilidad internacional de Estados e individuos por la comisión de crímenes internacionales.

La Era De Los Genocidios

P.- ¿Por qué algunos genocidios (el Holocausto, Ruanda…) se reconocen con claridad y otros son objeto de disputa política y semántica?

R.- La Alemania nazi perpetró un genocidio de manual, que sirvió a Lemkin para acuñar el concepto de genocidio y sus manifestaciones. Aunque no se aplicó en los tribunales de Núremberg, se plasmó en la Convención para la Prevención y Sanción del Genocidio de 1948 y en el Estatuto de Roma de 1998 que regula la CPI. El régimen de Hitler diseñó un conjunto de instituciones genocidas para eliminar a la población judía; la intencionalidad era indiscutible. Algo similar, aunque no idéntico, se cometió en Ruanda contra la población tutsi. En la antigua Yugoslavia, por ejemplo, en la masacre de Srebrenica, la CPI sentenció a cadena perpetua a Ratko Mladic y Slobodan Milosevic por la comisión de genocidio. Sin embargo, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) –que juzga la responsabilidad de los Estados– consideró que las operaciones de limpieza étnica que Serbia y Bosnia realizaron contra sus respectivas poblaciones constituyeron crímenes de lesa humanidad, pero no genocidio, al no apreciar tal intencionalidad en las agresiones a la población civil.

Geopolítica internacional

P.- ¿El Derecho Internacional es igual para todos o depende del peso geopolítico de cada Estado?

R.- El ordenamiento jurídico internacional ofrece peculiaridades, como el principio de libre consentimiento a las normas, lo que permite a las grandes potencias autoexcluirse de las jurisdicciones internacionales (CPI o CIJ). Además, el derecho de veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas les permite bloquear resoluciones contrarias a sus intereses o a los de sus aliados, como sucede con Rusia en su agresión a Ucrania. También cualquier intento de reforma del sistema de la ONU, lo que provoca un permanente bloqueo de su operatividad. Claramente, todos los Estados no son igualmente soberanos en virtud de su peso político, militar y económico.

P.- ¿Estamos asistiendo hoy a una banalización del mal, como ya advertía Hannah Arendt hace más de 60 años, ante tanta violencia y tan generalizada?

R.- La opinión pública internacional está hoy anestesiada. Vemos en directo la barbarie en más de medio centenar de conflictos en curso y, en general, permanecemos ajenos. Es una obligación moral que todos, en nuestras respectivas esferas de influencia, no nos quedemos tal cual. La inacción es deshumanización y –como señalaba Simone Weil– el verdadero compromiso pasa por enfrentarse al mal, que es ilimitado, pero no infinito.

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